Hoy más que nunca necesitamos sindicatos fuertes, democráticos, realmente al servicio de lxs trabajadores y no para un beneficio propio o particular. La ultraderecha asciende, los conflictos bélicos se incrementan y la crisis económica se recrudece, por ello sobre todo ahora necesitamos empleos dignos y respeto a los Contratos Colectivos de Trabajo. Sin embargo, la tendencia parece ser la contraria: menos democracia, más control estatal, más charrismo sindical –incluso de los autonombrados sindicatos independientes–; y más sumisión ante los designios del imperialismo, todo para poner a la clase trabajadora al servicio de éste. 

El capitalismo nos declara la guerra y su mejor arma es el charrismo sindical

El avance de la ultraderecha nos ha declarado la guerra en todo el mundo. El sistema capitalista se retuerce en una crisis prolongada y profunda de la que su principal motor, Estados Unidos, no logra levantarlo. Como resultado, una nueva potencia hegemónica está emergiendo: China. No obstante, la batalla por la hegemonía aún no se define y su resolución implicará más de lo que hemos visto en los últimos años: guerras, genocidios y una mayor opresión y explotación de la clase trabajadora para ponerla a marchar a todo vapor y al menor costo posible.

La burguesía siempre arroja las crisis capitalistas sobre nuestras espaldas, pero la crisis actual no es como cualquier otra, se trata de una que podría –y ya lo está haciendo– cambiar el orden mundial como lo conocemos hoy. Es por ello que las medidas que debemos tomar para responder ante los ataques también deben ser especialmente radicales: las huelgas, los plantones, los cierres y las manifestaciones multitudinarias.

Estas crisis sistémicas se traducen en el desempleo por cierres de plantas o recortes de personal, y también mutilan nuestros derechos obtenidos con la lucha. Pero para conseguir que pasen sus ataques, primero necesitan desarticularnos para debilitar una posible respuesta. Para lograr este objetivo, el empresariado corrompe a las direcciones sindicales. Durante las últimas décadas hemos vivido una era de desmovilización sindical y pacto social, una fusión de las cúpulas dirigentes con el Estado capitalista que acarrea consecuencias terribles para la clase trabajadora: contrarreformas y retrocesos históricos en las conquistas.

La política neoliberal, la austeridad, los recortes sociales, la pérdida de poder adquisitivo, la precarización y la subcontratación no se pueden entender sin la colaboración de las direcciones sindicales y su total rendición ante la patronal. 

Por otro lado, se ha buscado dividir a nuestra clase con todo tipo de prejuicios contra lxs migrantes, las mujeres y la comunidad sexodiversa, o se intenta inocular prejuicios nacionalistas para que, en nombre de la “soberanía” o el “servicio a la patria”, produzcamos más en peores condiciones y se rompa la solidaridad internacional.

Actualmente, la inmensa mayoría de los grandes sindicatos están atravesados por una degeneración profunda, dirigidos por el viejo o el nuevo charrismo sindical, con personajes como Hernández Juárez, Secretario General del Sindicato de Telefonistas, que lleva en el cargo 50 años. Al mismo tiempo, el sindicalismo brilla por su ausencia en luchas tan importantes como el movimiento contra el genocidio en Palestina o en solidaridad con el que se ha levantado contra el ICE en EEUU. 

Durante décadas, las burguesías y los Estados alrededor del mundo le han dedicado tiempo y grandes recursos a construir esta “aristocracia sindical” –el “charrismo sindical” en México–, ese grupo de apoderados que se creen dueños de los sindicatos y que, en lugar de manejarlos como herramientas de lucha, los convierten en el brazo represor y demovilizador de la patronal, sea esta el Estado o un privado. 

Como resultado, justo cuando el sistema requiere exprimirnos y someternos aún más, padecemos de la falta de sindicatos combativos e independientes.

La lucha no se ha detenido pese a la crisis de los sindicatos

Pero no todo está acabado, ni mucho menos. Que ahora mismo los sindicatos independientes se cuenten con los dedos no ha evitado que la clase trabajadora siga luchando. En México hemos tenido episodios muy importantes de esa fuerza que tiene nuestra clase para forjar organizaciones de lucha que le permitan arrebatar lo que nos corresponde. 

Los sindicatos actualmente padecen de una gran polarización: o un giro a la derecha renunciando a cualquier tipo de lucha y protegiendo la agenda de la ultraderecha, o están viviendo crisis internas y desafiliaciones grupales de trabajadorxs que se han radicalizado a la izquierda y están dispuestxs a construir una alternativa sindical real. 

No olvidemos el movimiento 20/32, que pasó por encima del charrismo sindical más crónico y degenerado en el norte del país; que desarrolló paros y movilizaciones por semanas gracias a las que arrebataron las demandas principales y construyeron un nuevo sindicato, que si bien ahora mismo no es el que hubieran querido, su lucha demostró que se puede vencer al charrismo y abrió la puerta a una oleada de luchas por su independencia. Sin embargo, para construir sindicatos a la altura de las necesidades de la clase trabajadora, hace falta más que una lucha episódica.

