El pasado 6 de julio, Andrés Manuel López Obrador anunció su encuentro con Donald Trump para definir la entrada en vigor del T-MEC, apelando a que se ha dado una “buena relación con Trump ya que se ha procurado un buen trato con el pueblo y específicamente con los migrantes”. También señaló que, desde el comienzo de su mandato, el gobierno estadounidense ha sido respetuoso con el pueblo mexicano. Sin embargo, ese mismo día Trump nos recordó su odio por los migrantes al publicar en su cuenta de twitter fotos del muro fronterizo, reflejando el avance de 320 km construidos y que para finales de año llegará a 720 km. Esto último demuestra de la hipocresía mostrada ante la vista de AMLO proveniente del presidente más reaccionario, racista y xenófobo en la historia de EEUU.

Desde el 2016 Trump ha atacado ferozmente al país mexicano y el tema de la migración, asegurando que, al igual que otros latinos, somos “gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores”. Por lo que su discurso durante la vista de AMLO a Washington es claramente mentiroso y oportunista, maniobrando para ganar adeptos en las próximas elecciones en el mes de noviembre −estando en juego cerca de 15 millones de votos de latinos−  y para tapar con una cortina de humo las medidas raciales y clasistas con respecto a la crisis sanitaria que ha dejado más de 200 mil muertos.

Los migrantes han sido de los sectores más perjudicados con la pandemia, en el tema del empleo han sido a los primeros que han echado a las calles. No cuentan con servicio médico e, incluso, existe un inmenso temor de ir a una clínica pública donde, antes de ser atendidos, podrían ser deportados.

La relación histórica entre EEUU y México  

La relación y dependencia que nuestro país tiene con EEUU es histórica, alimentada por los gobiernos prianistas y que lamentablemente en el gobierno de AMLO parece no romperse. Las presiones que ha tenido López Obrador por parte de la burguesía para asistir a dicha visita, no sólo se reducen a cerrar el T-MEC, sino a una lógica de aceptar que no hay alternativa sino se colabora e incluso se fortalece la relación con el Imperialismo.

Este acto no sólo levanto descontento en el pueblo mexicano, sino también en los más de 38 millones de connacionales que viven en EEUU y que ven claramente como esta visita le sirve a Trump para sus fines políticos y económicos.

En el contexto de las elecciones, Donald se ha visto obligado a suavizar el discurso xenófobo y racista básicamente porque la fuerza laboral migrante ha estado presente en territorios estadounidenses desde épocas históricas. Desde la Primera Guerra Mundial, pasando por el Programa Bracero que ayudó al desarrollo del suroeste en ese país. La agricultura, así como las vías férreas, la construcción y la minería fueron impulsadas y desarrolladas por manos semiesclavas de millones de migrantes.

Junto con los migrantes del resto de América Latina y de todo el mundo son quienes han realizado las labores más precarias, con mucho esfuerzo físico y peligro. Incluso por el hecho de ser “iliegal” la paga es menor por el mismo trabajo que hacen nuestros hermanos de clase norteamericanos. Esto refuta la idea sostenida por Trump de que los migrantes les quitan el trabajo a sus connacionales. Por años el imperialismo norteamericano se ha beneficiado de la explotación de la clase trabajadora nativa y la mano de obra barata migrante, sobre sus espaldas han erigido esta potencia por eso al unísono gritamos: ¡Nativa o extranjera, la misma clase obrera!  

AMLO y su posición amistosa frente a Trump

Para los planes y proyecto de la 4T y AMLO es fundamental cuidar la relación con el Imperialismo, optando llevar una comunicación amistosa y diplomática, reafirmando así la política de su gobierno de colaborar con quien sea, a tal grado de haber tolerado todas las expresiones y acciones xenófobas de Trump, como son, el Plan de “tolerancia cero”, “el muro fronterizo” e incluso la amenaza de una intervención que fue presentada como “una amable ayuda” de combate al narcotráfico.  

AMLO ha complacido al gringo en varias ocasiones, una de ellas es el acuerdo migratorio elaborado al antojo de este último, creando el Programa “Quédate en México” que usando la Guardia Nacional reprimió miles de centroamericanos dejándoles varados en nuestro país, quitándoles con ello el afanado “sueño americano”. En este mismo tenor durante la pandemia expulsó a nuestros familiares a sus comunidades de origen con medidas draconianas. AMLO sigue dando concesiones “amistosas”, como la reactivación desde el pasado 18 de mayo de muchas empresas del norte. Para México no era una prioridad el regreso de esas empresas, pero para EU sí, acto que está cobrando cientos de vidas por COVID.

Todo esto sin mencionar los enormes beneficios que tendrá el país vecino con los acuerdos puestos en el TE-MEC. Por otro lado, esta visita se realiza en medio de la crisis económica, donde México sufrirá una contracción del 10% del PIB, por lo que AMLO está apostando a la reactivación de actividades industriales y que haya un alza en la economía para atenuar efectos sociales y políticos de la crisis.  

Los intereses son claros, para AMLO es fundamental priorizar la actividad económica, aunque eso signifique aguantar todas las presiones del país imperialista en vez de romper definitivamente con el yugo norteamericano. Por su lado Trump se lava un poco el rostro buscando la reelección al mismo tiempo que manda un mensaje claro al sector capitalista agroindustrial racista que se verá favorecido con el T-MEC.   

Pactar con los oprimidos, no con el imperialismo

El gobierno de AMLO ha mostrado sus límites muy profundos, no se puede gobernar para ricos y pobres. Lejos de confrontarse con el imperialismo norteamericano y con los capitalistas, que han saqueado y oprimido a nuestra clase y que lo van a seguir haciendo para no perder nada de sus ganancias, ha tratado de beneficiar a ambas clases y, a los oprimidos, nos ha tocado la peor parte. Ese equilibrio es insostenible.

Obrador ahora más que nunca debe romper con los imperialistas y con los empresarios, con las políticas racistas y xenófobas de Trump, confiar en el pueblo que confió en él para expropiar las empresas y tierras de las trasnacionales y ponerlas bajo control obrero y jornalero y así romper la dependencia opresora del imperialismo.


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