Economía

El pasado 15 de noviembre 2008 quedó definido el Presupuesto De Egresos De La Federación (PEF) para el año 2009. Tres billones 45 mil 478.6 millones de pesos, es decir, el 23.5% del Producto Interno Bruto en México. El prespuesto más alto de la historia. ¿Qué significa esto?

El comercio exterior mexicano se lleva a cabo en 85% con Estados Unidos, que está sumergido en una profunda recesión. Las previsiones del Banco de México esperan que el PIB caiga el próximo año a menos de un punto porcentual, aunque es bastante probable que asistamos a un crecimiento negativo, es decir, no sólo no se crezca sino que se produzca menos que en 2008. El gobierno cuando elaboró el presupuesto 2009 esperaba que el PIB creciese un 3%, después tuvo que rectificar. Así que, Calderón presentó una edición del presupuesto el 8 de septiembre y tras el estallamiento de la crisis lo recortó, para después volver a reasignar entre 200 mil millones a ciertas dependencias, incluidos 53 mil millones para el llamado programa anticrisis, que representa apenas el 1.7% del presupuesto, es decir, nada.

Antes de ejercerlo, el presupuesto 2009 es ya deficitario, los números oficiales hablan de un déficit previsto de 1.8%. Esto significa que el déficit se cubrirá con deuda o con impuestos o con los dos conceptos. Seguirán reduciendo el gasto público y colocando la rodilla sobre la espalda de los trabajadores a través de impuestos y recortes salariales, para intentar rebajar el déficit público. Como siempre, si no luchamos por derribar al régimen Calderón y construimos una democracia obrera, seremos los trabajadores y campesinos pobres los que paguemos la factura de la crisis.

Pero, más allá de las cifras, el contenido político del presupuesto salta a la vista de manera evidente. De un lado y lo más trascendental es que se incrementa el presupuesto destinado al aparato represivo del Estado. Veamos los ejemplos más relevantes: la Secretaría de Seguridad Pública con relación al año pasado, tuvo un incremento de 62.2% (832 mil 916 millones 838 mil 380 pesos); la Procuraduría General de la República, un incremento de 29.2% (12 mil 309 millones 857 mil 565 pesos); Gobernación tendrá 25.1% adicional (9 mil 594 millones 007 mil 041 pesos); la Defensa Nacional con 19.4% más que el año pasado (43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos) y el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), tendrá un presupuesto de dos mil 439 millones 293 mil 945 pesos. Esto habla claramente de cómo la burguesía se prepara para la lucha de clases, tendiendo la cortina de humo de la “delincuencia”, pero en realidad para enfrentar a los trabajadores. De otro lado, el presupuesto intenta comprar la paz social reorientando endeble gasto, a todas luces insuficiente a comunicaciones, educación, salud y agricultura, sectores que fueron a los que más se incrementaron sus recursos. Con estos ajustes por ejemplo, la UNAM obtendría 690 millones adicionales al presupuesto originalmente presentado por Calderón, en tanto que el Instituto Politécnico Nacional recibiría 450 millones extra y la Universidad Autónoma Metropolitana 250 millones. A pesar de que en el PEF 2009 se aprobó un incremento de más de 15 mil 400 millones de pesos adicionales a educación pública, la inversión en el sector universitario y posgrado representa sólo un aumento de dos centésimas porcentuales del producto interno bruto (PIB), al pasar del ridículo 0.59 a 0.61%, cuando debería ser del 8% del PIB. En tanto que, de los 4 mil 600 millones de pesos extraordinarios destinados a educación básica, al menos 2 mil 500 millones están vinculados a programas de la llamada Alianza por la Calidad de la Educación (ACE). ¿Será quizás para que Elba Esther pueda sueguir relagalando camionetas Hummer?

En el caso del campo se asignó un monto total de 235 mil 858 millones de pesos, a través del Programa Especial Concurrente, del cual se hace alaraca de que es un monto muy superior al del año pasado; y de 48 mil millones para la construcción de infraestructura carretera y ferroviaria, pero a la par, sólo para desenmascarar el acto propagandístico, se aumentó el monto destinado a deuda pública en 289 mil millones de pesos, es decir, se destina más a la deuda que al destrozado campo mexicano.

Esta es la verdadera cara de la hipocresía propagandística del régimen, que anuncia “aumentos” al presupuesto, pero no dice que antes había recortado y ante la amenaza de una explosión social se vio obligado a hacer ajustes al alza, pero que quedan muy por debajo de las necesidades reales del gasto social.

En general, el gasto de la Administración Pública Federal se ubicará en 2 billones 247.2 mil millones de pesos, ¡casi 74% del total presupuesto! Esto es, tres cuartas partes del presupuesto se destinan al dispendio y manutención de un puñado de burócratas. Esto es una muestra contundente del enorme peso que significa el Estado burgués que sólo sirve para oprimir a los trabajadores y campesinos pobres, a cambio de dar una vida de faraones egipcios a los administradores de la burguesía, veamos tan sólo unos ejemplos:

  • La cámara de diputados se asignó un presupuesto de 5 mil 500 millones de pesos, esto es una tercera parte de lo adicional asignado a la educación pública.
  • El secretario de Hacienda el gordo Carstens gasta 3 mil pesos diarios en comida, gana gana 149 mil 582 pesos: tiene además un pago adicional de 66 mil pesos denominado “pago de riesgo” ¡por haberse arriesgado a regresar a México y dejar su cargo en el Fondo Monetario Internacional! Por si fuera poco, tiene asignados cuatro celulares, tres vehículos, 500 litros de gasolina al mes.
  • El director de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles, que además de su salario de 144 mil pesos tiene seguro de gastos médicos mayores, una prima vacacional de 24 días al año, 44 días de aguinaldo, vehículos y vales de gasolina. Igual que Luis Pazos de la Torre, titular de la Comisión Nacional de Defensa de Usuarios de Servicios Financieros.
  • Oficialmente el salario del espurio continuará siendo el más elevado del sector público, pues se le asignarán —sin incluir las prestaciones— 152 mil 467 pesos mensuales.
  • Los ex presidentes cuestan a los trabajadores más de 300 millones de pesos por el aparato que los rodea, incluida la pensión a Sasha Montenegro (viuda de José López Portillo).

El proceso de crisis se está agravando por la caída de los precios internacionales del petróleo que se han desplomado desde aproximadamente 100 USD a menos de 40 USD por barril. Por tal motivo las entidades (gobiernos de los estados) dejarán de recibir 8 mil 349 millones de pesos. Por donde quiera que se le vea en el horizonte se perfila una enorme explosión social, pugnas internas que llevarán a más asesinatos políticos y ajustes de cuentas entre la élite, como indicador de la descomposición del régimen.

No es suficiente con hacer llamados a la cordura y sugerir que el presupuesto se oriente al gasto social e inversión productiva, como intentó infructuosamente hacer el sector del PRD ligado a AMLO, a quienes la aplanadora del PRI—PAN—Derecha del PRD (Los Chuchos), derrotaron con 436 votos en contra de 44. Intentar convencer a la burguesía que deje de enriquecerse es como intentar convencer a un tigre de que se vuelva vegetariano.

Si bien las propuestas de AMLO son bienvenidas (como por ejemplo, quitarle las pensiones a los expresidentes), está claro que limitar la lucha al estrecho margen del parlamento, sin fundamentarlo preponderantemente con la lucha en las calles y organizando una poderosa huelga general para derribar a Calderón, la burguesía seguirá empobreciendo a la clase obrera y el campesinado cada vez más y más. La única alternativa que tenemos es luchar organizadamente rescatando a nuestros sindicatos y arrebatando el control del PRD a la derecha.

La presente versión es un resumen del artículo publicado en la página de internet militante.org: México y la crisis financiera: ¡Que la crisis la paguen los banqueros y empresarios!

El plan “anticrisis” de Calderón es una estafa para los trabajadores ¡Que la crisis la paguen los banqueros y empresarios!

México y el mundo entero están padeciendo ya los efectos de la peor crisis económica en ochenta años. El epicentro ha sido EEUU donde a estas alturas, producto del colapso financiero y sus secuelas, ya ha sufrido pérdidas equivalentes a 1.4 billones de dólares. Los estragos de la actual situación ya son muy importantes para la economía yanqui y las diferentes medidas adoptadas por el gobierno de Bush, el cual gastó 900 mil millones de dólares en su sistema bursátil desde agosto del 2007 al 21 de septiembre pasado para tratar de revertir dicha problemática, sin tener resultados favorables. La fuerte sacudida económica, que se ha agudizado desde el pasado septiembre, está impactando negativamente al conjunto de las principales economías del mundo, pues además del imperialismo USA, el panorama de la Unión Europea dista de ser optimista pues se calcula que este año su economía sólo crecerá en un 0.6% contra el 2.9% alcanzado en 2007. En Asia las cosas también marchan mal para los dos gigantes de la región: por su parte Japón ya reportó durante abril-junio el peor trimestre de desarrollo de su PIB a lo largo de siete años al registrar un crecimiento durante esos meses del 0.7%. Y en el caso de China, tan sólo en la industria juguetera se estima que a lo largo de este año quebrarán 3 mil 631 fábricas, número que equivale ya al 52.7% de las empresas del ramo. El espurio Calderón y su gobierno, durante agosto y septiembre pasado, se mantuvieron firmes en la idea de que los efectos de la crisis financiera mundial no tendrían significativas repercusiones sobre México, sin embargo, bastó una ligera sacudida que llevó al peso a una cotización superior a las 14.31 unidades por dólar, ameritando ello la intervención del Estado a través del Banco de México (BM) subastando 8 mil 900 millones de dólares, para detener la devaluación del peso. Por otra parte el gobierno de Calderón ha asumido la deuda de empresas como Comercial Mexicana, por 2 mil millones de dólares. Tras estos acontecimientos, Calderón no tuvo más remedio que aceptar que la crisis mundial afectará a México, razón por la cual finalmente presentó su plan “anticrisis” denominado Programa para Impulsar el Crecimiento y el Empleo (PICE) el cual no es otra cosa más que un nuevo asalto en despoblado para los trabajadores, tal como lo fue y lo sigue siendo el Fobaproa-IPAB.

Efectos de la crisis en México

Un informe del INEGI destaca que tan sólo en agosto pasado se registraron 900 cierres de empresas; incluso gigantes industriales como CEMEX y TELMEX, registraron pérdidas durante el tercer trimestre de este año en un 74% y 42.8% respectivamente. Por su parte, la industria automotriz ha visto caer su producción en un 4.7% a consecuencia de que las exportaciones, prácticamente dirigidas en su totalidad a los EEUU, se han recortado un 14.7% en lo que va del año. En el Estado de Aguascalientes ya se están desarrollando paros técnicos en la industria metalmecánica obligando a los obreros a recibir el 50% de sus salarios. En el sector financiero los inversores de la BMV han optando por otras latitudes en búsqueda de mejores utilidades, haciendo que el valor de siete de las 36 principales empresas que cotizan se reduzca drásticamente a menos de la mitad de su cotización en 2007 y que otras 17 de estas acciones registren “pérdidas en ascenso”. La BMV de enero a octubre suma pérdidas por 2.1 billones de pesos, 47% menos sobre las utilidades logradas en 2007. La crisis financiera ha profundizado y acelerado una tendencia que se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos años, desde el 2001 el PIB creció únicamente 0.2% para después, en 2006, alcanzar los 4.8 puntos porcentuales y así para, durante el primer año del gobierno del fraude electoral, reducir su crecimiento al 3.3%. La producción industrial creció en todo 2006 en un 5%, un año después este índice sólo alcanzaría un raquítico 1.4%. Y para este año las cosas pintan peor pues entre enero y agosto la producción sólo logró desarrollarse el 0.6%. El decrépito capitalismo mexicano está ante la seria posibilidad de un colapso económico con dimensiones similares o superiores a la crisis de 1994-95, la cual sigue siendo considerada la peor de toda nuestra historia. La clase trabajadora ha tenido que cargar con la crisis. El IMSS durante julio y agosto pasados registró la pérdida de 22 mil plazas laborales; ya en este septiembre el índice de desempleo abierto alcanzó al 4.25 de la Población Económicamente Activa (PEA), siendo éste el registro más alto desde agosto del 2004. De acuerdo al propio empresariado, las condiciones dominantes permitirán que en el mejor de los casos en este 2008 sólo se generen 300 mil empleos, cantidad lejana a las 800 mil nuevas plazas fijadas como objetivo por el gobierno.

