"La Guerra que hacemos actualmente sirve para aplastar al enemigo en el frente, pero no es éste el único ¡no! El enemigo es también aquel que se opone a las conquistas revolucionarias y que se encuentra entre nosotros, y al que aplastaremos igualmente" Buenaventura Durruti, Discurso en Radio CNT-FAI,4 de noviembre 1936

El 24 de Julio de 1936 salía de Barcelona en dirección a Zaragoza un grupo de 2.000  voluntarios, entre los que se había una nutrida representación de mujeres, con Buenaventura Durruti como delegado general de la columna que llevaría su nombre. El objetivo de este grupo de hombres y mujeres, que representaban la flor y nata de las filas del proletariado catalán, era parar el avance de las tropas franquistas que habían tomado todas las capitales de provincia de Aragón y amenazaban seriamente a Cataluña, donde el alzamiento de los militares sublevados había sido derrotado. Sin embargo, la labor de la Columna Durruti iría mucho más allá del combate contra el fascismo y sería clave para la instauración del germen de una sociedad sin clases en Aragón.

Pero, ¿Qué estaba pasando en el Estado español para que de la noche a la mañana quien era considerado como un delincuente y un bandido por parte de los estamentos oficiales llegara a comandar una de las columnas de voluntarios antifascistas más célebres? ¿Qué había sucedido para que a quien tanto la monarquía como la IIª República había perseguido, encarcelado e incluso desterrado a Baleares y Canarias en más de una ocasión, fuera una de las esperanzas para parar los pies a los militares facciosos que se acercaban peligrosamente a Cataluña? La respuesta la encontramos en los sucesos del 18 y 19 de julio de ese mismo año. En las primeras 48 horas del alzamiento militar contra la República el sistema entero se desmoronó, por una parte los militares y la derecha en bloque se pasó a la reacción y los políticos republicanos y socialdemócratas más moderados que estaban en el gobierno, no hicieron nada por evitar el golpe de estado fascista. Incluso se tomaros medidas que facilitaron el golpe de estado, como por ejemplo el licenciar a gran parte de soldados y reclutas rasos. La clase obrera en Barcelona, en su mayoría encuadrada en la CNT, no esperó a recibir ordenes y vio en la derrota de los fascistas en Cataluña el pistoletazo de salida a la Revolución que durante tanto tiempo campesinos y obreros habían anhelado. En tales circunstancias, la clase tomó a militantes conocidos por su intransigencia revolucionaria en la defensa de la clase obrera y con una trayectoria de lucha indiscutible como la de Durruti - quien curiosamente no tenía responsabilidades formales en la CNT- como sus dirigentes naturales.

En un contexto social totalmente nuevo, - creado por la victoria del pueblo trabajador el 19 de julio sobre los militares fascistas - donde grupos armados de trabajadores dominaban la ciudad condal y cuando muchos guardias civiles, guardias de asalto y mossos d'esquadra habían roto la disciplina, confraternizaban con las masas en las calles y se dejaban llevar por el optimismo y fervor revolucionario, todo podría haber sido relativamente sencillo para destruir el capitalismo e iniciar la creación de una sociedad sin clases. Sin embargo, no es lo mismo sobrepasar y dejar sin autoridad a las instituciones burguesas, que destruirlas y sustituirlas por órganos de poder obrero. El presidente de la Generalitat Lluís Companys ya se encargó de demostrar esto el mismo día de la derrota de los militares sublevados en Barcelona.

"Ante todo, he de deciros que la C.N.T. y la F.A.I. no han sido nunca tratadas como se merecían por su verdadera importancia. Siempre habéis sido perseguidos duramente; y yo, con mucho dolor, pero forzado por las realidades políticas, que antes estuve con vosotros, después me he visto obligado a enfrentarme y perseguiros. Hoy sois los dueños de la ciudad y de Cataluña, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabrá mal que en es momento os recuerde que no os ha faltado la ayuda de los pocos o muchos hombres leales de mi partido y de los guardias y mozos (...) Habéis vencido y todo esté en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como Presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo. Si, por el contrario, creéis en este puesto que sólo muerto hubiese dejado ante el fascismo triunfante, puedo, con los hombres de mi partido, mi nombre y mi prestigio, ser útil en esta lucha, que si bien termina hoy y mi prestigio en la ciudad, no sabemos cuándo y cómo terminará en el resto de España, podéis contar conmigo y con mi lealtad de hombre y de político que está convencido de que hoy muere todo un pasado de bochorno, y que desea sinceramente que Cataluña marche a la cabeza de los países más adelantados en materia social."

