México por tradición y casi por identidad cultural es una sociedad profundamente machista, así es como el resto del mundo ve al macho mexicano y su mujer sumisa. Una cultura tan machistamente marcada que las instituciones del gobierno no quedan fuera de este esquema. Las recientes protestas contra la violencia machista fueron detonadas precisamente por denuncias de dos adolescentes por violación a manos de policías. #NoMeCuidanMeViolan fue la consigna con la que se identificaron las mujeres.

Recordamos los casos de mujeres violadas durante la represión al pueblo de Atenco al defender su territorio y sus recursos, 72 mujeres fueron violentadas sexualmente (33 violadas) y 92 recibieron además agresiones físicas como parte de un proceso de represión y tortura.

Pero policías y militares no son los únicos que practican la violencia de género en la impunidad, esa cultura machista es promovida por la actitud omisa en todos los niveles del gobierno ante las denuncias de violencia psicológica, económica, patrimonial, doméstica, intrafamiliar, sexual y feminicida que se normaliza todos los días contra las mujeres, porque no hay castigos ejemplares ni voluntad del gobierno por cambiar esa cultura de roles de género que nos encasilla en estereotipos.

Ante gritos de exigencia de acceso a la justicia y cese a la violencia de género Claudia Sheinbaum se reunió con diversos grupos de mujeres de asociación civil en un primer encuentro y con grupos de feministas anónimas en una segunda reunión con quienes se comprometió firmemente a trabajar para erradicar la violencia de género, como cuando pasamos las cuentas del rosario, por mera cuestión de fé, el gobierno no dice cuáles son sus mecanismos para transformar la situación de violencia que cobra la vida de 10 de nosotras cada día, ni cómo se medirá la efectividad.

Sabemos que más allá de la cuestión de género por la que somos violentadas, la solución de fondo no es de género, ya que no por el hecho de que tengamos una jefa de gobierno en la CDMX tendremos políticas feministas revolucionarias con las que se implementen acciones efectivas para erradicar la violencia de género y esta sea una ciudad santuario para las mujeres. En meses pasados Claudia aceptó que hay una situación de violencia grave y después de las movilizaciones feministas aceptó que hacen falta políticas públicas que ayuden a las mujeres a sentirnos más seguras, eso no es ningún secreto, de hecho, por eso seguiremos manifestándonos.

Aún en la 4T sigue la inercia de una “clase política” que se niega a escuchar a la base como si tuvieran que construir esas políticas públicas a partir de lo abstracto. Por lo menos desde que se visibilizaron los casos de las “muertas de Juárez” han sido años de lucha por nuestros derechos humanos más básicos, como el derecho a la vida y a una muerte digna, no en el terror del feminicidio.

Las exigencias al gobierno de la CDMX gritadas en las calles en días pasados no son recientes, mucho menos una provocación, sino una deuda del gobierno de la 4T con el movimiento feminista de las mujeres trabajadores que dimos un voto de confianza el 1ro de julio de 2018.

Desde Libres y Combativas seguimos insistiendo, no es una lucha de género, es una lucha de clases, si el gobierno es incapaz si quiera de implementar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV) es porque además de ver todas las denuncias con perspectiva de género y deconstruir la cultura machista debe ver toda la situación de violencia con perspectiva de clase, y el gobierno de la 4T como Estado al servicio de la burguesía parasitaria nacional no va a romper con las relaciones de poder que se reproducen desde las altas esferas del capital con la explotación del humano por el humano (como especie), así la explotación de la mujer por hombre. Como Engels decía, en un núcleo familiar las mujeres somos el proletariado y el hombre el burgués quien nos explota.

            Desde Libres y Combativas seguiremos luchando por:

  • Depuración de autoridades encargadas de impartir justicia, cuerpos policiacos y militares. Y su eventual desaparición y sustitución por el pueblo organizado.
  • Formación efectiva de fiscalías especializadas con perspectiva de género, dotadas de todo el personal e insumos necesarios.
  • Refugios suficientes, seguros y bien equipados para mujeres sobrevivientes de violencia de género que lo requieran.
  • Castigo ejemplar a violadores, pederastas y tratantes de blancas como un mensaje a los agresores de que nuestras vidas importan y que no les pertenecen.
  • No más igualdad jurídica entre hombres y mujeres, exigimos condiciones de equidad y justicia en los hechos, ya que las leyes sólo son para quienes pueden pagarlas.
  • Disminución de la brecha salarial entre hombres y mujeres.
  • No más políticas asistencialistas que limitan la participación democrática de hombres y mujeres. Queremos salarios y prestaciones dignas, así como jornada de ocho horas.
  • Los “apoyos” a mujeres trabajadoras deben traducirse en guarderías seguras y dignas para [email protected] [email protected] de [email protected] trabajadores, comedores públicos y/o centros de trabajo con comedores subsidiados, lavanderías públicas y demás servicios que permitan a las mujeres liberarse de los roles de género.

Por una vida libre de violencia nos unimos, nos organizamos y luchamos


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