El fraude del Plan Anti-crisis

Calderón ha propuesto su tan mentado plan “anticrisis”, con el cual se busca repeler el impacto de la crisis financiera sobre México. La estrategia comprende el desarrollo de obras de infraestructura de parte del Estado por una cantidad equivalente a los 53 mil millones de pesos, la inversión de 12 mil millones de pesos para una nueva refinería de PEMEX, la desgravación de algunos impuestos, así como 90 mil millones de pesos de financiamiento para la iniciativa privada, esta última medida para poner a disposición del sector empresarial toda la “liquidez” (dinero) que sea necesaria y asegurar con ello el “no interrumpir la canalización de créditos”. Estas medidas a la par de la subasta de dólares para mantener la estabilidad en la paridad entre el peso y el dólar. La economía mexicana está fuertemente vinculada a la de los EEUU, y las enormes vicisitudes económicas del imperialismo yanqui inevitablemente arrastrarán a México. Durante la última década y media las exportaciones al mercado norteamericano han sido el principal motor de nuestra economía aportando más del 60% del PIB. En 2006 las exportaciones crecieron un 16.8%, un año después nada más lo hicieron al 3.2%. Y de acuerdo al BM, la perspectiva para este año es la de un crecimiento entre el 2.3 y el 2.4%. Para que esta tendencia cambie, se necesita que los EEUU experimenten una pronta e importante recuperación económica. La desaceleración de la industria yanqui también está afectando a las exportaciones por medio de la reducción de los ingresos de divisas por la venta petróleo. A la fecha la demanda por petróleo de parte los EEUU ha caído en dos millones de barriles diarios. Ello ha empujado los precios internacionales de este energético a su nivel más bajo desde el 3 de julio, día en que el precio reportó su máximo histórico llegando a los 145 dólares por barril en el caso del West Texas y los 131.24 dólares para la mezcla mexicana. El viernes 24 de octubre, el barril mexicano ya se cotizó en el mercado a 51.03 dólares, 80 dólares menos al precio del 3 de julio y 18.97 dólares por debajo de los 70 dólares por barril estimados por el gobierno para definir sus ingresos para las finanzas públicas del 2009. El petróleo significa la principal fuente de divisas para México y cubre el 40% del gasto público, ello quiere decir que la tendencia que están experimentando ya los precios internacionales de esta materia prima se está transformando en un durísimo revés para la economía nacional. Ante esta clase de dificultades Calderón conminó a los empresarios a valorar las virtudes de la devaluación del peso para fortalecer las exportaciones. Calderón piensa que es posible que se repita el milagro que hace algunos años condujo a México al ranking mundial de los países exportadores, ubicándose en el décimo lugar a finales de la década de los años 90. Sin embargo, no basta que el peso se abarate frente al dólar, para que las exportaciones se recuperen se requiere que el mercado de los EEUU esté en condiciones de mantener e incrementar su demanda, lo cual no ocurrirá. Otra fuente de divisas de la cual dependen millones de mexicanos, son las remesas. Al respecto, en el documento Perspectivas para la Revolución en México, debatido y aprobado en el XIII Congreso Nacional de la Tendencia Marxista Militante desarrollado en febrero del 2008, señalamos lo siguiente: “Entre 2003 y 2006 las remesas crecieron en un promedio anual del 19.1%, si bien en ese último año se logró un resultado aceptable, esos mismos meses ya marcan la tendencia a la baja que se vive hasta el día de hoy; durante el año pasado el ritmo de crecimiento de las remesas fue de la siguiente manera: 1er trimestre, 27.5%; 2do trimestre, 19.7%; 3er trimestre, 10.7%; 4to trimestre, 5.5%. Y ya en el caso del primer trimestre del 2007, el crecimiento apenas fue del 3.4%. Sobre esta última cifra un análisis del BM destaca que en realidad el crecimiento de este primer trimestre fue tan sólo del 0.6%”. Las remesas reportaron durante agosto una caída del 12.2% respecto al mismo mes del año pasado, significando un ingreso total para la economía nacional durante los primeros nueve meses del 2008 de 15 mil 553 millones de dólares, cantidad 4.2% inferior a la lograda en el mismo periodo del 2007.

La crisis apenas comienza

Sin embargo, lo peor aún está por venir, las medidas impulsadas por Bush a partir de la intervención del Estado con multimillonarias sumas de dólares sobre el sistema financiero son síntomas que anticipan el que esta crisis se profundizará aún más de lo que hemos visto hasta el momento, arrastrando a México. Ante esta realidad tan patente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha planteado una perspectiva de crecimiento para los EEUU de 1.6% en 2008 (porcentaje menor al del 2007 cuando se llegó al 2%) y de 0.1% en 2009. El FMI estima que en el año que entra, el conjunto de las economías industrializadas experimentarán un crecimiento del cero por ciento o negativo. Estos cálculos del FMI significan un pésimo augurio para la economía mexicana par la cual se estima que este año crezca, de acuerdo al BM, tan sólo entre 2.2 y 2.7%, porcentaje por debajo del 3.7% para el PIB que Calderón se fijó como objetivo para 2008. Calderón estima que en 2009 la economía nacional se desarrollará en un 1.8%. Aun así, incluso de lograrse ese 1.8% se trataría de un resultado pésimo pues se calcula que con ese ritmo la industria decrecerá un 1% en 2009. Dicho en otras palabras, bajo este panorama lo único que se puede esperar para el año entrante es la quiebra de más empresas y un número mayor de despidos. Los tormentosos 8, 9 y 10 de octubre demostraron la enorme fragilidad de la moneda nacional que ahora se ha devaluado y con ello la deuda externa del sector privado, ha pasado de 804 mil 680 millones hasta los 921 mil 100 millones de pesos. La devaluación encareció en más de 100 mil millones de pesos la deuda, siendo esta diferencia una cantidad que rebasa los 90 mil millones ofrecidos por el plan “anticrisis” de Calderón. Otro ejemplo de los efectos negativos de la devaluación, es el encarecimiento de las importaciones, las cuales se han elevado en un 40% entre septiembre y octubre. Esto tendrá un impacto inflacionario elevando los costes de operación y producción de la industria, además de abaratar los salarios reales de los trabajadores. Una expresión de la forma en que esta última problemática afectará a la clase trabajadora, son los aproximadamente 20 mil millones de dólares a que México se ve obligado a gastar cada año para importar alimentos. Pero el rosario de predicamentos de Calderón y su plan “anticrisis” ahí no termina, otra cruz que tendrá que cargar es la nada moderada fuga de capitales. A este respecto, en lo relacionado a mexicanos con cuentas de depósito en bancos extranjeros, particularmente de los EEUU, la suma acumulada al finalizar el 2007 ya era de los 82 mil 522 millones de dólares, para que a lo largo del primer semestre se agregarán a esta cantidad otros 11 mil 701 millones más. En total por ese medio han salido del país 94 mil 233 millones de dólares, cantidad superior a los poco más de 84 mil millones de dólares que integraban las reservas internacionales del BM antes del 8 de octubre. Es importante destacar la fuga de capitales pues se trata de una tendencia que inevitablemente va en contra sentido de las intenciones del plan “anticrisis” de Calderón, este fenómenos refleja de una manera nítida hasta dónde la burguesía tiene confianza en el destino de la economía mexicana y en la propia capacidad de Calderón para actuar y revertir o atenuar los problemas. Desafortunadamente para el presidente espurio este movimiento de capitales hacia destinos más seguros demuestra que la desconfianza entre la burguesía cada vez es mayor, resultando este estado de ánimo por sí mismo un estupendo termómetro para medir las posibilidades de la economía.

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

La verdad es que basta una mirada un poco detenida sobre una serie de factores para concluir que el panorama es enormemente sombrío y que el plan “anticrisis” es demasiado limitado para cumplir con su objetivo. Pero el tan mentado plan no para ahí, en lo que verdaderamente consiste es en trasferir capital a la burguesía a través de los fondos públicos. Resulta curioso que Calderón esté poniendo a disposición de la burguesía varios millones de pesos, de “liquidez” para que no se interrumpa el otorgamiento de créditos. Esa aseveración es absurda, si hay un sector que se ha visto especialmente beneficiado de la economía mexicana es la banca, la cual mantiene al país en una sequía de créditos desde hace ya más de una década. En la actualidad solamente el 18% de las empresas tiene acceso al crédito de la banca, mientras que aproximadamente el 60% de éstas tienen en sus proveedores a su única fuente de crédito. El escaso crédito otorgado por la banca, contrasta con sus ganancias producto de la especulación y el parasitismo, las cuales sumaron al concluir el primer semestre de este 2008 la estratosférica cifra de los 17 billones 485 mil millones de pesos, 27.3% más de lo logrado un año antes. Esa cantidad equivale a ¡¡¡una vez y medio el valor anual del PIB mexicano!!! De esa enorme fortuna los bancos solamente destinan el 10% al crédito. ¿Con tanto dinero en las bóvedas de los bancos es válido hablar de falta de “liquidez” para darle continuidad al crédito? Definitivamente hay dinero suficiente y está en manos del parasitario capital financiero, pero los banqueros no están dispuestos a “tomar riesgos” menos ahora que las turbulencias están sacudiendo al sistema financiero mundial. Para tomar riesgos existe el dinero del Estado el cual además, cada que es puesto al alcance de los banqueros, como ha sido el caso del Fobaproa-IPAB por ejemplo, se trasforma en jugosos negocios para los Barones del Dinero. Para esta clase de especuladores además han sido puestas a su servicio las reservas internacionales, las cuales son fondos que se acumulan en el BM como resultado de las transacciones mercantiles con el exterior. La necesidad de la burguesía por proteger sus fortunas y negocios ante la adversidad de la crisis, obligó una demanda desmedida de dólares por parte de ésta para sustituir una momeada débil como lo es el peso y poder también sacar provecho de paso a la inevitable devaluación de la moneda nacional. Con esta medida los especuladores forzaron una mayor oferta de divisa yanqui la cual vino del BM de México, el cual entre el 8 y 16 de octubre ya había subastado 10 mil 800 millones de dólares. Esa subasta ya significó el empelo de aproximadamente 10% de las reservas internacionales en apenas 72 horas. Para evaluar la magnitud del descalabro basta comparar la cantidad subastada durante esos días y las desarrolladas a lo largo de todo diciembre de 1994, mes en el que estalló la peor crisis económica de toda la historia de México: en aquel entonces durante todo ese mes el BM, para tratar de impedir el desplome del peso, subastó 6 mil 336 millones de dólares pues para el 20 de diciembre de ese año el valor del peso frente al dólar ya se había desplomado 15%. Las subastas de dólares del BM fueron incapaces de frenar ese fenómeno y la momeada nacional terminaría experimentando una devaluación del 83% a lo largo de 1995 y del 173.82% al concluir la administración de Ernesto Zedillo en el año 2000. Desafortunadamente para Calderón, las subastas del BM, que al 16 de octubre ya habían hecho que las reservas internacionales pasaran de 84 mil 116 millones a 74 mil 316 millones de dólares, no han logrado frenar el descenso del peso el cual a estas alturas ya ha perdido más del 40% de su valor frente al dólar. Eso a pesar de que la suma subastada entre el 8 y 16 de octubre pasados representa una cantidad de un tercio mayor a los dólares subastados a lo largo del fatídico diciembre de 1994. El problema es que conforme pasen las semanas y los meses y conforme la crisis económica del mundo y de México se extienda y profundice, a riesgo de que se presente un colapso estrepitoso del peso, Calderón tendrá que echar mano de más dólares para subastarlos creando una enorme presión y contradicción frente a otro hecho insoslayable: la merma de la actividad económica en el mundo y en particular en los EEUU crearán un ambiente en el que las diferentes fuentes de las que provienen los dólares para las reservas del BM desempeñarán este papel de manera cada vez más limitada, transformándose todo ello en una genuina bomba de tiempo para el peso, la economía nacional y Calderón. Todas las repercusiones de la crisis y las medidas que adopten tanto la burguesía como Calderón para tratar de contrarrestarla, necesariamente serán pagadas por los trabajadores. La burguesía necesita exprimir hasta la última gota de sangre a los trabajadores para salvar sus privilegios, en condiciones como éstas, las políticas de ataques impulsados por el gobierno de Calderón contra los intereses del pueblo trabajador les resultan de máxima prioridad a los banqueros y empresarios pues no tienen otro camino a seguir. De ahí su empeño por privatizar al petróleo y es sólo cuestión de tiempo para que actúen contra los derechos laborales sustentados en la Ley Federal del Trabajo.