Citado por Juan García Oliver en "De Julio a Julio, un año de Lucha" publicado por Tierra y Libertad, Barcelona,1937

Después de someter esta oferta en una asamblea en la Casa de la CNT (requisada a Foment del Treball Nacional), se decidió el respetar la Generalitat e integrarse en el Comité Central de Milícies Antifeixistes de Catalunya junto a ERC, Unió de Rabassaires, PSU, UGT y POUM, donde los libertarios estaban representados por la CNT y FAI. Mientras tanto, en las fábricas, empresas y el campo las masas se apresuraron a tomar el control de la economía ante la huída masiva de propietarios y empresarios. Éste fue el inicio de una situación de doble poder donde los deseos de eliminar la explotación y levantar un mundo sin capitalismo ni opresión por parte de las masas trabajadoras chocaron no sólo con los fascistas que se batían en el frente, sino con la contrarrevolución en la retaguardia encabezada por los dirigentes del republicanismo burgués instalado en el gobierno central, que se representaba a sí mismo y no tenía representación alguna en Cataluña, el catalanismo burgués de ERC, el ala de derechas del PSOE y la dirección estalinista del PSUC y su referente estatal el PCE. Las ansias revolucionarias de obreros y campesinos  también encontraron un muro de contención en la indecisión, titubeos y actitudes conciliadoras de la mayoría de los dirigentes de CNT-FAI y POUM. Es en este contexto, inicialmente favorable a las fuerzas de la revolución, cuando el Comité Central de Milicies Antifeixistes de Catalunya encomienda a Durruti la formación de su milicia junto a otras nueve que también partirían hacia Aragón. Hay que destacar que la mayoría de las columnas que partieron hacia Aragón estaban compuestas por militantes de la CNT-FAI y en menor medida del POUM.

Las columnas y las colectividades agrícolas

Durruti no desaprovechó ni un solo segundo para ponerse manos a la obra y hacer de la columna que representaba un auténtico instrumento para extender la Revolución. La Revolución empezaba en la misma milicia. Un testimonio muy ilustrativo de la vida en las milicias obreras es la que aporta el escritor británico George Orwell, quien luchó en una de las milicias del POUM:

" El rasgo esencial del sistema (de milicias) era la igualdad social entre oficiales y soldados. Todos, desde el general hasta el recluta, recibían la misma paga, comían los mismos alimentos, llevaban las mismas ropas y se trataban en términos de completa igualdad. Si a uno se le ocurría palmear al general que comandaba la división y pedirle un cigarrillo, podía hacerlo y a nadie le resultaba extraño. Por lo menos en teoría, cada milicia era una democracia y no una organización jerárquica. Se daba por sentado que las órdenes debían obedecerse, pero también que una orden se daba de camarada a camarada y no de superior a inferior. Había oficiales con y sin mando, pero no un escalafón militar en el sentido usual; no había ni distintivos ni galones, ni taconazos ni saludos reglamentarios. Dentro de estas milicias se intentó crear una especie de modelo provisional de la sociedad sin clases. Desde luego, no existía una perfecta igualdad, pero era lo más aproximado a ella que yo había conocido o que me hubiera parecido concebible en tiempo de guerra." George Orwell, Homenaje a Cataluña, Ed. Virus Narrativa, Barcelona. 2001

Buenaventura Durruti también se expresaba en términos muy claros acerca de cómo la disciplina en las milicias era una cuestión de lealtad de clase:

" El obrero en el trabajo no solamente cambia las formas de la materia, sino que también, a través de esa tarea, se modifica a sí mismo. El combatiente no es otra cosa que un obrero utilizando el fusil como instrumento, y sus actos deben tender al mismo fin que el obrero. En la lucha no se puede comportar como un soldado que le mandan, sino como un hombre consciente que conoce la trascendencia de su acto." Buenaventura Durruti citado por José Mira, Guerrilleros confederales, Sindicato Metalúrgico de la CNT de Barcelona, 1937

En la Columna Durruti, como en la mayoría de milicias, los delegados eran democráticamente escogidos y revocados en cualquier momento por los integrantes de la milicia. Otra característica es que aunque siempre se dejó bien claro el carácter voluntario de la estancia en la milicia, apenas hubo deserciones.