Recientemente, las luchas de Silao, la de Honda, etc., siguen por el mismo camino vanguardista en la lucha contra la burocracia y por una verdadera independencia sindical. Otro ejemplo son los más de 90 empleadxs del congreso de Jalisco que renunciaron a su sindicato mayoritario porque no hay una transparencia real, porque se ha perdido la confianza y porque en realidad es un obstáculo para la lucha.

Otro ejemplo es el caso de la anterior Coalición de Trabajadores de CFE, que hoy está luchando por la creación de su propio sindicato, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Eléctrica y de Telecomunicaciones (SINTET),  frente a la dirigencia gansteril del SUTREM. En el camino se han enfrentado a todos los obstáculos que el Estado les ha puesto para negarles un derecho legítimo.

La razón es que este gobierno también pretende mantener el status quo en la lucha sindical, asegurándose para sí el control de las viejas estructuras sindicales burocráticas a través de sostener a su aristocracia.

En el caso de la CNTE, el gobierno ha hecho oídos sordos a sus peticiones, ignorando sus llamados a las mesas de negociación, y repitiendo una y otra vez, como un mantra, que “no es posible echar abajo la ley de ISSSTE”, que “implicaría muchos problemas administrativos para el gobierno”. Claro, y también para la patronal. Prefieren que esos problemas sean absorbidos con jubilaciones bajas y salarios insuficientes para millones de trabajadorxs.

Es por eso que la CNTE, una y otra vez, ha lanzado jornadas de lucha movilizando a miles de profesorxs, cerrando carreteras y oficinas administrativas, así como llevando a cabo plantones. En la última jornada se propuso realizar un nuevo plantón para mayo con el afán de, en el contexto del mundial,  presionar al gobierno a que resuelva al fin las demandas.

Pero estas no son las únicas luchas. La huelga del Monte de Piedad lleva seis meses y el gobierno ha aplicado la misma estrategia: una puesta al desgaste, mientras que al patronato le da igual que cientxs de trabajadorxs se queden sin ingresos para sus familias, pues ellxs no tienen pérdidas y no les importa cuánto se pueda alargar la huelga.

Finalmente, el caso de Tornell es emblemático. Lxs trabajadores de esta empresa llantera están en huelga desde el 23 de febrero en sus cuatro plantas de la Ciudad y el Estado de México. Lo único que piden es que se respeten sus derechos laborales: un aumento salarial digno, el cumplimiento de su Contrato Colectivo de Trabajo, 40 horas laborales, que la patronal pague sus responsabilidades con la Seguridad Social y los aumentos salariales acordados. Se trata de 1500 obrerxs que producen entre 19,000 y 20,000 llantas al día. Sin embargo, ante esta lucha, la respuesta de la patronal ha sido echar mano de su brazo criminal, mandando sicarios a balear a lxs trabajadores durante sus guardias. El 18 de marzo, el ataque dejó lesionadxs a cuatro trabajadorxs. Pero esto no desanimó la lucha, por el contrario, el látigo de la contrarrevolución la intensificó en las últimas votaciones, tras el atentado, 883 trabajadorxs votaron a favor de mantener la huelga, frente a 113 en contra. Todo esto ocurre frente a la táctica de desgaste del gobierno, la criminalización por parte de los medios de comunicación de la derecha y las acciones criminales de la patronal ante las cuales el gobierno simplemente mira hacia otro lado.

Por otra parte, el movimiento feminista de la última década ha puesto a las mujeres a la vanguardia también de la lucha sindical. Luchas como la del 20/32 han sido marcadas por la participación de las trabajadoras y una batalla interna contra el machismo y los prejuicios ajenos a nuestra clase. En todo el país, las mujeres se están sindicalizando mucho más que en épocas anteriores. Tan solo en Nuevo León la sindicalización de trabajadoras creció de 8.9% en 2021 a 17.8% en 2025. 

Por un sindicalismo independiente y revolucionario

El capitalismo no solo ha traído mayor explotación; muy a su pesar, ha traído también las herramientas para liberarse de esa opresión, entre ellas la inteligencia artificial y medios de producción cada vez más refinados y eficientes.

Hoy en día la productividad tiene números récord. Si eliminásemos al sindicalismo propatronal y a la burguesía que ahora mismo controla los medios de producción, para tomar esos medios en nuestras manos, obtendríamos beneficios que asegurarían al conjunto de la población no solo lo mínimo indispensable, sino una vida cómoda y muchas horas libres. Sin embargo, tenemos todo lo contrario; el capitalismo se niega a darnos las 40 horas laborales y dos días de descanso con salarios intactos; las jornadas son tan amplias que vivimos para trabajar, sin poder estar con nuestras familias, sin recreación y sin cultura, a cambio de salarios precarios y condiciones de trabajo indignas.

Hoy más que nunca, no solo es necesario y urgente, sino que es completamente posible crear verdaderas herramientas de lucha: sindicatos revolucionarios, combativos, democráticos, independientes, asamblearios y de clase, que nos permitan arrebatar lo que nos pertenece, expropiar a los expropiadores y asegurarnos no sólo condiciones laborales dignas, sino libertad para vivir y para disfrutar lo que producimos con nuestro trabajo. 

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