Por increíble que parezca, a varias semanas del ataque, en un Estado y un país gobernado por un partido que se presenta como de “izquierda” (Morena), no se tiene avance alguno en la investigación de un hecho que configura varios delitos en el ámbito penal y que, en el entorno sindical, nos regresa a los viejos tiempos del PRI: el ataque armado a la huelga de trabajadores de la llantera Tornel.
El pasado 18 de marzo (Día de la Expropiación Petrolera en México) un grupo de choque atacó con armas de fuego y objetos contundentes a la guardia de trabajadores de la empresa JK Tyre Tornel en Tultitlán, Estado de México. Si bien la agresión ocurrió por la madrugada, la planta se encuentra sobre la avenida más importante de esa zona de la ciudad, una vialidad muy transitada a todas horas, y con patrullas de policía municipal y estatal a lo largo de ella. No obstante, tuvieron que ser los trabajadores agredidos quienes detuvieran a dos de los agresores que, curiosamente, vestían uniformes de la empresa.
Hagamos un poco de historia para contextualizar lo que les está ocurriendo a los trabajadores de Tornel. Con la finalidad de controlar a los diversos “jefes” políticos y militares locales que, con frecuencia, tenían más poder que las autoridades oficiales, se fundó desde el estado al Partido Nacional Revolucionario. Después, se cambiaría el nombre a Partido de la Revolución Mexicana y, finalmente, al oxímoron Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pero siempre con el objetivo de controlar a las diferentes fuerzas políticas del país. Para ello, implementó una política corporativista; en la que sólo era posible interactuar con el estado a través de los canales del partido, llamados sectores.
En el caso de los trabajadores, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) consolidó un poder enorme dentro del sector obrero del PRI, manipulando las condiciones laborales en la cúpula, sin consultar a los trabajadores. Para ello se valía desde su poder de negociación al interior del gobierno y con los patrones, hasta la violencia en contra de cualquier movimiento sindical democrático, independiente; violencia que podía ejercer el gobierno o grupos de choque de esta organización.
La lista de movimientos independientes y auténticos reprimidos por este grupo es larga y dolorosa. Desde el encarcelamiento por años de los líderes de la huelga ferrocarrilera hasta el asesinato de trabajadores de Pascual y Ford. Todo en favor de la clase capitalista.
Paralelamente, el gobierno impulsaba un programa de sustitución de importaciones, cerrando el mercado a la competencia extranjera para apoyar a los empresarios mexicanos. Esto permitió el crecimiento de compañías como Tornel, pero también que estancaran su desarrollo e inversión tecnológica, con las implicaciones de desgaste físico y de salud para los trabajadores.
En el caso de los trabajadores de la industria hulera, sus esfuerzos por organizarse datan de 1931, cuando los empleados de Euzkadi fueron despedidos por formar un sindicato. La empresa asignó un sindicato pro-patronal para contrarrestar al sindicato “rojo”, pero terminaron fusionándose en 1935, un año antes de la constitución de la CTM, de la que formó parte este sindicato hasta 1959. Cabe mencionar que, si bien este sindicato fue parte de la CTM por muchos años, logró algunas mejoras para los obreros, pues estos estaban organizados y lograron rebasar a la dirigencia charra. Incluso, en 1959 llegaron a correr de una asamblea al todopoderoso líder la CTM, Fidel Velázquez.

Los trabajadores de Tornel vivieron el control sindical al más puro estilo de la CTM. Sin canales democráticos ni organización de base, ésta administraba las cuotas y negociaba con la patronal sin consultar a los obreros. Incluso, hasta 2008, no se contaba con una Comisión Mixta de Seguridad e Higiene, en un proceso de fabricación plagado de químicos peligrosos. Su sindicato era en realidad una sección de la CTM, una extensión de otra empresa llantera, Goodyear Oxo; no tenían secretario general, sino delegados
Fue hasta 1989 que se dio un esfuerzo por salirse de la CTM. El evento que saturaría las condiciones precarias de los trabajadores fue un acoso sexual del delegado sindical contra la viuda de un trabajador; una extorsión sexual para entregarle la ayuda que ya le habían descontado al resto de los obreros (un día de salario).
Intentaron formar un sindicato independiente, pero la autoridad se los negó, así que buscaron apoyo con otra central obrera: la CROC. De cualquier modo, cuando la patronal y la CTM vieron que no podía controlar a los trabajadores, despidió a 700 de 1,200. Sin embargo, el movimiento continuó y se logró un primer y un segundo recuento. En este último, cuando el charro de la CTM vio que eran minoría y que perdería a pesar de tener patrullas municipales para amedrentar a los obreros, utilizó a sus golpeadores: 700 tipos armados con palos, fierros, cuchillos y botellas, notoriamente ebrios o drogados. Varios trabajadores tuvieron que ser hospitalizados.
Después, la CTM, con todo y que el PRI había evidenciado su debilidad en las elecciones presidenciales de 1988, continuó con sus acciones gansteriles y en 1990 sus pistoleros asesinaron a un obrero dentro de la planta de Ford en Cuautitlán.
Lo que siguió en Tornel fue un control férreo de la CTM sobre los obreros. De hecho, la única manera de entrar a trabajar a la empresa era a través del “sindicato”. En pleno auge del neoliberalismo y de la apertura del mercado, la patronal buscó aumentar la productividad, sin invertir; a costa de los trabajadores. Y la CTM fue su aliada. Hasta que finalmente el sindicato se independizó de ella en 2008.
Ya en este siglo, la empresa fue adquirida por JK Tyre y ésta inició un proceso que culminó en 2017 con el despido paulatino de casi toda la planta laboral. Aunado a esto, la compañía ha dejado de cumplir el contrato de ley que debe respetarse por toda la industria hulera. Entre otros incumplimientos está la jornada de 40 horas, así como pagos de aguinaldo y vacaciones por debajo de esta normatividad.
Por esta razón, los trabajadores estallaron la huelga el 23 de febrero. Menos de un mes después y tal como ocurría en los tiempos del PRI, apareció un grupo de choque, ahora con armas de fuego. La firma de la agresión es fácilmente identificable: la CTM y la patronal.
¿Por qué a semanas del hecho no se tienen avances en la investigación, a pesar de que hay dos detenidos? ¿A quién protege la fiscalía del Estado de México? ¿Todavía controla la CTM el gobierno de Tultitlán, como en los 80 y 90?
¿Qué están haciendo los gobiernos municipal, local y federal, todos de un partido de “izquierda” (MORENA)?
Sabemos de la distancia que tiene Morena del tema sindical. De hecho, varios sindicalistas se quejaban de la falta de soluciones laborales cuando su principal figura política, López Obrador, era jefe de gobierno de la hoy Ciudad de México.
Pero hoy esto se ha degradado en exceso. El líder charro del sindicato de maestros (SNTE) ofreciendo millones de afiliados a Morena, tal como Fidel Velázquez, de la CTM, le ofrecía millones de votos al PRI. Un gángster sindical como Pedro Haces (líder de la nueva CTM, la CATEM) con un escaño en el Congreso sin hacer campaña electoral, gracias a Morena. Y ahora un grupo de choque que agrede con armas de fuego a trabajadores en huelga, sin que los gobiernos de Morena hagan algo.
No podemos permitir que un partido que llegó al poder con el voto del pueblo y que ha capitalizado décadas de luchas de izquierda, incluyendo de trabajadores, hoy se vuelva cómplice de los patrones y de los charros sindicales.