Es interesante ver la descripción que hace Abel Paz en su libro "Durruti en la Revolución Española" de la organización de la Columna Durruti. Esta descripción no tiene nada que ver con la imagen ofrecida por los periodistas burgueses y estalinistas de la época y posteriormente por los historiadores que han hecho un fetiche de la supuesta desorganización inherente al sistema de milicias obreras y populares. Según este veterano militante de la CNT, a mediados de agosto de 1936, la Columna contaba con unos 6000 efectivos. Estos se repartían en los Grupos Autónomos; que contaban con unos 400 voluntarios internacionales comandados por el Capitán Berthomieu. Luego estaban los Grupos Guerrilleros compuestos por pequeños grupos como "Los Metalúrgicos", "Los hijos de la noche" y "Los Dinamiteros" entre otros. El resto de los efectivos se repartían en centurias que se disponían a lo largo de las trincheras que iban desde Velilla de Ebro hasta Leciñena y los que no tenían armas iban a trabajar a los pueblos. Había secciones culturales que aseguraban la enseñanza en general y que contaban con una emisora que difundía textos y conferencias sobre diversas materias. Esta misma emisora también se utilizaba para transmitir mensajes de propaganda desmoralizante a los soldados franquistas. También se contaba con un boletín impreso llamado "El Frente" que informaba sobre la vida en la milicia y a su vez servía como un receptáculo de sugerencias y quejas. "El Frente" se tiraba sobre una imprenta montada en un camión que iba siguiendo a la Columna Durruti allá donde fuera. El órgano encargado de supervisar toda la Columna era el Comité de Guerra y este a su vez contaba con un Consejo Técnico-Militar compuesto por militares profesionales que sólo tenían funciones de asesoramiento. Otros servicios dependientes del Comité de Guerra era la administración, una panadería, un parque de mecánica y automóviles altamente cualificado y un servicio sanitario compuesto por dos cirujanos, los doctores Santamaría y Fraile, asistidos por un grupo de enfermeras voluntarias españolas e internacionales. La Columna a su vez, no actuaba por su cuenta y riesgo sinó que se coordinaba en la medida de lo posible con las otras milicias que había en el frente aragonés en el Comité de Guerra de Aragón. La tarea de este comité con sede en Sariñena era coordinar las actividades de las milicias y estaba formado por los delegados generales de las columnas..

La Columna tuvo su primer encuentro con los fascistas en Caspe y junto a otro grupo de milicianos que habían llegado al lugar un par de días antes liberaron el pueblo. En sólo 3 días la Columna Durruti había llegado a Bujaraloz. Fue al salir de este pueblo cuando la Columna Durruti tuvo que hacer frente a los primeros ataques aéreos que causaron bastante desconcierto entre los milicianos. Superados los problemas causados por el bombardeo de la aviación fascista, los integrantes de la columna llegaron hasta Pina y Osera y después de una batalla muy intensa consiguieron tomarlas y establecer una red de trincheras a tan solo 20 km de Zaragoza. Durante bastante tiempo, la Columna Durruti estuvo ahí hasta que en el otoño de 1936 se pidió el envío de voluntarios de la ésta para defender Madrid.

Aunque en el plano militar la Columna se limitó a resistir durante mucho tiempo esperando un hipotético envio de refuerzos por parte de Barcelona, durante la estancia de la Columna Durruti en Aragón y, hasta que entró a formar parte del "Ejército Popular", en agosto de 1937, este ejército obrero realizó una intensa tarea en el terreno de la destrucción del capitalismo y la instauración de las colectividades. Cosme Paules, Francisco Subirats y Liberto Ros entre otros cronistas de la Columna y testigos presenciales afirman que en todos los pueblos donde esta milicia hacía un alto, el dirigente libertario siempre llevaba el mismo mensaje: la necesidad de establecer la colectividad y de crear una sociedad sin clases ni privilegios. Debido a que en pocas semanas había más efectivos humanos que armamento, la Columna nunca podía tener a todos sus hombres en la línea del frente. A propuesta de Durruti, se puso a todos los milicianos ociosos a trabajar junto a los campesinos. Con esta medida no sólo se pretendía ayudar a los campesinos sino fomentar el debate y la discusión política entre estos. Esta iniciativa, junto a otras que comentaremos más adelante, impulsó el Consejo de Defensa de Aragón y más adelante la Federación de Colectividades de Aragón. El mismo Durruti pasaba la mayor parte del tiempo en que la milicia libertaria no luchaba en visitar las comunidades o a recibir a representantes de los pueblos donde llevaban a cabo la colectivización y dando a conocer a periodistas y visitantes de medio mundo la experiencia colectivizadora llevada a cabo por los campesinos locales y los obreros milicianos venidos de Cataluña.

