iu_extremaduraLas últimas elecciones autonómicas en Extremadura supusieron un enorme varapalo para el PSOE, que pagó duramente por su política de claudicación ante la gran banca y el capital perdiendo la mayoría en el parlamento regional. Un resultado que colocó al PP como la primera formación política y a los tres diputados obtenidos por IU ante importantes decisiones. Enfrentados a este escenario, los parlamentarios autonómicos de la coalición de izquierdas permitieron con su abstención la formación de un gobierno de derechas encabezado por José Antonio Monago, dando un paso decisivo al que han seguido otros. En una deriva nefasta de colaboración con el partido de la burguesía española, los dirigentes de IU en Extremadura llegaron en diciembre a un nuevo acuerdo con el PP para la aprobación de los presupuestos de 2012. En recompensa por todas estas muestras de apoyo, la derecha extremeña les ha premiado con el nombramiento de Ángel García Calle, candidato de IU por Badajoz, como director del Observatorio de Empleo de la Junta y con la entrada en el Consejo de Administración de la Radiotelevisión autonómica de Miguel Manzanera, coordinador del Área Programática de IU en la región.

Esta política impropia de personas que se dicen de izquierdas, y que incluso se presentan como “duros”, ha contado con la oposición de Cayo Lara, que ha recordado a estos dirigentes extremeños que la posición decidida por Izquierda Unida es la de no apoyar al PP “ni por activa ni por pasiva”. Por el contrario, su actitud comprensiva y de respaldo a la derecha también ha tenido algunos valedores significativos, entre otros, el de Julio Anguita, quien ha justificado este pacto con los enemigos declarados de la clase obrera con el argumento de que “sería un error exigirle a los compañeros de IU lo que el PSOE no ha exigido a los suyos cuando nos han arrebatado alcaldías para dárselas al PP”1. Curioso método este, que propone que las traiciones de los dirigentes del PSOE sean el punto de partida para la actuación de Izquierda Unida.
La colaboración de clases siempre ha sido el santo y seña de la socialdemocracia. Los ejemplos en la historia del movimiento obrero son muy abundantes, y trágicos por otra parte. En lo inmediato hemos visto al PSOE y el PP pactar una reforma constitucional para garantizar el pago de los intereses a la gran banca a costa del recorte salvaje de los gastos sociales; o a Patxi López gobernar en Euskadi con el apoyo del PP. Lamentablemente, esta política no es exclusiva de la dirección del PSOE. También en Euskadi, Ezker Batua gobernó anteriormente con el PNV, partido de la burguesía vasca; y en ayuntamientos de Andalucía, ahora y antes, IU llegó a pactos contra natura con la derecha.
Esta política de colaboración de clases es especialmente dolorosa para muchos militantes y votantes de IU, para muchos trabajadores que siguen siendo comunistas. ¿Cuándo los marxistas, los comunistas, hemos defendido o justificado apoyar a los partidos políticos de la burguesía? ¿Desde cuando lavar la cara a estos reaccionarios, o respaldar en el parlamento sus leyes, tiene algo de revolucionario? Por mucho que los que defienden este tipo de alianzas interclasistas se esconden tras una fraseología izquierdista, que a veces incluso adornan con una retórica anticapitalista, la realidad se impone: no hacen más que avalar una posición reformista, típica de los socialdemócratas de derechas y de elementos pequeño burgueses al margen del movimiento real de la clase obrera y sus intereses.