La única salida a la crisis es acabar con el capitalismo

En condiciones de crisis económica, colapsarán aún más los niveles de vida y las condiciones laborales de la clase obrera. La crisis actual es un firme testimonio de que el capitalismo es un sistema que ha dejado de ser viable y que sólo genera problemas para la humanidad. Esta crisis financiera también demuestra que las ideas de los grandes pensadores del socialismo científico, Marx, Engels, Lenin y Trotsky, son más actuales que nunca. Como nunca antes en la historia del capitalismo los acontecimientos se han encargado de ratificar la certeza de cada uno de los postulados de estos grandes revolucionarios. La burguesía ha machacado a los trabajadores mexicanos durante décadas, los choques entre las clases han alcanzado en los últimos años niveles no vistos en décadas, siendo los de especial relevancia los acontecimientos revolucionarios del 2006; insurrección en Oaxaca y la fenomenal lucha contra el fraude electoral encabezada por López Obrador. Y los dos años subsecuentes también hemos visto estupendas reacciones de los trabajadores contra la funesta nueva Ley del ISSSTE, en defensa del petróleo y más recientemente contra la Alianza por la Calidad de la Educación impuesta por los charros del SNTE y la Secretaría de Educación Pública, por citar algún ejemplo. En los últimos años ahí donde se han lanzado ataques, siempre ha habido respuesta de parte de los trabajadores. Los marxistas no hacemos una relación mecánica entre el ciclo económico y la lucha de clases, la historia demuestra que no necesariamente una crisis económica tiene que lanzar a las masas a luchar a las calles contra sus opresores; incluso, en el caso contrario, la historia también está llena de ejemplos en los que los trabajadores hacen huelgas y movilizaciones de masas en momentos de auge económico. Ante ello, y ante la valoración de la trayectoria reciente y del estado actual de la lucha de clases en México, tenemos que destacar que en términos políticos no es lo mismo afrontar esta clase de crisis económicas cuando el proletariado se encuentra derrotado y desmoralizado a hacerlo en un momento de ascenso del movimiento de los trabajadores. En nuestro país este último es el caso, la lucha proletaria continúa en una etapa ascendente y aún no se experimenta una derrota dolorosa como para desmoralizar al movimiento. En este ambiente de crispación y polarización social, las secuelas de la crisis se trasformarán en un acicate más para la revolución y para nuevos y más profundos estallidos sociales. Esta nueva etapa de lucha caracterizada no sólo por una mayor polarización social, sino además por un capitalismo mostrándose con su rostro más descarnado y decrépito, estimulará ideas y conclusiones revolucionarias entre los trabajadores, favoreciendo de manera formidable el desarrollo del programa socialista en el movimiento. La clave para capitalizar esas inquietudes es que los marxistas se mantengan firmemente vinculados a los trabajadores y sus organizaciones exponiendo su programa e insistiendo en la necesidad de expropiar a los banqueros y empresarios como única solución ante la decadencia del capitalismo, además de agitar en torno a consignas como la unidad en la acción del movimiento obrero, por la huelga general y por el derrocamiento de Calderón. Los trabajadores no tenemos otra vía, la única manera de frenar los nocivos efectos de la catástrofe capitalista es eliminando junto al Estado burgués, a la propiedad privada sobre las principales palancas de la economía para ponerlas bajo el control de los trabajadores. 23 de octubre de 2008.

¡Que la crisis la paguen los capitalistas! Manifiesto de la Corriente Marxista Internacional ¡Por los Estados Unidos Socialistas de Europa!

El potencial productivo de Europa es tremendo. Con una población de 497 millones y una renta per cápita de 32.300 dólares, es una fuerza formidable que podría potencialmente desafiar a los poderosos Estados Unidos. Pero este potencial nunca se materializará bajo el capitalismo. Todos los intentos de avanzar en la unificación de Europa han chocado contra la roca de los intereses nacionales enfrentados. El inicio de la recesión servirá para profundizar estas divisiones y poner un signo de interrogación sobre el futuro de la misma UE.

La formación de la Unión Europea fue una admisión tácita del hecho de que es imposible resolver los problemas de la economía dentro de los límites estrechos del mercado nacional. Pero sobre bases capitalistas la unidad de Europa no se conseguirá jamás. En una crisis afloran las contradicciones entre los capitalistas de los distintos estados nacionales. La crisis actual ha sacado a la luz las fisuras ocultas y demostrado el sinsentido que representa toda la demagogia sobre la unidad europea. A pesar de las afirmaciones de Sarkozy, las relaciones entre los líderes europeos son muy tensas, por no hablar de las relaciones entre los líderes de Francia y Alemania, los dos países clave de la UE.

La declaración unilateral del gobierno alemán de "garantizar" el billón de euros de los depósitos bancarios privados de ese país pilló desprevenidos a los demás gobiernos de la UE y representó un pisotón a la promesa de cooperación europea alcanzada previamente en la mini-cumbre de París a la que asistieron los líderes de Francia, Alemania, Gran Bretaña e Italia. La acción alemana representaba la amenaza de sacar los ahorros de los bancos en otros países para llevarlos a los bancos alemanes. Los otros países estaban furiosos. ¿Pero cuál es la diferencia entre esto y la declaración del gobierno irlandés de garantizar todos los depósitos de sus seis principales bancos durante dos años? ¿O la promesa frecuente del gobierno británico de que adoptaría "todas las medidas posibles" para proteger a los ahorradores? ¿O la promesa de Sarkozy de que los ahorradores privados franceses no perderían ni "un solo euro"?

Esta acción demostró la hipocresía de la Comisión Europea, que considera un desafío la medida irlandesa pero más tarde no dice nada de la "promesa" de Berlín. ¿Cuál es la diferencia entre Irlanda y Alemania? Sólo que Irlanda es un país pequeño y Alemania grande, además de controlar los hilos de la UE. Una sucesión de gobiernos de la UE aprobó garantías similares, incluidos Suecia, Dinamarca, Austria y Portugal, para evitar que los ahorradores huyeran a los bancos alemanes (o irlandeses).

En realidad cada gobierno nacional intenta poner en primer lugar sus propios intereses. Las suspicacias mutuas de los gobiernos de la UE salen a la superficie tan pronto como se han enfrentado a una crisis. Cada gobierno debe luchar para afrontar el pánico que se extiende desde el otro lado del Atlántico mediante instituciones financieras europeas. Washington, con un gobierno y un sistema político, tiene dificultades para hacer frente a la crisis global de crédito. La UE tiene una única moneda y un solo mercado pero 27 gobiernos, sin un sistema global de supervisión bancaria o gobierno económico.

Es imposible unir economías que empujan en diferentes direcciones y los gobiernos europeos están pagando el precio de crear una moneda única sin las instituciones o sistema regulador capaz de manejar una única economía. En el próximo período inevitablemente aparecerán tendencias proteccionistas. Los intentos de los gobiernos individuales de atraer miles de millones de euros en ahorros de otros países son un anticipo de la política de "fastidiar al vecino" que podemos esperar según se profundice la crisis.

Sylvester Eijffinger, de la Universidad de Tilburg, asesor monetario del parlamento europeo, dijo lo siguiente: "Esto es una llamada de atención. Primero tuvimos integración económica, después tuvimos integración monetaria. Pero nunca desarrollamos una integración política y reguladora paralela que nos permitiera afrontar una crisis como a la que hoy nos enfrentamos". Son tales las tensiones entre los estados nacionales que en el próximo período incluso podría ponerse en cuestión la propia existencia del euro. No es inconcebible que la UE pudiera romperse o al menos salir con sus estructuras radicalmente alteradas y que la UE quedase reducida a poco más que una unión aduanera débil.

La UE en realidad es un club capitalista dominado por los bancos y grandes monopolios de los estados miembros. Los nuevos estados miembros de Europa del Este son utilizados como una fuente de mano de obra barata, con precios "europeos" y salarios "del Este". Por otro lado, la UE es un bloque imperialista que explota a las antiguas colonias de los países europeos en África, Oriente Medio, Asia y el Caribe. No hay nada progresista en eso. La única forma de conseguir el verdadero potencial de Europa es con el establecimiento de una federación socialista, que integraría las fuerzas productivas de Europa en un plan común. Esto se combinaría con la máxima autonomía para todos los pueblos de Europa, incluidos vascos, catalanes, escoceses, galeses y demás nacionalidades y minorías nacionales y lingüísticas. Pondría las bases para una solución pacífica y democrática del problema nacional en países como Irlanda o Chipre. La federación socialista se formaría estrictamente sobre bases voluntarias con total igualdad para todos los ciudadanos.

Nuestras reivindicaciones

1)   ¡No a la Europa de los burócratas, bancos y monopolios!
2)   Expropiación de los bancos y monopolios, creación de un plan socialista de producción integrado y democrático.
3)   Fin de toda discriminación contra los inmigrantes, mujeres y jóvenes. ¡A igual trabajo, igual salario!
4)   Desarrollo de lazos entre los activistas sindicales de Europa y a escala global. ¡Por un frente único de trabajadores combativos contra las grandes transnacionales!
5)   ¡Por los Estados Unidos Socialistas de Europa!