La Federación de Colectividades fue exitosa en cuanto a sus resultados prácticos, demostrando así la superioridad del trabajo en común y la planificación en base a necesidades sociales sobre la propiedad privada y el beneficio personal que eran responsables de la infrautilización de la tierra. Uno de los casos más llamativos es el de Andorra, en Teruel. Las mejoras agrícolas realizadas en el pueblo, que estaba totalmente integrado en la colectividad, aumentaron la productividad y la superficie cultivable aumentó un 80% al deshacerse los lugareños de las lindes y demarcaciones que dividían y señalaban la antigua propiedad privada. Otras mejoras introducidas en el cultivo de la tierra y que fueron obra directa de la colectividad fue la generalización del uso de fertilizantes que los campesinos individuales que en aquel momento no se podían permitir y el uso de pequeños tractores. El éxito también se midió en adhesiones a la Federación de Colectividades. A mediados de abril de 1937, justo dos meses después del Congreso de Colectividades celebrado en Caspe, la Federación de Colectividades de Aragón contaba con 140.000 miembros. La experiencia de las colectividades actuó como una auténtica escuela donde se enseñaba a todo aquel que participaba a como desarrollar una sociedad sin clases.

Problemas de la Columna Durruti y las colectividades

Tal y como hemos señalado antes tanto las milicias obreras como las tierras y las fábricas colectivizadas mayoritariamente entre Cataluña, Aragón y Levante eran las puntas de lanza de la Revolución española. La economía colectivizada amenazaba al sistema capitalista no sólo en España, sino en toda Europa. No era de extrañar que los enemigos de la Revolución española tanto en el gobierno central, como en la Generalitat se emplearan a fondo para deshacerse de las milicias, como primer paso a restituir las propiedades a sus antiguos dueños y aniquilar a aquellas fuerzas políticas que no comulgaban con el principio de "primero la guerra y después la revolución". Durante todo el tiempo que las columnas estuvieron en Aragón, la escasez de suministros y en especial de armamento y munición era desesperante para los milicianos. Esta situación contrastaba con los guardias de asalto en las ciudades, que iban armados hasta los dientes; cuando ni siquiera era un cuerpo destinado al combate sino a mantener el orden en la retaguardia. Este boicot consciente a la capacidad de combate de las milicias fue acompañado de una campaña de difamaciones en la prensa por parte de la prensa controlada por los catalanistas de ERC y Estat Català, así como los estalinistas en el PCE y el PSUC en Cataluña. En la propaganda anti-milicias se achacaba la falta de armamento y munición a la desorganización inherente del sistema de milicias y se pedía la creación de un ejército regular. Nada más lejos de la realidad. La mayoría de las columnas ya partieron de Barcelona sin armamento y muchas veces tenían que contar con el armamento que requisaban al enemigo. En el caso de la Columna Durruti, la mayor parte de las 16 ametralladoras que poseian hasta la militarización de las milicias habían sido recuperadas de los fascistas conforme estos iban retrocediendo. Otras veces el poco armamento y munición existentes se dilapidaba o desde el frente los estalinistas lo enviaban de vuelta a Barcelona preveiendo que lo iban a necesitar en la retaguardia. Había diversidad de intereses detrás de esta campaña propagandística contra las milicias. Por un lado la Generalitat tenía sus propios planes anexionistas  respecto a Aragón y con lo cual las milicias tanto de la CNT como del POUM le molestaban. Por otro lado la dirección del PCE-PSUC y del ala de derechas del PSOE querían preparar el terreno y justificar políticamente la creación del "Ejército Popular" que ya se estaba preparando para saltar sobre las milicias y desplazarlas.

