La lucha LGBTTTIQ+ inició hace muchas décadas, aunque se visibiliza en EE. UU. con la rebelión de Stonewall en 1969, y en México con las travestis encabezando la marcha de apoyo a la Revolución Cubana en 1978. Sin embargo, desde el primer momento, el patriarcado, y su expresión económica actual el capitalismo, buscaron aburguesar, trivializar y mercantilizar el movimiento.

No obstante, para la década de los 90 la intensa lucha de les activistes había ejercido suficiente presión para que la homosexualidad fue sacada del catálogo de enfermedades psiquiátricas. Esas mismas luchas lograron también el reconocimiento de varios derechos, como el matrimonio del mismo sexo o a la identidad de género; tanto en las leyes, como en la regulación empresarial.

Aunque cabe aclarar que la aceptación de los derechos LGBTTTIQ+ por parte de las empresas no fue porque estuvieran a favor de la comunidad, sino por razones legales y mercantilistas. Por un lado, algunas leyes las obligaban a no discriminar a las disidencias sexo-genéricas. Por otro, descubrieron un mercado y crearon estrategias para venderles mercancías, y para vender a les miembres de la comunidad como mercancía.

Para lograr conquistar el mercado LGBT+ y vender mercancía LGBT+, las empresas necesitaban una imagen amigable con esta comunidad: gay-friendly, LGBT-friendly. Y emprendieron estrategias que les permitieran mostrar esta imagen y aumentar sus ganancias, sin que su posición ante las disidencias sexo-genéricas cambiara mucho.

A esta estrategia de imagen se le denomina pinkwashing, lavado rosa. Lavarse la cara en rosa, pintarse de LGTB-friendly para aumentar sus ganancias, particularmente en las fechas cercanas a la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+.

Y muy probablemente veremos a muchas empresas aceptando clientes LGBTTTIQ+ (que puedan pagar por sus productos o servicios), pero no contratando personas de esta comunidad, de acuerdo a su preparación y capacidades; impidiendo a las mujeres trans entrar a los baños de mujeres; y permitiendo internamente el acoso y el abuso a las expresiones sexo-genéricas disidentes. Y en el tope de sus estructuras jerárquicas, veremos sus dirigencias compuestas mayoritariamente por hombres cis hetero.

El pinkwashing es una simulación con fines comerciales. No permitamos que se laven la cara de rosa estos días mientras nos siguen discriminando el resto del año. El gobierno debe obligar a las empresas a cumplir con cupo laboral LGBTTTIQ+; especialmente para las mujeres trans.

Las personas LGBTTTIQ+ tenemos derecho a desarrollarnos libremente, sin escondernos y de acuerdo a nuestra preparación y capacidad.

¡No al pinkwashing!

¡Tenemos derecho a ser lo que somos!

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