A escasos días del 1 de octubre, todo parece indicar que la traición de Rafael Acosta Juanito se cristalizará. Las principales consecuencias las pagarán los habitantes pobres de Iztapalapa. Si Juanito no da marcha atrás y se mantiene sin respetar el acuerdo signado con López Obrador (AMLO) un par de semanas antes de las elecciones del 5 de julio en el sentido de que de que tras ser investido al frente del gobierno delegacional, inmediatamente renunciaría al cargo para cedérselo a la perredista Clara Brugada, estaría traicionando la  confianza de las miles de personas que votaron por él como candidato del PT.

La danza de los millones

Con 3 mil millones de pesos anuales, Iztapalapa es la delegación política del DF con el mayor presupuesto público. Esta razón por sí misma parecería más que suficiente para explicar la traición de Juanito. Dado lo jugoso del botín, Rafael Acosta optó por no ceder la titularidad del gobierno delegacional y en cambio ofrecerle a Clara Brugada la Dirección General Jurídica y de Gobierno de Iztapalapa, además del 50% de los cargos del gabinete. Esta oferta fue rechazada sistemáticamente por Brugada, situación que, cuando menos hasta el momento, ha terminado por hacer desistir al delegado electo en su intención de llegar a un acuerdo con la perredista.

Juanito no está dispuesto a renunciar a los fabulosos privilegios que otorgan el poder político y la vida a expensa del gasto público.

La mano de los Chuchos y del PAN

Tras el cambio de actitud de Juanito poco a poco fueros saliendo a la luz pública las relaciones que el excandidato del PT estableció con el panismo capitalino; de hecho fue el propio Acosta quien en entrevista radiofónica el 7 de septiembre reconoció que se había reunido un fin de semana anterior con la presidenta del PAN-DF, Mariana Gómez del Campo, en un restaurante de Polanco. Incluso nuestro personaje aceptó que no descartaba la posibilidad de ingresar al PAN, “mientras sea a favor de la gente de Iztapalapa”, tal como lo dijo.

Pero la historia ahí no termina: ya unos días antes, el 29 de agosto, Juanito asistió como invitado especial al informe de labores del diputado local Daniel Salazar. En dicho acto este último hizo público el apoyo de Nueva izquierda (NI) a Rafael Acosta y sus intenciones de no renunciar a la jefatura delegacional. Salazar es cercano a Silvia Oliva, excandidata del PRD para Iztapalapa, y también es el colaborador mas estrecho de René Arce, alto dirigente de NI.

Paralelo a todo ello, las relaciones del delegado electo se extendieron hasta el aún delegado en funciones por dicha demarcación, el perredista de la corriente NI, Longino García Ríos. De hecho ya se comenta fuerte que tanto Salazar como Longino García ocuparan cargos en la futura administración de Juanito.  Sin embargo, independientemente de que este último vaticino se cumpla o no, lo que es un hecho, de no presentarse un giro total en la situación, es que la maniobras de nueva izquierda le permitirán quedar bajo el control de importantes posiciones políticas en Iztapalapa. Incluso para nada debe descartarse la idea que además el PAN se vea favorecido con cargos en este gobierno.

Pero hay más de fondo

Desde luego que detrás de la traición de Juanito está la avaricia por el dinero y las aspiraciones de NI por mantener de alguna manera u otra sus posiciones políticas y privilegios en Iztapalapa. Pero las cosas van aún más lejos que esto: el triunfo de Brugada por medio de la candidatura de Juanito en las elecciones del 5 de julio no puede ser interpretada mas que como una victoria aplastante por parte del movimiento de masas dirigido por AMLO sobre las maniobras del Calderón y del tribunal electoral interviniendo a favor de NI y en la vida interna del PRD. Desde la lógica del Régimen era necesario descarrillar a toda costa el proceso abierto en Iztapalapa tras los resultados de las elecciones del 5 de julio por el mal ejemplo que ello podría implicar para las masas empobrecidas de todo el país. La culminación de este proceso con Brugada finalmente al frente del gobierno delegacional ratificaría y fortalecería el ambiente entre las masas en el sentido de que acciones decidas y sin titubeos pueden frenar de golpe las políticas antipopulares del gobierno.

Y por su trascendencia e implicaciones políticas, lo anterior no lo podían permitir Calderón ni la burguesía, los cuales pusieron al servicio de su causa a sus agentes del PAN, del PRI, de NI y todos los medios informativos mas importantes, tanto impresos como electrónicos, para asegurar la traición de Juanito y golpear de este modo al movimiento.

Es necesario movilizarse

Si bien el apoyo de Chuchos y panistas ha sido vital para que Juanito haya llegado hasta este punto, es necesario señalar que en última instancia lo que definirá el resultado final de esta historia es si se hace un llamado firme o no para movilizarse. De tras de Rafael Acosta hay intereses muy fuertes que incumben incluso al propi Calderón, es por ello que declaraciones exigiendo su renuncia apelando a la voluntad del delgado electo son verdaderamente insuficientes; tampoco movilizaciones tibias podrán tener un efecto. Siendo esto así, AMLO tiene que tomar la iniciativa y convocar a paralizar totalmente a Iztapalapa. Juanito y su gobierno no resistirían una acción de esta envergadura. La movilización incluso resulta necesaria si es que antes del 1 de octubre formalmente Juanito acepta cumplir su palabra, pues una vez instalado en el poder, dados los fuertes intereses que se mueven en torno a él, tampoco habría ninguna garantía de que no traicionara.

Juanito debe ser obligado a cumplir con su palabra y si no lo hace, debe ser derrocado pues el problema no solo es el de su traición, sino que además su gobierno representará el que NI retome el control de Iztapalapa en un cogobierno con el PAN.  No tenemos otro camino, las masas tenemos que echar del gobierno de Iztapalapa a Juanito  y tenemos que ponernos a trabajar para ello tras el primer minuto de su toma de posesión el próximo 1 de octubre.

La traición de Juanito era de esperar. Los trabajadores y militantes perredistas no podemos confiar en maniobras electorales sino que tenemos que emprender una lucha decisiva para retomar el control de nuestro partido, el PRD, y expulsar de él a todos los elementos corruptos y derechistas que se aliaron con Calderón y el IFE para impedir que la voluntad de los militantes se impusiera.


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