Como las fuerzas militares de los estalinistas en Aragón se limitaban a la Columna Carlos Marx y eran claramente inferiores a las fuerzas de la CNT-FAI e iguales a las del POUM, sus ataques inicialmente no podían pasar de difamaciones en la prensa y las intrigas en el frente. A finales del verano de 1936, los estalinistas con Del Barrio a la cabeza y el Coronel Villalba como asesor técnico militar, lograron escindir el Comité de Guerra con sede en Sariñena y crearon otro para el Norte Aragón bajo el pretexto de un mando específico para tomar Huesca. En lugar de centrarse en tomar Huesca, la milicia comandada por Del Barrio se dedicó a atacar las colectividades argumentando "que no era la hora de hacer la revolución sino la guerra". Los ataques contra las colectividades, tanto en Huesca como en otras zonas de Aragón donde había milicias controladas por ERC y el PSUC, empezaron en el mismo momento en que estas se constituyan y se evidenciaba por el número de campesinos que acudían ya en el verano y otoño de 1936 al Comité de Guerra de la Columna Durruti, así como a otras columnas pro-colectivización. Generalmente los miembros de las colectividades se quejaban del saqueo de sus almacenes y otras muchas de la disolución a la fuerza de la colectividad que sufrían por parte de las milicias controladas por los catalanistas burgueses y los estalinistas. Los campesinos ante estos atropellos solían resistirse y había choques armados. Se creo un estado de las cosas en el que era imposible tomar Huesca debido a la dispersión de fuerzas en las luchas de la retaguardia.

Ante la tensión generada por esta problemática que amenazaba con hundir todo el frente de Aragón, Durruti y otros dirigentes de la CNT en las milicias impulsaron la creación del Consejo Regional de Defensa de Aragón. El Consejo Regional de Defensa de Aragón debía ser un instrumento para salvaguardar la Revolución en curso y evitar que tanto el gobierno central, como la Generalitat no la liquidasen. Este Consejo Regional de Defensa de Aragón no sólo tenía a los estalinistas, la Generalitat y el gobierno central como enemigos, sino que el Comité Nacional de la CNT también se opuso. En aquel entonces el Comité Nacional de la CNT perseguía la entrada en el gobierno (y en la Generalitat) ya que el primer ministro Largo Caballero no había accedido a crear un Comité de Defensa Nacional donde se integraría la CNT. Rápidamente los elementos más conciliadores de la CNT coparon el Comité Regional de Defensa de Aragón y lo fueron vaciando de su contenido revolucionario inicial. A modo de respuesta a los intentos del Comité Nacional de la CNT de "no provocar a las demás fuerzas antifascistas" los colectivistas y elementos más conscientes de la CNT crearon la Federación de Colectividades, desmarcándose claramente de las vacilaciones y actitudes temerosas de la mayoría de la dirección de la CNT. A pesar de las buenas intenciones iniciales y debido a una falta de orientación política clara, el Comité Regional de Defensa no sirvió de mucho a la hora de parar la contrarrevolución en el campo aragonés, al igual que la Federación de Colectividades - mucho más radicalizada y con posturas más revolucionarias que el Comité Regional de Defensa de Aragón- y muchos otros símbolos de poder obrero y campesino sería suprimido en el verano de 1937, cuando el Ejército Popular con Enrique Líster al mando entró en Aragón, disolvió las milicias y devolvió las propiedades a sus antiguos dueños. 

En los primeros días de noviembre de 1936, en unos días decisivos para la Revolución y la guerra, se pide a Durruti que abandone el frente de Aragón con parte de sus tropas para marchar a Madrid que estaba seriamente amenazada por los fascistas. El dirigente anarcosindicalista inicialmente se negó ya que tanto él como sus colaboradores veian que lo que se debía de hacer en el plano militar era reforzar el frente aragonés para lanzar una última embestida contra Zaragoza; mucho menos creia él conveniente abandonar sus posiciones en un momento en el que los ataques estalinistas contra las milicias y las colectividades empezaban a tomar fuerza ante la pasividad y la actitud conciliadora de la dirección de su propia organización CNT-FAI en Barcelona y Valencia. Hicieron falta las presiones de su antiguo compañero del grupo "Nosotros" y dirigente de la CNT García Oliver para convencerle que debía de ir a Madrid. Nadie sospechaba que sería en Madrid donde Buenaventura Durruti prestaría sus últimos servicios a la Revolución.