Europa del Este, Rusia y China

El comienzo de la recesión en Europa occidental está agravando los problemas de las llamadas economías emergentes de Europa del Este, donde los inversores están deshaciendose de sus activos de mayor riesgo huyendo hacia destinos más seguros. Las economías relativamente débiles de Europa del Este pagarán un precio caro por su enredo en la economía capitalista mundial. Ya se esperan caídas bruscas del crecimiento y un aumento de la pobreza en Rusia, Ucrania y Rumania. A pesar del crecimiento económico de algunas zonas de Europa del Este, el crecimiento per cápita del PIB para la región en general se espera que sea cero.

Hungría se prepara para la "realidad de la recesión" y se espera que el PIB se encoja el próximo año, según reconoce el primer ministro Ferenc Gyurcsany. El gobierno cuando elaboró el presupuesto para el próximo año esperaba que el PIB creciese un 3 por ciento. Ahora se enfrenta a grandes recortes y al aumento del desempleo. La crisis financiera llega sólo dos años después de que Gyurcsany aumentara los impuestos y redujese los empleos del sector público y las ayudas a los productos energéticos para las familias, con la intención de reducir el gran déficit público que tenía respecto a la Unión Europea.

El gobierno húngaro se vio obligado a buscar un préstamo urgente de 5.000 millones de euros del Banco Central Europeo. Sofocado por el abrazo de los banqueros internacionales, Hungría tendrá que reducir el gasto público para intentar rebajar el déficit público. Como siempre, serán los trabajadores y campesinos los que paguen la factura. El gobierno propone congelación salarial, supresión de las bonificaciones a los trabajadores públicos y reducir el déficit presupuestario a un 2,6 por ciento del PIB. Polonia y otros países de Europa del Este están sólo un paso por detrás de Hungría.

Los pueblos de Europa del Este se unieron a la UE con la idea de que disfrutarían del tipo de nivel de vida que veían en Alemania o Francia. Pero estas ilusiones pronto se comprobó que eran falsas. Una pequeña minoría de la población se enriqueció gracias al saqueo de la propiedad pública a través de las privatizaciones. Pero la mayoría de los polacos, checos, eslovacos y húngaros no han sacado ningún beneficio del regreso al capitalismo. Durante el boom fueron explotados como mano de obra barata en los países más ricos. Ahora Europa del Este se enfrenta a la bancarrota. Y el colapso económico en Europa del Este arrastrará a las economías de Austria y a otros países de la UE muy expuestos en esta región.

En ninguna otra parte de Europa las consecuencias de la restauración capitalista han sido tan serias como en los Balcanes. La ruptura de Yugoslavia fue un acto criminal que ha llevado a una serie de guerras fratricidas, terrorismo, asesinato de masas y genocidio. Esta monstruosa situación ha tenido consecuencias catastróficas para millones de personas que antes disfrutaban de un nivel de vida bueno, de paz y pleno empleo. Ahora muchos echan la vista atrás y sienten nostalgia de la vieja Yugoslavia. El capitalismo no les ha traído otra cosa que guerra, miseria y sufrimiento.

La situación a la que se enfrenta Rusia no es mucho mejor. Aquí la contradicción es aún más manifiesta que en Europa del Este. La restauración del capitalismo no ha beneficiado a la aplastante mayoría de los ciudadanos de la antigua Unión Soviética. Ha creado una oligarquía obscenamente rica, que está estrechamente vinculada a los elementos criminales. Pero es una ínfima minoría. Para millones de rusos las dos décadas pasadas sólo han significado miseria, hambre, sufrimiento y humillación. Ha supuesto el colapso de los servicios sanitario y educativo, que eran gratuitos para todos los ciudadanos en los tiempos soviéticos, así como el colapso de la cultura, el empobrecimiento general y la desigualdad.

Durante algún tiempo, la gente pensó que lo peor había pasado y que la economía se recuperaba de la profunda recesión que siguió al colapso de la URSS. Pero ahora Rusia se enfrenta a la peor crisis financiera desde el colapso de 1998. La caída del precio del petróleo, un reflejo de la recesión mundial de la demanda, ha empujado la economía a la crisis. El anterior ambiente de optimismo en Moscú se ha evaporado después de las abruptas caídas de la bolsa, que se ha tenido que cerrar debido a la intensa turbulencia. Como el cuento de hadas de la bruja Baba Yaga, el capitalismo ruso es una cabaña construida sobre patas de gallina. La crisis se revela en el reducido volumen de la construcción, el desempleo y las restricciones a abrir nuevas líneas de crédito para empresas privadas.

La crisis ha obligado al gobierno a seguir el camino de Washington y Londres, gastando miles de millones de dólares de dinero público para rescatar empresas privadas. Se han destinado más de 200.000 millones de dólares a préstamos, reducciones de impuestos y otras medidas. Pero los ciudadanos rusos corrientes se preguntarán por qué el dinero público se debe utilizar para el rescate de los oligarcas que se han enriquecido saqueando el Estado durante el último período. Si la empresa privada y el mercado se supone que son superiores a la economía nacionalizada y planificada, ¿por qué el sector privado ahora necesita el apoyo del Estado?

La situación es aún peor en otras antiguas repúblicas soviéticas, como es el caso de Ucrania, donde la pobreza va acompañada de inestabilidad política,corrupción y caos. Para los pueblos del Cáucaso y Asia Central ha sido una absoluta calamidad. Georgia, Armenia y Azerbaiyán están en una situación de guerra constante y las masas además soportan la pesada carga del gasto militar. El terrorismo se extiende desde la ocupada Chechenia a otras repúblicas. La guerra en Afganistán amenaza con desestabilizar no sólo Pakistán sino también toda Asia Central.

Hay un viejo refrán que dice: "La vida enseña". Mucha gente en Rusia, Ucrania y Europa del Este ahora dicen: teníamos problemas antes, pero al menos teníamos pleno empleo, una casa, sanidad y educación gratis. Ahora estos países se enfrentan a la ruina y el desempleo de masas. Los pueblos del Cáucaso anhelan el regreso a la paz y la estabilidad. Nadie quiere un regreso a la burocracia o la dictadura totalitaria. Pero un régimen genuinamente socialista, como el régimen de democracia obrera establecido por Lenin y Trotsky después de la Revolución de Octubre, no tiene nada en común con la grotesca caricatura estalinista que surgió tras la muerte de Lenin.

Eso fue el resultado del aislamiento de la revolución en unas condiciones de atraso extremo. Pero ahora, sobre la base del avance de la industria, la ciencia y la tecnología conseguida durante los últimos noventa años, se han creado las condiciones objetivas para un avance rápido hacia el socialismo. Lo que hace falta es el establecimiento de una federación socialista voluntaria donde la economía esté en manos del Estado, y el Estado esté bajo el control democrático de los trabajadores y campesinos. Pero la condición previa para esto es la expropiación de los oligarcas, banqueros y capitalistas.

La crisis mundial está teniendo un impacto importante en la economía china. El crecimiento económico chino depende mucho de las exportaciones y en el pico de este reciente boom la tasa anual de crecimiento de las exportaciones alcanzó la cifra del 38 por ciento (en el tercer trimestre de 2003). Ahora la cifra del último trimestre ha revelado una caída aproximada del 2 por ciento y con ella hemos visto también una importante desaceleración de los pedidos manufactureros en los últimos meses. Los comentaristas burgueses serios discuten ahora si la producción china sufrirá una "desaceleración gradual" o una "caída abrupta".

Stephen Green, experto en economía china de Standard Chartered, ha pronosticado que las exportaciones podrían caer hasta "cero o incluso tener un crecimiento negativo" el próximo año. Lo estrechamente unida que está China a la economía mundial se vio en un reciente cálculo de JP Morgan Chase que prevé una caída del 5,7 por ciento de las exportaciones chinas por cada porcentaje de punto que caiga el crecimiento económico global. Esto supondrá cierres de fábricas masivos en toda China con millones de trabajadores enfrentándose al desempleo.

En 2007 el crecimiento fue del 12 por ciento y en 2008 ya se ha desacelerado hasta el 9 por ciento, pero la caída podría ser aún mayor. En la zona que rodea Hong Kong más de dos millones de trabajadores podrían perder sus empleos en los próximos meses. Esto viene acompañado del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y una caida brusca de los precios inmobiliarios, dejando a muchas familias chinas con un valor negativo, es decir, una hipoteca que supera el valor del precio de sus viviendas. Esto está teniendo un impacto en el mercado interior. La respuesta del gobierno chino ha sido recurrir a un paquete económico para estimular el crecimiento.

Necesitan mantener un crecimiento superior al ocho por ciento para conseguir cierto grado de estabilidad social. Es verdad que China ha acumulado enormes reservas. Pero éstas no compensarán la pérdida de mercados exteriores cuando la economía mundial se hunda más en la recesión. Como resultado de esta situación se está extendiendo el malestar laboral y ya ha habido una oleada de protestas para exigir el pago de los salarios, con bloqueos de carreteras y piquetes en las fábricas. Como en Rusia y Europa del Este, igual en China, habrá una violenta reacción contra el capitalismo. Las ideas del marxismo ganarán terreno y preparará el camino para un movimiento nuevo e irresistible hacia el socialismo.

Nuestras reivindicaciones:

1)   ¡No a la privatización y por el abandono de la economía de mercado!
2)   ¡Abajo los oligarcas y los nuevos ricos! ¡Por la renacionalización de las empresas privatizadas sin compensación!
3)   ¡Por la democracia obrera!
4)   ¡Abajo la burocracia y la corrupción! ¡Los sindicatos deben defender los derechos de los trabajadores!
5)   ¡Los partidos comunistas deben defender una política comunista! ¡Regreso al programa de Marx y Lenin!
6)   ¡Por la reintroducción del monopolio estatal del comercio exterior!

La crisis del "Tercer Mundo"

La crisis actual sin duda golpeará más duramente a los países pobres de África, Oriente Medio, Asia y América Latina. Incluso en el boom, la aplastante mayoría sacó poco o ningún beneficio. En todos los países se ha producido una extrema polarización entre ricos y pobres. El dos por ciento de la población del planeta ahora tiene más de la mitad de la riqueza mundial. 1.200 millones de hombres, mujeres y niños viven en condiciones de absoluta pobreza. Ocho millones mueren cada año como consecuencia de la pobreza. Esto es lo mejor que el capitalismo puede ofrecer. ¿Qué ocurrirá ahora?

Además del colapso de las exportaciones, que afectará a todas las mercancías (excepto el oro y la plata), incluido el petróleo, ahora se enfrentan al aumento del coste de los alimentos, que en gran medida es el resultado de la especulación. Un informe reciente del Banco Interamericano avisaba de que el coste de los alimentos empujará a 26 millones de personas en América Latina a la absoluta pobreza. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha avisado de que los más pobres del mundo se enfrentan al "triple peligro" de: alimentos, combustible y finanzas. "No se puede pedir a los más pobres que paguen el precio más alto. Calculamos que 44 millones de personas más sufrirán este año de malnutrición debido a los altos precios de los alimentos. No podemos permitir que la crisis financiera se convierta en una crisis humanitaria". Son palabras hermosas, pero las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.