 

Las consecuencias de abandonar una política de clase

¿Cuáles son los argumentos esgrimidos por los defensores de estos pactos con el PP?  Pedro Escobar, diputado y coordinador regional de IU Extremadura, justificaba el apoyo a los presupuestos del PP afirmando que: “Los presupuestos suponen votar entre Guatemala y Guatepeor, pero tenemos que tomar la mejor decisión para los extremeños”2. Miguel Manzanera, a quien antes hacíamos referencia, remata la faena escribiendo en Rebelión que: “el PP aceptó las cláusulas que IU puso para gobernar, y ha hecho una política centrista y moderada, si la comparamos con lo que está sucediendo en otras autonomías”3.
Estos dirigentes, que supuestamente están a la izquierda del PSOE, consideran que su labor consiste en propagar la idea de que no hay más remedio que resignarse a elegir entre lo malo y lo peor. Respaldando el presupuesto del PP, que supone un recorte de casi 20 millones de euros para la universidad pública, el despido de trabajadores de la administración autonómica y la venta de bienes públicos, estos diputados no hacen otra cosa que compartir, nos da igual en que proporción, la lógica de la austeridad defendida no sólo por la el anterior gobierno Zapatero, sino también por Rajoy, Merkel o Sarkozy. ¿Que diferencia hay entre Toxo y Mendez —secretarios generales de CCOO y UGT— cuando firman la congelación salarial con la CEOE, con el argumento de que son tiempos económicamente difíciles, y estos diputados que apoyan al partido de los patronos con el argumento de que hay que elegir entre “Guatemala y guatepeor”?
Nunca es correcto reivindicar la figura del buen patrón, pero en una región en la que el desempleo es del 24% y un 39,2% de los niños se encuentran en riesgo de pobreza relativa porque viven en hogares que tienen unos ingresos inferiores al 60% de la media estatal4, roza lo absurdo. Por tanto, a pesar de que Pedro Escobar hable de los intereses de los “extremeños”, así en general, en Extremadura también hay clases sociales con intereses antagónicos.
Aún más pasmoso es el argumento del “centrismo popular extremeño”. ¿Alguien se puede creer que Monago y compañía discrepan con Rajoy en la necesidad de perseguir con saña cualquier iniciativa de la Memoria Histórica, homenajear al carnicero Fraga Iribarne, golpear la libertad de las mujeres con la contrarreforma de la ley del aborto, abaratar el despido, echar a la calle a decenas de miles de trabajadores del sector público y rematar la privatización de la sanidad y la educación pública?

En defensa de una política revolucionaria

Estos dirigentes, que también justifican su colaboración con el PP por las barrabasadas que el PSOE ha cometido en más de tres décadas al frente del gobierno extremeño, deberían escuchar la voz de la calle. Cuando cientos de miles de personas corean la consigna “lo llaman democracia y no le es” en las multitudinarias manifestaciones del 15-M, están poniendo el acento en el autentico papel de las instituciones de la democracia burguesa. Si escucharan y fueran consecuentemente de izquierdas, entenderían que la corrupción y el arribismo que imperan en ayuntamientos y parlamentos sólo se puede combatir con una firme política de izquierdas que desenmascare a estos reaccionarios que no hacen otra cosa que golpear al pueblo y aplicar medidas en contra de la clase trabajadora.
A nuestro entender, estos compañeros deberían abandonar su autocomplaciente papel de hábiles negociadores capaces de convertir a un tigre al vegetarianismo, y asumir que vivimos en una sociedad dividida en clases con intereses irreconciliables, y en un contexto de brutal crisis económica en el que la burguesía intenta aplastar a la clase obrera. Entonces, firmemente apoyados en un programa  anticapitalista  y clasista, utilizarían la tribuna para denunciar al PP y sus políticas procapitalistas, y no las respaldarían vergonzosamente. Denunciarían a todo aquel que argumente que no hay dinero para gastos sociales enumerando los beneficios empresariales, el dinero público regalado a la banca y a las grandes fortunas extremeñas. Explicarían que no es dentro sino fuera de los parlamentos, a través de la organización y la lucha donde la clase obrera y la juventud conquistan sus derechos, y defenderían una IU revolucionaria, ajena al trapicheo de los cargos y prebendas institucionales.

1. Agencia EFE, 21/6/2011.
2. Europa Press, 17/01/2012.
3. Las dimisiones en la Presidencia de Izquierda Unida de Extremadura, 30/11/2011.
4. Datos del estudio Infancia en España 2010-11,  publicado por Unicef.


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