Claudia Sheinbaum, la actual presidenta de México y el secretario de economía Marcelo Ebrard, han emitido diversas declaraciones en las que dicen sentirse optimistas con la renegociación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, este autoproclamado gobierno de izquierda que promueve los valores del “humanismo mexicano” parecen estar dedicando demasiado tiempo y esfuerzos en la firma del instrumento que, desde la década de los 90, ha sido el orgullo del neoliberalismo en México. Esto revela la verdadera naturaleza de un gobierno que, bajo retórica nacionalista, administra los intereses del capital trasnacional.

Como primer punto, es necesario recordar las condiciones en las que fue firmada la antesala de este tratado, es decir, que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue suscrito en las postrimerías del siglo XX bajo la administración de Carlos Salinas de Gortari, quien es posiblemente uno de los mayores traidores al pueblo de México en la época contemporánea. Por tanto, enfocar nuestros esfuerzos en la política es olvidar que esta no es sino una superestructura y que para comprenderla en su totalidad debemos concentrarnos en la base económica que impulsó este movimiento y que consolidó la expansión del imperialismo estadounidense en el país mediante el proceso de la globalización.  

A este respecto, debemos hablar de que, de acuerdo con las encuestas realizadas en 1992, más del 65% de la población de Estados Unidos y Canadá se oponía a la firma de dicho tratado, pues temían que al trasladar las empresas, estas prescindirían de sus servicios o bajarían sus salarios. El imperialismo, pues, no actúa por mandato popular, sino por la coerción de los monopolios.

Aunque tras un tedioso proceso fueron los grandes grupos y consorcios de diferentes industrias quienes impulsaron la firma del tratado, las cuales corresponden a la industria agrónoma (Representada en Estados Unidos por Carger, Archer Daniels y Monsanto), la automotriz (General Motors, Chrysler y Ford), la eléctrica (Intel, IBM, HP) y por último la financiera (Citigroup), mismas que se fueron las más beneficiadas por la firma, ya que aumentaron la plusvalía generada considerablemente, pero también permitieron la reproducción de dinámicas que permiten la opresión de lxs trabajadores por las transnacionales a través del intercambio desigual y una superexplotación del trabajo de lxs obrerxs mexicanos. 

En 1994 existía un total de 2´268,034 empleos generados en México directamente por las exportaciones, en contraste a un total de 895,528 empleos generados en Estados Unidos por la misma razón; sin embargo, las condiciones en las que se encontraban esxs más de dos millones de empleadxs estaban lejos de ser dignas, sueldos precarizados, jornadas de trabajo extenuantes, malos tratos y condiciones precarias son adjetivos que resultan insuficientes para describirlas, aún más teniendo en cuenta que estas se acentuaban en el trato que recibían lxs obrerxs. No es casualidad que el mismo día en que entró en vigor el tratado, en el estado de Chiapas se levantaba el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) argumentando que el tratado traería como resultado el aumento de la desigualdad y afectaría a campesinxs e indígenas. Y fue justo lo que trajo para la clase trabajadora en general, quienes sufren en las transnacionales jornadas extenuantes de trabajo y salarios precarizados, y que, a pesar de los múltiples actos de protesta y de la creación de artículos para la “protección del trabajador”, estos siempre encuentran su cauce para seguir sucediendo.   

Sin embargo, han sido las propias contradicciones internas de la burguesía (mismas que en la coyuntura de 1992 entraron en un conflicto de intereses derivado a la firma del tratado) las que determinan el rumbo del capitalismo y la fase en la que este se encuentre, pues con la reducción de la producción estadounidense, siendo la industria automotriz la que se encuentra al centro de la pugna y por tanto la que, desde la llegada de Trump en 2016 a su primer periodo cómo presidente de Estados Unidos ha reclamado.

Las tres principales empresas que encabezan la lista en este sector industrial son: General Motors que del total de 873,547 vehículos producidos en 2019, el 91.5% fue manufacturado en México; seguida de Chrysler que de 597,114 automóviles el 81.5% fue exportado desde México; y concluye esta lista Ford con el 95.4% de 270,179 vehículos producidos en territorio mexicano. 

Pero no debemos olvidar que son nuestros recursos y nuestra fuerza de trabajo los que están siendo explotados y que esto no es un valor que se mida en las métricas frías de una balanza de pagos. Para llegar a los niveles de producción requeridos ha sido necesario no solo la superexplotación de nuestra fuerza de trabajo, si no el constante despojo de nuestros recursos y la contaminación de nuestro territorio. Tras la aparición de las transnacionales en el territorio mexicano diversas comunidades en más de 18 territorios del país han reportado el desplazamiento forzado de las zonas donde radicaban, aunado a la contaminación del suelo, de los mantos acuíferos y del aire. Lo que han reportado es haber visto los beneficios prometidos por el libre mercado, sino todo lo contrario. 

Tras la renegociación de este tratado en 2018, que dio pie a la creación del TMEC, estas lógicas no han hecho más que reproducirse, y es hoy, en medio de una pugna mundial entre el imperialismo chino y el estadounidense por el control del continente, que los mismos personajes que alguna vez aparecieron para impulsar la firma de aquel hoy reaparecen en la historia como farsa, con discursos incendiarios intentando promover el tratado como un mecanismo que permitirá el desarrollo de los pueblos. La postura del gobierno, al igual que en la coyuntura de 1994, es la misma que lo mantiene como el zalamero más servil a los grupos burgueses que quieren su promulgación.  

Desde Izquierda Revolucionaria nos pronunciamos en contra de este y de cualquier instrumento que ayude a reproducir las dinámicas que promueven las ignominias y desigualdades de las cuales este sistema se alimenta.

Basta de enriquecer al burgués con el sufrimiento de la clase trabajadora. Basta del despojo a los pueblos del mundo para enriquecer a lxs imperialistas.  

Grupos debate IR

banner libres y combativas

banner Lenin

banner

Banner genocidio Gaza

banner

banner libres y combativas

banner revolutionary left

banner sindicato de estudiantes

banner revolucion rusa