La pobreza y el hambre mundial aumentarán debido a la crisis financiera global y las medidas de "ajuste estructural" de libre mercado dictadas por el FMI. Esta es una conclusión ineludible del último informe sobre la pobreza global publicado por el Banco Mundial. El Banco reveló que el número de personas obligadas a vivir con menos de un dólar diario estaba aumentando y podría alcanzar los 1.500 millones para finales de este año. Aproximadamente 200 millones de personas han caído en la abyecta pobreza desde los últimos cálculos de 1993. Se espera un crecimiento negativo del PIB per capita en Oriente Medio y el norte de África. Resumiendo la situación, el World Bank Director of Poverty Reduction and Economic Management, Michael Walton, dijo: "La imagen global que emergió a finales de los años noventa era de atasco del progreso debido a la crisis del Sudeste Asiático, aumentó el número de pobres en India, continuó el incremento en el África sub-sahariana y un profundo empeoramiento en Europa y Asia Central".

Sólo en Indonesia, la proporción de gente obligada a vivir con menos de un dólar diario aumentó del 11 por ciento en 1997 al 19,9 por ciento en 1998, con 20 millones más de gente en las filas de los "nuevos pobres", equivalente a una nación de tamaño medio como Australia. En Corea del Sur, la incidencia de la pobreza urbana pasó del 8,6 por ciento en 1997 al 19,2 por ciento en 2007. El número de personas que viven con menos de un dólar al día en India ha aumentado a 340 millones, de una estimación de 300 millones a finales de los años ochenta. Los últimos datos sobre estancamiento salarial en las zonas rurales sugerían un nuevo incremento de las tasas de pobreza en ese país. Y esta era la situación con una auge económico con tasas de crecimiento próximas al 10 por ciento anuales. Las cifras oficiales calculan que el crecimiento económico ya comienza a desacelerarse. En agosto de 2008 el crecimiento industrial fue del 1,3 por ciento anual, un resultado miserable comparado con un crecimiento superior al 10 por ciento el año anterior.

El FMI exige a los países pobres que abran sus mercados para la penetración del capital internacional. Exige recortes del gasto gubernamental, eliminación de los subsidios a los alimentos y otros productos de consumo popular y la privatización de las empresas públicas. El objetivo declarado es conseguir un "crecimiento económico sostenible". En realidad, significa la destrucción de sus industrias nacionales, la agricultura y un abrupto aumento del desempleo y la pobreza.

Un estudio reciente revelaba la existencia de una transferencia neta de pagos superior a los 1.000 millones de dólares de los gobiernos africanos al FMI en 1997 y 1998. Sin embargo, a pesar del aumento de estas devoluciones, la deuda total africana continuó aumentando en 3 por ciento. A pesar de que los países africanos necesitan urgentemente aumentar el gasto en sanidad, educación y cuidado sanitario, las medidas de ajuste estructural del FMI les obligan a recortar este gasto, el gasto per cápita en educación entre 1986 y 1996 cayó.

La catástrofe del "Tercer Mundo" es artificial. No hay nada automático en ello. De hecho, en la primera década del siglo XXI nadie tendría que pasar hambre por necesidad. El dinero que se ha entregado a los bancos podría haber solucionado el problema del hambre mundial, salvando millones de vidas. En junio de 2008 la FAO pidió 30.000 millones de dólares para estimular la agricultura y evitar futuras escaseces alimenticias. Sólo recibió 7.500 millones de dólares, pagables en cuatro años, lo que supone aproximadamente 1.800 millones de dólares al año. Este es el equivalente a dos dólares diarios por persona que pasa hambre.

Es habitual en occidente plantear la "solución" de los problemas de estos países en términos de ayuda. Se pide a los países "ricos" que den más dinero a los países "pobres". Pero en primer lugar, las cantidades mezquinas de la supuesta ayuda representan sólo una parte minúscula de la riqueza que se saquea de Asia, África, Oriente Medio y América Latina. En segundo lugar, esta ayuda con frecuencia está vinculada a intereses comerciales, militares o diplomáticos de los países donantes y, por tanto, significa una manera de incrementar la subordinación de las antiguas naciones coloniales a sus antiguos amos.

En cualquier caso, es inaceptable que países con enormes recursos queden reducidos a buscar la caridad como mendigos peleando por las migajas de la mesa del rico. La condición previa es romper el dominio del imperialismo y derrocar el dominio de los gobernantes corruptos locales que no son más que los chicos de los recados locales del imperialismo y las grandes empresas transnacionales. Ni la ayuda ni la caridad, sino un cambio radical de sociedad es la respuesta a la pobreza global.

En muchos países la clase obrera, después de años de abatimiento y agotamiento, está tomando el camino de la lucha. La lucha del pueblo palestino contra la opresión israelí continúa. Pero es la poderosa clase obrera de países como Sudáfrica, Nigeria y Egipto la que representa la clave del futuro. En Egipto hemos presenciado una oleada de huelgas y ocupaciones de fábrica contra la privatización y en defensa del empleo, incluido la victoriosa huelga con ocupación de fábricas de los más de 20.000 trabajadores del complejo textil Mahalla. Los trabajadores iraníes también están en marcha. Ha habido una importante oleada de huelgas, en la que han participado muchos sectores de la clase obrera: conductores de autobús, astilleros, ferroviarios, textil, trabajadores de la caña de azúcar de Haft-Tapeh, petróleo y otros sectores. Estas huelgas comienzan con reivindicaciones económicas, pero dada la naturaleza del régimen inevitablemente adquieren un carácter cada vez mas político y revolucionario.

En Nigeria, los trabajadores han protagonizado una serie de huelgas generales (¡8 en los últimos 8 años!), paralizando el país y planteando la cuestión del poder, sólo para ser defraudados por los dirigentes sindicales una y otra vez. En Sudáfrica también, el poderoso movimiento obrero ha organizado una huelga general tras otra, la más reciente en junio de 2007 y agosto de 2008. Hemos visto impresionantes movimientos de los trabajadores en Marruecos, Jordania, Líbano y también en Israel, ese bastión de la reacción en Oriente Medio. También ha habido movimientos de masas de trabajadores y campesinos en Pakistán, India, Bangladesh y Nepal, donde ha llevado al derrocamiento de la monarquía.

América Latina está sumida en un movimiento revolucionario desde Tierra del Fuego hasta Río Grande, con Venezuela a la vanguardia. Los llamamientos de Hugo Chávez a favor del socialismo no han caído en oídos sordos. La idea del socialismo ha regresado al orden del día. En Bolivia y Ecuador el movimiento de masas contra el capitalismo y el imperialismo está avanzando a pesar de la resistencia de los oligarcas apoyados por Washington. Es necesario poner en el orden del día la lucha por la política de la clase obrera, la solidaridad proletaria internacional y la lucha por el socialismo como la única solución duradera a los problemas de las masas.

Nuestras reivindicaciones:

1)   ¡Cancelación inmediata de todas las deudas del Tercer Mundo!
2)   ¡Abajo el latifundismo y el capitalismo!
3)   ¡Expropiación de la propiedad de los grandes terratenientes y por la reforma agraria! Allí donde sea posible, las grandes haciendas se deberían administrar de forma colectiva, utilizando métodos modernos de agricultura para impulsar la producción.
4)   ¡Liberación del dominio imperialista! ¡Nacionalización de la propiedad de las grandes transnacionales!
5)   Programa urgente para acabar con el analfabetismo y crear una mano de obra cualificada y formada.
6)   Libre acceso al servicio sanitario para todos.
7)   ¡No a la opresión de la mujer! ¡Plena igualdad legal, social y económica para la mujer!
8)   ¡No a la corrupción y la opresión! ¡Plenos derechos democráticos y derrocamiento de los chicos de los recados locales del imperialismo!

¡No al imperialismo!

El aspecto más destacable de la situación actual es el caos y la turbulencia que afecta a todo el planeta. Existe inestabilidad a todos los niveles: económico, social, político, diplomático y militar. En todas partes hay guerra o la amenaza de guerra: la invasión de Afganistán fue seguida por la ocupación aún más sangrienta y criminal de Iraq. En todas partes ha habido guerras: en los Balcanes, en Líbano y Gaza, la guerra de Darfur, en Somalia, en Uganda. En el Congo unos cinco millones de personas han sido masacradas en los últimos años, la ONU y la llamada comunidad internacional no movieron un dedo.

Consciente de su enorme poder, Washington sustituye la diplomacia "normal" por la bravuconería más vergonzosa. Su mensaje es brutalmente claro: "haced lo que os decimos o de lo contrario os bombardearemos e invadiremos". El antiguo presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, reveló que poco después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, EEUU amenazó con bombardear su país hasta "devolverlo a la Edad de Piedra" si no ofrecía su cooperación en la lucha contra el terrorismo y los talibán. Ahora Musharraf se ha ido y la fuerza aérea norteamericana bombardea el territorio pakistaní.

El imperialismo norteamericano invadió Iraq con el falso pretexto de que tenía armas de destrucción masiva. Dijeron que Sadam Hussein era un dictador brutal que asesinó y torturó a su propio pueblo. Ahora la ONU ha tenido que admitir que en el Iraq ocupado el asesinato y la tortura masiva son algo endémico. Según una reciente encuesta, el 70 por ciento de los iraquíes piensan que viven peor que con Sadam.

La "guerra contra el terrorismo" ha provocado más terrorismo a escala mundial que nunca. Allí donde ponen el pie los imperialistas norteamericanos causan la destrucción y el sufrimiento más terribles. Las espantosas escenas de muerte y destrucción en Iraq y Afganistán recuerdan las palabras del historiador romano Tácito: "Crearon un desierto y lo llamaron paz". Pero, comparado con el poder del imperialismo norteamericano, el poder del Imperio Romano era un juego de niños. No contento con saquear Iraq, Washington amenaza a Siria e Irán. Ha conseguido desestabilizar Asia Central. Constantemente intenta derrocar al gobierno elegido democráticamente de Venezuela y asesinar al presidente Chávez. Conspira para reducir a Cuba de nuevo al estatus de semicolonia y organizar atentados terroristas contra ella.

La mayoría de la gente rechaza estas barbaridades con repugnancia. Parece que el mundo de repente se ha vuelto loco. Sin embargo, esta respuesta es inútil y contraproducente. La situación actual a la que se enfrenta la raza humana no se puede explicar como una expresión de la locura o la crueldad inherente a hombres y mujeres. El gran filósofo Spinoza dijo en cierta ocasión: "ni reír ni llorar, sino comprender". Es un consejo serio: si no somos capaces de comprender el mundo en el que vivimos, nunca seremos capaces de cambiarlo. La historia no es un sinsentido. Se puede explicar, y el marxismo da una explicación científica.

No tiene sentido aproximarse a la guerra desde un punto de vista sentimental. Clausewitz dijo hace tiempo que la guerra es la continuación de la política por otro medio. Este caos sangriento refleja algo. Es un reflejo de las contradicciones irresolubles a las que se enfrenta el imperialismo a escala mundial. Son las convulsiones de un sistema socio-económico que se encuentra en un callejón sin salida. Hemos visto situaciones similares antes en la historia del mundo, como en el largo declive del Imperio Romano o en el período de agonía del feudalismo. La actual inestabilidad global es sólo un reflejo del hecho de que el sistema capitalista ha agotado su potencial histórico y no es ya capaz de desarrollar las fuerzas productivas como hizo en el pasado.