Es en la heroica defensa de Madrid, en los alrededores de la Ciudad Universitaria, donde el 21 de noviembre de 1936 Buenaventura Durruti recibió un tiro que acabó con su vida. Esa bala segó prematuramente la trayectoria de uno de los pocos dirigentes de la clase obrera que habían entendido plenamenente que la guerra contra el fascismo era también una guerra de clases. Durruti también fue de esos pocos líderes del movimiento obrero que conectó con los deseos de las masas trabajadoras y campesinas de tomar la derrota de los fascistas sublevados en Barcelona como el inicio de la transformación de la sociedad; de ahí el respeto que se le tenía incluso más allá de los circulos anarcosindicalistas. No es de extrañar que casi medio millón de personas acudieran a su funeral en Barcelona en un cortejo donde estaban todas las fuerzas políticas y sindicales de Barcelona.

Las consecuencias más inmediatas de la muerte de Durruti fue la retirada de la mayoría de los milicianos de su columna de la defensa de Madrid para volver al Frente de Aragón. La Columna permaneció en tierras aragonesas hasta que fue militarizada ya en 1937 y  adoptó el nombre de 26ª División. La militarización de la Columna Durruti no fue aceptada sin resistencia alguna.Hubo un gran número de milicianos que abandonaron la 26ª División y marcharon a Barcelona. Muchos fueron detenidos y encarcelados acusados de "deserción" por quienes ni siquiera habían pisado el frente. Los que quedaron en libertad entraron en contacto con las fuertemente radicalizadas Juventudes Libertarias y mantuvieron una lucha feroz contra su propia dirección que no hacía nada para parar el avance de la contrarrevolución. La Columna, ya militarizada, participó en la Batalla del Ebro y continuó en combate hasta que a principios de 1939 fue de las últimos batallones en huir hacia Francia. Una vez en el país vecino muchos de ellos iniciaron un periplo que empezó con el alistamiento forzoso en el Ejército francés, que les llevaría a la guerra en África para reconquistar el Chad. Otros acabaron en Mathausen, de los cuales casi ninguno sobrevivió. Hubo también un grupo que formó parte de la Resistencia Francesa, participaron en la liberación de Tolouse y al acabar entraron de nuevo al estado español y se integraron en los maquis que operaban en Asturias y los Pirineos.

En cuanto al legado político de Durruti, los estalinistas, los burgueses de ERC y el Comité Nacional de la CNT se encargaron de desdibujarlo, ocultar su inquebrantable compromiso con la independencia de la clase obrera y de paso todas las críticas que había hecho a sus propios compañeros por entrar en gobiernos de concentración nacional (de colaboración de clases) en Valencia y en Barcelona. Para alimentar el mito y hacer olvidar el contenido real de su mensaje, se rebautizó la barcelonesa Via Layetana como Avenida Durruti. Tal y como explicó Lenin años antes en relación a la deformación del mensaje de los revolucionarios:

"En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por derlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando el filo revolucionario de ésta, envileciéndola." V.I. Lenin, El estado y la revolución, Miguel Castellote Editor, Madrid 1976.

Aunque algo tarde, hubo un grupo de militantes cenetistas proveniente de las Juventudes Libertarias y excombatientes de la Columna Durruti que se opusieron a la deriva conciliadora de la dirección de la CNT y retomaron el auténtico mensaje del revolucionario leonés. Este grupo fue de los pocos que en las jornadas de Mayo de 1937 hicieron el último esfuerzo por salvar la Revolución española.  No en vano se hicieron llamar "Los Amigos de Durruti".

Hoy, 70 años después de la disolución de la Columna Durruti mediante el decreto de militarización, es un deber de los que aspiramos a transformar la sociedad el defender y continuar la labor que iniciaron aquellos hombres y mujeres, que mientras se enfrentaban a la barbarie fascista en el campo de batalla, llevaron a cabo una Revolución en la retaguardia que puso en jaque al sistema capitalista.

Bibliografía

Durruti en la Revolución Española, Abel Paz. Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1998.

Homenaje a Cataluña, George Orwell. Ed. Virus narrativa, Bilbao, 2001

Autogestión y Revolución Social, Las Colectivizaciones campesinas en el Aragón Libertario (1936-1938), Eduardo Laguens. Tesis Historia Política y Social Contemporánea, UB.

La Barcelona Rebelde, guía de una ciudad silenciada. Límites Octaedro, Barcelona, 2004

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