A 51 años del inicio formal de la Operación Cóndor, el engranaje de terror diseñado y comandado por Washington que instaló dictaduras militares en el Cono Sur y las articuló bajo la supervisión directa de la CIA, y que dejó un saldo de al menos 50,000 muertxs, 30,000 desaparecidxs y cientos de miles de presxs políticxs en todo el continente americano, la administración de Donald Trump convocó en Miami, el pasado 7 de marzo, la cumbre “Escudo de las Américas”, una nueva puesta en escena que muestra a la perfección cómo el imperialismo no ha cesado en su objetivo de dominar América Latina a sangre y fuego.

La Operación Cóndor no fue un hecho aislado, sino el fruto de décadas de intervencionismo. Fue precedida por la Conferencia de Ejércitos Americanos, fundada en los 60 durante uno de los puntos más tensos de la Guerra Fría, y sirvió como espacio de articulación de las fuerzas armadas latinoamericanas bajo la supervisión de Washington. Allí se gestaron las doctrinas de “seguridad nacional” que justificaron el golpismo y el terrorismo de Estado, y se estandarizaron los métodos que luego se aplicarían en todo el continente: desde los vuelos de la muerte –de los que lanzaban priosionerxs vivxs o muertxs al mar o ríos– hasta la coordinación transfronteriza que permitía secuestrar militantes de izquierda en un país, trasladarles clandestinamente y asesinarles en otro, borrando toda huella del camino. La academia de contrainsurgencia de esa política fue la Escuela de las Américas (hoy Instituto para la Seguridad Hemisférica), con sede en Panamá y luego en Georgia, por donde pasaron decenas de miles de militares y policías latinoamericanos para ser entrenados en tortura, inteligencia y contrainsurgencia. La CIA, por su parte, operó como el brazo que organizó golpes, financió escuadrones de la muerte, suministró las aeronaves para los vuelos de la muerte –de las cuales hoy sabemos que algunas eran de origen israelí, utilizadas con el mismo fin por el gobierno de México durante la Guerra Sucia en los 70– y garantizó que ningún gobierno reformista o revolucionario pudiera prosperar en la región.

El “Escudo de las Américas” se inscribe en esa misma tradición. Bajo una retórica de “seguridad” y “defensa del continente”, lo que aconteció en el club de golf de Trump en Miami el pasado 7 de marzo fue una nueva escenificación del imperialismo yanqui, ahora en un contexto de disputa interimperialista con China. Allí se formalizó la “Coalición Americana contra los Cárteles”, un pacto militar que permite “compartir” inteligencia y solicitar asistencia armada a Estados Unidos. Trump, por cierto, ofreció misiles de precisión y declaró estar listo para utilizar fuerza militar letal contra las organizaciones criminales. 

A la cita asistieron los presidentes de derecha y ultraderecha más serviles a Washington: el más lamebotas del sionismo en el cono sur, Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), y el admirador de Pinochet e hijo de un nazi alemán, José Antonio Kast (Chile), entre otros. La cumbre es otro ejercicio de lo que fue presentado explícitamente como una actualización de Trump a la Doctrina Monroe, aquella proclama de 1823 que declaró a todo el continente americano como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos.

Los acuerdos militares anunciados están dirigidos explícitamente contra los cárteles, contra lxs migrantes que huyen de la pobreza y la violencia que el propio saqueo capitalista genera, y contra el avance comercial, tecnológico y político de China en América Latina; además, resulta evidente que se busca reforzar el control frente a los movimientos populares de la región. Es decir, se trata de otra medida desesperada de Washington en la batalla contra su propia decadencia.

México

Aunque México no asistió a esta cumbre al no ser invitado, no escapa al entramado militar que EEUU impone. Los tratados de “colaboración” en materia de seguridad, los acuerdos de “control migratorio” y la continua presión para convertir al país en un muro de contención contra el avance chino, demuestran que la ausencia en la foto de Miami es solo aparente; la integración subordinada al esquema de seguridad yanqui sigue siendo una realidad.

Desde luego, en el evento no se hicieron esperar las tradicionales amenazas imperialistas. Trump, uno de los más mencionados en los Archivos Epstein, volvió a señalar a México como epicentro del crimen organizado en el continente, una afirmación que no solo es falsa –el epicentro del crimen está en Washington y en Wall Street–, sino que legitima la intervención en el país y la persecución hacia lxs migrantes. 

Es importante resaltar que esta nueva ofensiva se produjo apenas días después del asesinato de Nemesio Oseguera, "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, en un operativo que evidencia la verdadera naturaleza de la llamada "guerra contra el narcotráfico", que lejos de ser un combate genuino contra el crimen, no es más que otra de las caras del imperialismo. El asesinato de un capo no combate al narco, solo desestabiliza las plazas, desata guerras internas, da lugar a nuevas facciones y profundiza la violencia; precisamente el caos que el imperialismo necesita para justificar su intervención. La Casa Blanca no ve el asesinato de “El Mencho” como una victoria ni como un fracaso: es una pieza más del engranaje. Ellos mismos lo impulsaron, lo usaron mientras les fue útil, y cuando llegó el momento lo ejecutaron para fingir combate y alimentar la farsa de la "guerra". Por eso, aunque el gobierno estadounidense fingió aplaudir el operativo, no ha cedido ni un paso en su presión para que México profundice una política que ellos mismos diseñaron y que les es indispensable en su pugna interimperialista.

La ultraderecha se reagrupa  

Pero esta cumbre no fue un hecho aislado. En los últimos años hemos observado un despliegue de eventos de ultraderecha en distintas partes del mundo: desde la cumbre en Madrid en febrero de 2025 –donde personajes como Viktor Orbán (Hungría), Marine Le Pen (Francia) y Santiago Abascal (presidente de Vox) se reunieron bajo el lema "Make Europe Great Again" para delinear un proyecto que, bajo la excusa de la defensa nacional, promueve la islamofobia, el odio a lxs migrantes, la persecución de las disidencias y la sumisión a la agenda imperialista de Washington–, hasta los intentos de Javier Milei de articular una cumbre de derecha latinoamericana. Milei, que ya había sido anfitrión de la Conferencia de Acción Política Conservadora en diciembre de 2024 en Buenos Aires, propuso conformar una "internacional derechista" para contrarrestar al "populismo de izquierda"; un año después, su gobierno propuso una nueva cumbre para 2026, que aspiraría a reunir a más de diez mandatarios reaccionarios de la región.

Queda claro que ante la crisis del capitalismo, la reacción internacional se reagrupa bajo un mismo programa de terror y represión, todo ello al servicio del imperialismo yanqui en su pugna con China.

Nuestra alternativa

Frente a este panorama, debemos apelar a la memoria colectiva como herramienta de combate. No olvidemos Tlatelolco y el Halconazo, la Guerra Sucia, a las víctimas de la dictadura argentina que este año cumplieron 50 años sin justicia. Recordar nos permite desenmascarar que el mismo imperialismo que aniquiló a toda una generación de militantes de izquierda en los 70, hoy organiza cumbres como “Escudo de las Américas”.

Ahora más que nunca es necesario continuar reconstruyendo la vanguardia de la clase trabajadora para derrotar al imperialismo y a las burguesías locales. La alternativa es clara: levantar la bandera del internacionalismo proletario, la revolución socialista y la emancipación definitiva de nuestra América.

¡Socialismo o barbarie, camaradas!

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