El capitalismo senil, asediado por contradicciones irresolubles por todos lados, encuentra su contrapartida en el imperialismo más brutal que el mundo haya visto jamás. La galopante carrera armamentística está consumiendo una porción cada vez mayor de la riqueza creada por la clase obrera. EEUU, que ahora es la única superpotencia mundial, cada año gasta aproximadamente 600.000 millones de dólares en armas. Cuenta con casi el 40 por ciento del gasto militar mundial. En cambio, Gran Bretaña, Francia y Alemania representan sólo un cinco por ciento cada uno, mientras que Rusia, increíblemente, sólo cuenta con aproximadamente el 6 por ciento. La situación representa una amenaza para el futuro de la humanidad.

Las enormes sumas de dinero gastadas en armas serían, por sí solas, suficientes para resolver el problema de la pobreza mundial. Según algunos cálculos, sólo el coste total de la guerra de Irak le costará 3 billones de dólares a EEUU. Todo el mundo sabe que esto es una locura. Pero el desarme sólo se puede conseguir con un cambio fundamental de la sociedad. La liquidación del imperialismo sólo se puede conseguir liquidando el capitalismo y el dominio de los bancos y monopolios, estableciendo un orden mundial racional, basado en las necesidades de la población y no en la lucha voraz por los mercados, materias primas y esferas de influencia, que es la causa real de la guerra.

Nuestras reivindicaciones:

1)   Oposición a las guerras reaccionarias del imperialismo.
2)   Retirada inmediata de todas las tropas extranjeras de Irak y Afganistán.
3)   Recorte drástico del gasto inútil en armas y aumento masivo del gasto social.
4)   Plenos derechos civiles para los soldados, incluido el derecho a afiliarse a un sindicato y el derecho a huelga.
5)   Defensa de Venezuela, Cuba y Bolivia contra los planes agresivos de Washington.
6)   ¡Contra el racismo! ¡Defensa de los derechos de todos los pueblos oprimidos y explotados! ¡Por la unidad de todos los trabajadores, independientemente de la raza, color, nacionalidad o religión!
7)   ¡Por el internacionalismo proletario! ¡Trabajadores del mundo, uníos!

¡Por un mundo socialista!

El mercado no se puede planificar o regular. No responde a las medidas tomadas por los gobiernos nacionales. El presidente del Banco Mundial lo admitió cuando dijo: "El G7 no funciona. Necesitamos un grupo mejor para un tiempo mejor". Pero los tiempos mejores no están a la vista. El FMI no puede solventar la situación de todo el mundo. Y la crisis a la que nos enfrentamos ahora, es mundial. Ningún país puede escapar. La crisis es global y exige una solución global. Ésta sólo puede llegar con el socialismo.

En la Edad Media la producción se limitaba al mercado local. Incluso para transportar mercancías de una ciudad a otra se debían pagar impuestos, peajes y otros derechos. La eliminación de estas restricciones feudales, el establecimiento de un mercado nacional y un estado nacional fueron las condiciones previas para el desarrollo del capitalismo moderno. En el siglo XXI, no obstante, los estados nacionales y el mercado nacional son demasiado estrechos como para contener el fabuloso desarrollo de la industria, agricultura, ciencia y tecnología. En lugar de una serie de economías nacionales, surgió el mercado mundial. Carlos Marx ya previó esta situación en el brillante pronóstico que hizo en El Manifiesto Comunista hace más de 150 años. El aplastante dominio del mercado mundial ahora es la característica más importante de la época moderna.

En su primer periodo, el capitalismo jugó un papel progresista derribando las viejas barreras y restricciones feudales, creando el mercado mundial. Más tarde, la expansión del capitalismo creó el mercado mundial, y el dominio de éste es la característica más importante de la época moderna. La llegada de la globalización es una expresión del hecho de que el crecimiento de las fuerzas productivas ha superado los estrechos límites del estado nacional. Sin embargo, la globalización no elimina las contradicciones del capitalismo. Sólo las reproduce a una escala mucho mayor. Durante un tiempo, el capitalismo consiguió superar sus contradicciones aumentando el comercio mundial (globalización). Por primera vez en la historia, todo el mundo ha sido arrastrado al mercado mundial. Los capitalistas encontraron nuevos mercados y lugares para la inversión en China y otros países. Pero ahora este proceso ha alcanzado sus límites.

La crisis actual es, en última instancia, una expresión de la rebelión de las fuerzas productivas contra la camisa de fuerza de la propiedad privada y el estado nacional. La crisis actual tiene un carácter global. La globalización se revela como una crisis global del capitalismo. Es imposible resolverla sobre bases nacionales. Todos los expertos están de acuerdo en que los problemas a los que se enfrenta el planeta no se pueden resolver sobre bases nacionales. El problema del hambre mundial en gran medida se ha exacerbado con la producción de biocombustibles en EEUU. Todo esto va en interés de las grandes empresas agrarias y de nadie más. Sólo una economía global planificada puede poner freno a esta locura.

En su sed insaciable de beneficio, el sistema capitalista puso en peligro a todo el planeta. Un sistema económico que destroza el planeta en busca de botín, que destruye el medio ambiente, que asola los bosques tropicales, que envenena el aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que comemos no merece vivir. Las carreteras de nuestras grandes ciudades están atascadas con vehículos privados. La congestión de tráfico supuso que sólo en 2003 la gente dedicase 7.000 millones de horas y desperdiciase 22.500 millones de litros de combustible en atascos de tráfico. La ausencia de planificación lleva al colapso de la infraestructura del transporte y al deterioro del medioambiente provocado por la emisión de gases invernadero y a la contaminación atmosférica, el 60-70 por ciento de la cual es provocada por los vehículos.

Dejamos a un lado el tremendo coste humano de esta locura: los accidentes, la gente muerta y mutilada en las carreteras, la tensión insoportable, las condiciones inhumanas, el ruido y el caos. La pérdida de productividad es colosal. Y no obstante, todo esto se podría resolver fácilmente con un buen sistema integrado de transporte público gratuito o casi gratuito de calidad. El transporte aéreo, por carretera, ferrocarril y marítimo deberían ser de propiedad pública e integrados racionalmente para servir a las necesidades humanas.

La continuación del capitalismo no sólo es una amenaza para los empleos y niveles de vida; es una amenaza para el futuro del planeta y la vida sobre la tierra.

¿Es una utopía?

Mediante el aumento de la participación en los mercados mundiales, los banqueros y capitalistas consiguieron fabulosos beneficios durante el último período. Pero este proceso ahora ha alcanzado su límite. Todos los factores que sirvieron para empujar hacia arriba a la economía mundial durante el último período, ahora se combinan para provocar una espiral descendente. La demanda, que se expandió artificialmente gracias a los bajos tipos de interés, ahora se ha contraído abruptamente. La severidad de la "corrección" refleja la exagerada confianza y la "exuberancia irracional" del período anterior.

Así como en el período de decadencia feudal las viejas barreras, los peajes de carretera, los impuestos y las monedas locales se convirtieron en obstáculos intolerables para el desarrollo de las fuerzas productivas, los actuales estados nacionales con sus fronteras nacionales, pasaportes, controles a la importación, restricciones de la inmigración y aranceles proteccionistas se han convertido en barreras que impiden el libre movimiento de mercancías y personas. El libre desarrollo de las fuerzas productivas, la única garantía real para el desarrollo de la civilización humana y la cultura, exige la supresión de todas las fronteras y el establecimiento de una mancomunidad mundial.

Tal desarrollo sólo será posible bajo el socialismo. La condición previa es la abolición de la propiedad privada de los puntos clave de la economía: la propiedad común de la tierra, los bancos y las principales industrias. Un plan de producción común es la única manera de movilizar el colosal potencial de la industria, la agricultura, la ciencia y la técnica. Eso significaría un sistema económico basado en la producción para las necesidades de muchos, no para el beneficio de unos pocos.

Una federación socialista de Europa, América Latina o de Oriente Medio, abriría un tremendo y nuevo panorama para el desarrollo humano. El objetivo final es la Federación Socialista Mundial, donde los recursos de todo el planeta se dediquen al beneficio de toda la humanidad. Las guerras, el desempleo, el hambre y la privación se convertirían sólo en un mal recuerdo del pasado, como una pesadilla ya medio olvidada.

Algunos dirán que se trata de una utopía, es decir, algo que no se puede conseguir. Pero si a un campesino medieval le hubiéramos explicado la perspectiva de una economía mundial con ordenadores y viajes al espacio, habría reaccionado exactamente de la misma manera. Y si bien se mira, ¿es realmente tan difícil? El potencial de las fuerzas productivas permitiría solucionar fácilmente todos los problemas que atormentan a la raza humana: pobreza, falta de vivienda, hambre, enfermedad y analfabetismo. Los recursos están ahí. Lo que hace falta es un sistema económico racional que pueda ponerlos en funcionamiento.

Las condiciones objetivas para el socialismo ya existen. ¿Es realmente una utopía? Sólo los escépticos más miopes, sin un conocimiento de la historia o visión del futuro, podrían decir eso. La pregunta que debemos hacer es la siguiente: ¿es aceptable que en la primera década del siglo XXI las vidas, los empleos y las viviendas de todo el mundo se decidan de la misma manera que un jugador lanza los dados en un casino? ¿Realmente creemos que la humanidad no se merece un sistema mejor que el juego ciego de las fuerzas del mercado?

Los defensores del llamado libre mercado no pueden dar un argumento racional que pueda justificar esta absurda suposición. En lugar del argumento lógico, ellos afirman simplemente que ésta es la situación natural e inevitable de las cosas y que, en cualquier caso, no hay alternativa. No es un argumento coherente, sino sólo un prejuicio ciego. Esperan que, repitiendo constantemente el mismo mantra, finalmente la gente se lo crea. Pero la vida en sí misma ha demostrado la mentira de que "la economía de libre mercado funciona". Nuestra propia experiencia y las pruebas que nos dan nuestros ojos nos dicen que no funciona, que es un sistema despilfarrador, caótico, bárbaro e irracional que destroza la vida de millones para el beneficio de unos pocos.

El sistema capitalista está condenado porque ni siquiera es capaz de alimentar a la población mundial. Su continuación amenaza el futuro de la civilización y la cultura e incluso amenaza la continuidad de la vida misma. El sistema capitalista debe morir para que la raza humana pueda vivir. En la futura sociedad socialista, los hombres y las mujeres libres echarán la vista atrás a nuestro mundo actual con el mismo sentido de incredulidad con el que nosotros contemplamos el mundo de los caníbales. Y para los caníbales, un mundo donde hombres y mujeres no se devoraran mutuamente también parecería una utopía.

La crisis de dirección

En 1938, León Trotsky escribía: "Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía ‘maduras' para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe.

Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria".
La clase obrera hace tiempo que creó partidos para defender sus intereses y cambiar la sociedad. Algunos se llamaron socialistas, otros laboristas, comunistas o de izquierdas. Pero ninguno de ellos defiende una política comunista o socialista. El largo período de auge capitalista después de la Segunda Guerra Mundial puso el sello final a la degeneración burocrática y reformista de las organizaciones de masas del proletariado. Los dirigentes de los sindicatos, así como de los partidos socialistas y comunistas, han cedido a la presión de la burguesía, y la mayoría de ellos hace tiempo que abandonaron cualquier pretensión de defender un cambio de sociedad.

Los dirigentes de los partidos obreros tradicionales, socialdemócratas y el Partido Laborista, están totalmente entrampados con los capitalistas y su Estado. En contra de sus deseos, los capitalistas han tenido que nacionalizar bancos, pero lo han hecho de manera que dedican ingentes subvenciones a los banqueros y no en beneficio de la población. Nosotros exigimos la nacionalización de todo el sector bancario y financiero, con un mínimo de compensación sólo en caso de necesidad comprobada.

Los dirigentes de los antiguos partidos comunistas de Rusia, Europa del Este y de muchos otros países han abandonado totalmente el programa revolucionario de Marx y Lenin. Nos enfrentamos a la contradicción manifiesta de que precisamente en un momento en que el capitalismo está en crisis en todas partes, cuando millones de hombres y mujeres buscan un cambio fundamental en la sociedad, los dirigentes de las organizaciones de masas se aferran cada vez más tenazmente al orden existente. Como Trotsky dijo hace tiempo: la situación política mundial en general se caracteriza principalmente por la crisis histórica de la dirección del proletariado.

Es intolerable que los dirigentes que hablan en nombre del socialismo y la clase obrera, o incluso de la "democracia", aprueben enormes planes de rescate paraa bancos privados, lo que significa un aumento importante de la deuda pública, que será pagada con años de recortes y austeridad. Lo hacen en nombre del "interés general", pero en realidad es una medida que va en interés de los ricos y en contra de los intereses de la mayoría. Esta situación no puede durar.

No hay alternativa para la clase obrera fuera del movimiento obrero o sindical. En condiciones de crisis capitalista, las organizaciones de masas sufrirán una tremenda sacudida. Comenzando por los sindicatos, los dirigentes del ala derecha sufrirán la presión de la base. O ceden a esa presión y comienzan a reflejar la presión desde abajo o serán echados a un lado y sustituidos por personas que estén más en contacto con las ideas y aspiraciones de los trabajadores. Nuestra tarea es llevar las ideas del marxismo al movimiento obrero y ganar a la clase obrera para las ideas del socialismo científico. Hace más de 150 años Marx y Engels proclamaron lo siguiente en El Manifiesto Comunista:

"¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general?
"Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros.
"No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.
"Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.
"Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario".

Los marxistas comprendemos el papel de las organizaciones de masas. No confundimos la dirección con la masa de trabajadores que están detrás de ella. Hay un abismo entre los oportunistas y arribistas que están en la dirección y la clase que les vota. La crisis actual sacará a la luz este abismo y lo ampliará hasta alcanzar un punto de ruptura. Sin embargo, la clase obrera se aferra a las organizaciones de masas, a pesar de la política de los dirigentes, porque no hay alternativa. La clase obrera no entiende de pequeñas organizaciones. Todos los intentos de las sectas de crear "partidos revolucionarios de masas" al margen de las organizaciones de masas han fracaso miserablemente y están destinados a fracasar en el futuro.

Lucharemos contra la política de bancarrota y nos enfrentaremos a la vieja dirección. Exigimos la ruptura con los banqueros y los capitalistas, exigimos que apliquen una política en interés de los trabajadores y la clase media. En 1917, Lenin y los bolcheviques le dijeron a los dirigentes mencheviques y social-revolucionarios: "¡Romped con la burguesía, tomad el poder!" Pero los mencheviques y social-revolucionarios se negaron obstinadamente a tomar el poder. Se aferraron a la burguesía y de esta manera prepararon la victoria de los bolcheviques. De la misma manera, decimos a esos partidos y organizaciones que se basan en los trabajadores y que hablan en su nombre que rompan políticamente con la burguesía y  que luchen por un gobierno socialista con un programa socialista.

Daremos apoyo crítico a los partidos obreros de masas contra los partidos de los banqueros y capitalistas, pero exigimos que pongan en práctica una política en interés de la clase obrera. No hay manera de que la crisis se solucione con medidas paliativas de los gobiernos y banqueros. Las medidas parciales no proporcionarán una salida. El problema es que las direcciones de las organizaciones obreras de masas en todos los países no tienen una perspectiva de cambio fundamental de la sociedad. Pero eso es precisamente lo que hace falta.

El ser social determina la conciencia. La clase obrera en general aprende de la experiencia, y la experiencia de la crisis capitalista implica que aprenderá rápido. Ayudaremos a los trabajadores a sacar las conclusiones necesarias no con estridentes denuncias sino con la explicación paciente, con el trabajo sistemático en las organizaciones de masas. La gente se hace preguntas y busca respuestas. La tarea de los marxistas sólo es hacer consciente el deseo inconsciente o semi-consciente de la clase obrera de cambiar la sociedad.

1)   ¡Contra el sectarismo!
2)   ¡Por la transformación de las organizaciones de masas de la clase obrera!
3)   ¡Luchemos por la transformación de los sindicatos!
4)   ¡Luchemos por un programa marxista!

¡Ayúdanos a construir la CMI!

No basta con lamentar la situación en la que se encuentra el mundo. ¡Es necesario actuar! Aquellos que dicen: "no estoy interesado en política" deberían haber nacido en otra época. Hoy no es posible escapar de la política. ¡Inténtalo! Enciérrate en tu casa, cierra la puerta y escóndete debajo de la cama. Pero la política llamará a tu puerta y entrará en tu casa. La política afecta a cada uno de los aspectos de nuestra vida. El problema es que mucha gente identifica la política con los partidos políticos existentes y con sus dirigentes. Echan una mirada a los salones del parlamento, el arribismo, los discursos vacíos, las promesas incumplidas, y se alejan.

Los anarquistas sacan la conclusión de que no necesitamos un partido. Esto es un error. Si mi casa se derrumba no puedo llegar a la conclusión de que debo dormir en la calle, sino que debo empezar a reconstruirla urgentemente. Si no estoy satisfecho con la dirección actual de los sindicatos y los partidos obreros, debo luchar por una dirección alternativa, con un programa y una política adecuadas a mis necesidades.

La Corriente Marxista Internacional lucha por el socialismo en cuarenta países y cinco continentes. Defendemos enérgicamente los fundamentos del marxismo. Defendemos las ideas básicas, tradiciones,  política y principios elaborados por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Actualmente nuestra voz es aún débil. Durante mucho tiempo los marxistas se vieron obligados a nadar contra corriente. La Corriente Marxista Internacional ha demostrado su capacidad de mantenerse firme en condiciones adversas. Ahora nadamos a favor de la marea de la historia. Los acontecimientos han confirmado todas nuestras perspectivas. Esto nos da una confianza inquebrantable en las ideas y métodos del marxismo, en la clase obrera y en el futuro socialista de la humanidad.

Empezando por los trabajadores y jóvenes más avanzados, nuestra voz llegará a la masa de trabajadores en cada fábrica, sindicato, comité de empresa, instituto y universidad, a cada barrio obrero. Para llevar a cabo este trabajo necesitamos tu ayuda. Necesitamos colaboradores que escriban artículos, vendan periódicos, recauden dinero y trabajen en los sindicatos y en el movimiento obrero. Queremos que tú también formes parte de esto. No penséis: "Yo no puedo contribuir a nada importante". Juntos, una vez estemos organizados, podremos conseguir cosas realmente importantes.

La clase obrera tiene en sus manos un poder colosal. Sin el permiso de los trabajadores no se enciende una sola bombilla, no se mueve una rueda ni suena un teléfono. El problema es que los trabajadores no son conscientes de este poder. Nuestra tarea es hacerles conscientes de ello. Lucharemos a favor de toda reforma, de todo avance, por pequeños que éstos sean, porque sólo a través de la lucha cotidiana bajo el sistema capitalista los trabajadores adquirirán la confianza necesaria en sus fuerzas para cambiar la sociedad.

Por todas partes el ambiente de las masas está cambiando. En América Latina existe fermento revolucionario, que se intensificará y extenderá a otros continentes. En Gran Bretaña, en EEUU y otras naciones industrializadas, muchos que antes no cuestionaban el orden social existente, ahora se hacen preguntas. Ideas que antes escuchaba sólo un número reducido de personas, encontrarán eco entre un auditorio mucho más amplio. Se está preparando el terreno para un auge sin precedentes de la lucha de clases en todo el mundo.

Cuando colapsó la URSS nos dijeron que la historia había terminado. Por el contrario, la historia aún no ha empezado. En el espacio de sólo veinte años el capitalismo ha demostrado ser un sistema en total bancarrota. ¡Es necesario luchar por una alternativa socialista! Nuestro objetivo es conseguir un cambio fundamental de la sociedad y luchar por el socialismo a escala nacional e internacional. Luchamos por la causa más importante: la emancipación de la clase obrera y el establecimiento de una forma de sociedad humana nueva y superior. Ésa es la única causa realmente digna por la que luchar en la primera década del siglo XXI.

¡Únete a nosotros!

Londres, 30 de octubre de 2008.

Lea también Una alternativa marxista a la crisis global del capitalismo (primera parte)

¡Que la crisis la paguen los capitalistas! Manifiesto de la Corriente Marxista Internacional Una crisis global del capitalismo

La crisis del capitalismo mundial es un hecho que nadie puede ignorar. Ayer mismo los economistas nos aseguraban que era imposible otro 1929. Ahora hablan de la amenaza de otra Gran Depresión. El FMI advierte de un aumento del riesgo de una recesión económica severa y prolongada a escala mundial. Lo que comenzó como un colapso financiero en EEUU se ha extendido ahora a la economía real, amenazando los empleos, las viviendas y las vidas de millones de personas.

El pánico se ha apoderado de los mercados. Richard Fuld, antiguo ejecutivo jefe de Lehman Brothers, dijo en el Congreso norteamericano que su banco había volado debido a una "tormenta de miedo". Esa tormenta no muestra signos de amainar. No sólo los bancos están amenazados con la bancarrota, sino también países, como demuestra el ejemplo de Islandia. Asia se suponía que salvaría al mundo de la recesión, pero los mercados asiáticos han sido arrastrados por el torbellino general. Diariamente se registran caídas exorbitantes desde Tokio a Shanghái, desde Moscú a Hong Kong.

Este es el mayor colapso financiero desde 1929. Y como ocurrió con el gran crack, también ha estado precedido de una especulación masiva durante el período anterior. La magnitud de la especulación en las últimas dos décadas no tiene precedentes. La capitalización bursátil en EEUU pasó de 5,4 billones de dólares en 1994 a 17,7 billones en 1999 y 35 billones en 2007. Esto supera con creces la cantidad de capital especulativo que estaba presente antes de 1929. El mercado mundial de derivados alcanza por lo menos los 500 billones de dólares, lo cual es diez veces más que el total de la producción mundial de mercancías y servicios.

En los años de boom, cuando los banqueros consiguieron acumular cantidades incalculables de riqueza, no se planteaba compartir los beneficios con el resto de la sociedad. Pero ahora que tienen dificultades recurren al gobierno exigiendo dinero. Si eres un jugador compulsivo que pides prestados mil dólares y los pierdes, siendo incapaz de devolverlos irás a prisión. Pero si eres un banquero rico que ha apostado miles de millones de dólares del dinero de otras personas y los pierdes, no sólo no vas a prisión, sino que además el Estado te recompensará con más miles de millones de dólares de otras personas.

Enfrentados al riesgo de un colapso total del sistema bancario, los gobiernos están tomando medidas desesperadas. La administración Bush ha inyectado 700.000 millones de dólares en las arcas de los banqueros en un intento frenético de infundir vida a un sistema financiero moribundo. Es el equivalente de aproximadamente 2.400 dólares por cada hombre, mujer y niño de EEUU. El gobierno británico ha anunciado un plan de rescate superior a los 400.000 millones de libras (proporcionalmente muy superior al de EEUU) y la UE ha añadido otros tantos miles de millones. El plan de rescate alemán asciende a aproximadamente el 20 por ciento del PIB de la economía más grande de Europa. La administración de la canciller Angela Merkel prometió 80.000 millones de euros para recapitalizar los bancos con problemas, y el resto ha sido destinado a cubrir las garantías de los préstamos y las pérdidas. Hasta ahora se han gastado ya en el mundo aproximadamente 2,5 billones de dólares y eso no ha conseguido detener la espiral descendente.

Medidas desesperadas

La crisis actual está lejos de haber terminado todo su recorrido. Las medidas que han tomado gobiernos y bancos centrales no la pararán. Arrojando grandes sumas de dinero a los bancos sólo conseguirán, en el mejor de los casos, un respiro temporal y aliviar ligeramente la crisis a costa de una enorme carga de deuda para futuras generaciones. Pero todo economista serio sabe que los mercados tienen que caer aún más.

En cierto sentido la situación actual es aún peor que en los años treinta. La enorme oleada de especulación que precedió y preparó esta crisis financiera es varias veces mayor que la que desencadenó el crack de 1929. Las cantidades de capital ficticio que se han bombeado al sistema financiero mundial y que constituyen un veneno que amenaza con destruirlo todo, son tan formidables que nadie es capaz de cuantificarlas. La consiguiente "corrección" (por hacer uso del eufemismo actual al que recurren los economistas) será por tanto incluso más dolorosa y duradera.

En los años treinta EEUU era el mayor acreedor del mundo, ahora es el mayor deudor. En la época del New Deal, Roosevelt, en un intento de sacar la economía norteamericana de la Gran Depresión, tenía a su disposición enormes cantidades de dinero. Hoy, Bush tiene que suplicar a un Congreso reticente que le entregue un dinero que no tiene. La aprobación del regalo de 700.000 millones de dólares a los grandes negocios significa el aumento correspondiente del endeudamiento público. Esto a su vez significa todo un período de austeridad y recortes de los niveles de vida para millones de ciudadanos estadounidenses.

Estas medidas de pánico no evitarán la crisis, que apenas acaba de comenzar. De la misma manera, el New Deal de Roosevelt, contrariamente a la percepción popular, no detuvo la Gran Depresión. La economía norteamericana permaneció en situación de depresión hasta 1941, cuando EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial y el gigantesco gasto militar finalmente acabó con el desempleo. Una vez más nos enfrentamos a un período largo de declive de los niveles de vida, cierres de fábrica, reducción de los salarios, recortes del gasto público y austeridad general.

Los capitalistas se encuentran en un callejón sin salida y no ven una alternativa. Todos los partidos tradicionales están en una situación de perplejidad que raya la parálisis. El presidente Bush le ha dicho al mundo que "llevará su tiempo" para que su plan de rescate financiero funcione. Mientras tanto, más empresas caen en la bancarrota, más gente pierde su empleo y más naciones se arruinan. La crisis crediticia está comenzando a estrangular a empresas antes sanas. Incapaces de conseguir capital, las empresas tendrán que recortar primero la inversión fija, después el capital circulante y finalmente el empleo.

Los empresarios están rogando a los gobiernos y bancos centrales que recorten los tipos de interés. Pero en las circunstancias actuales esta medida no ayudará. El recorte coordinado de medio punto porcentual fue seguido por caídas profundas en los mercados bursátiles mundiales. El caos en los mercados no se resolverá con reducciones de los tipos de los tipos de interés de los bancos centrales. Frente a una recesión global nadie quiere comprar acciones y nadie está dispuesto a prestar dinero. Los bancos dejan de prestar dinero porque no confían en recuperar ese dinero. Todo el sistema está amenazado con la parálisis.

A pesar de los esfuerzos coordinados de los bancos centrales para inyectar dinero al sistema, los mercados del crédito siguen obstinadamente congelados. El gobierno británico dio a los banqueros un regalo superior a los 400.000 millones de libras. La reacción fue una caída de la bolsa. De hecho, el tipo de interés de los préstamos interbancarios aumentó después del anuncio de este donativo y tras el anuncio de que el Banco de Inglaterra reduciría los tipos de interés medio punto porcentual. Por lo general, estos recortes no se están trasladando a los prestatarios ni a los compradores de casas. Estas medidas no han solucionado la crisis, sino más bien han metido dinero en los bolsillos de la misma gente cuya actividad especulativa, si no causó la crisis, sí que la ha exacerbado enormemente y la ha dado un carácter convulso e incontrolable.

Los banqueros nunca pierden

En el pasado el banquero era percibido como un hombre respetable con traje gris que se suponía era un modelo de responsabilidad y que sometía a la gente a una severa investigación antes de prestar dinero. Pero en el último período todo eso cambió. Con los tipos de interés bajos y abundante liquidez, los banqueros dejaron a un lado la cautela y prestaron miles de millones de dólares por altos márgenes a gente que, cuando subieron los tipos de interés, descubrieron que eran incapaces de devolverlos. El resultado fue la crisis de las hipotecas subprime que ayudó a desestabilizar todo el sistema financiero.

Los gobiernos y bancos centrales conspiraron para avivar las llamas de la especulación en un intento de evitar una recesión. Con Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal los tipos de interés se mantuvieron muy bajos. Esta medida fue alabada como una política sabia. Pero estos métodos de posponer el día funesto sólo sirvieron para hacer que la crisis fuera mil veces peor cuando ésta finalmente llegó. El dinero barato permitió a los banqueros participar en una orgía de especulación. Los individuos pedían dinero prestado para invertir en propiedad o comprar bienes; los inversores utilizaban la deuda barata para invertir en valores con mayor rendimiento o vivían de prestado a costa de las inversiones existentes; los préstamos bancarios iban muy por delante de los depósitos bancarios alcanzando un nivel sin precedentes, y las actividades dudosas no se apuntaban en los libros de cuentas.

Ahora toda esta situación se ha convertido en su contrario. Todos los factores que impulsaron la economía se combinan ahora para crear una fiera espiral descendente. Cuando la llega la hora de pagar la deuda, la escasez de crédito amenaza con paralizar toda la economía. Si un trabajador hace una pifia en su trabajo, será despedido. Pero cuando los banqueros arruinan todo el sistema financiero, esperan ser recompensados. Los hombres con trajes elegantes que hicieron fortunas especulando con el dinero de otros ahora exigen que el contribuyente les rescate. Esta es una lógica muy peculiar que la mayoría de la gente tiene dificultades para comprender.

En los años de boom el sector bancario y financiero consiguió enormes beneficios. Sólo en el año 2006 los grandes bancos generaron aproximadamente el 40 por ciento de todos los beneficios empresariales de EEUU. Es una industria donde los altos ejecutivos reciben recompensas 344 veces superiores a lo que cobra un trabajador medio norteamericano. Hace treinta años un presidente medio de una empresa conseguía aproximadamente 35 veces el salario de un trabajador medio. El año pasado, el presidente de una de las 500 primeras empresas recibió en concepto de "compensación" 10,5 millones de dólares.

Los banqueros quieren que olvidemos todo esto y nos concentremos en la urgencia de salvar los bancos. Todas las necesidades apremiantes de la sociedad se dejan a un lado y la riqueza de la sociedad se pone enteramente a disposición de los banqueros, cuyos servicios a la sociedad se supone que son más importantes que los servicios de enfermeras, médicos, profesores o trabajadores de la construcción. Los gobiernos de la UE y EEUU gastaron en una semana el equivalente a lo que sería necesario para aliviar el hambre mundial durante casi 50 años. Mientras millones pasan hambre, los banqueros continúan recibiendo suntuosos salarios y bonificaciones, y mantienen un estilo de vida extravagante a costa de la población. El hecho de que exista una crisis no supone ninguna diferencia para ellos.

"¿En interés de todos?"

A la mayoría de la gente no le convence los argumentos de los banqueros y políticos. Se sienten amargamente molestos por el hecho de que su dinero, tan difícil de ganar, sea entregado a los banqueros y a los ricos. Pero cuando protestan se encuentran con un coro ensordecedor de políticos que dicen: "No hay alternativa". Este argumento se repite con tanta frecuencia e insistencia que silencia a la mayoría de los críticos, especialmente cuando todos los partidos están de acuerdo en ello.

Demócratas y republicanos, socialdemócratas, demócrata cristianos, conservadores y laboristas, todos han unido sus fuerzas en una auténtica conspiración para convencer a la opinión pública de que es "en el interés de todos" robar a la clase obrera para poner más dinero en manos de los gánsteres empresariales. "Necesitamos un sistema bancario sano (es decir, rentable)", gritan. "Necesitamos restaurar la confianza porque, si no, tendremos un Apocalipsis mañana por la mañana".

Este tipo de argumentación pretende generar una atmósfera de pánico y temor para que sea imposible tener una discusión racional. Pero, ¿en qué consiste realmente este argumento? Despojado de todas las sutilezas, significa sólo una cosa: Ya que los bancos están en manos de los ricos, y ya que los ricos sólo "arriesgarán" su dinero si consiguen una alta tasa de beneficios, y ya que de momento no están consiguiendo beneficios sino sólo pérdidas, el gobierno debe de intervenir y darles grandes sumas de dinero para restaurar sus beneficios y, por tanto, su confianza. Así, y sólo así, todo estará bien.

El famoso economista norteamericano John Kenneth Galbraith resumió su argumento de la siguiente forma: "Los pobres tienen demasiado dinero y los ricos no tienen suficiente". La idea es que si a los ricos les va bien entonces a largo plazo algo de la riqueza se filtrará y nos beneficiaremos todos. Pero como decía Keynes: a largo plazo todos estaremos muertos. Además, esta teoría ha demostrado ser falsa en la práctica.

El argumento de que es absolutamente necesario inyectar enormes sumas de dinero público en los bancos porque de no hacerlo significaría una catástrofe, no convence a los trabajadores y trabajadoras. Estos últimos hacen una pregunta muy sencilla: ¿por qué debemos pagar nosotros por los errores de los banqueros? Si ellos son los que se han metido en este lío, entonces ellos deberían salir solos. Aparte de una considerable pérdida de empleos en los sectores financiero y de servicios, la crisis bancaria afecta en otros sentidos a los niveles de vida. La agitación en los mercados ha hundido la bolsa y devastado los ahorros de trabajadores y clase media.

Hasta la fecha, los planes de jubilación en EEUU han perdido 2 billones de dólares. Eso significa que gente que ha trabajado duro durante toda su vida y ahorrado dinero con la esperanza de tener una jubilación relativamente digna, ahora tiene que cancelar esos planes y retrasar su jubilación. Más de la mitad de las personas entrevistadas en una encuesta reciente decían que les preocupaba tener que trabajar más horas porque el valor de sus ahorros para la jubilación había caído y casi uno de cada cuatro ha tenido que aumentar el número de horas de trabajo.

Mucha gente se enfrenta a los desahucios y a la pérdida de sus hogares. Si una familia pierde su casa, se dice que es el resultado de su propia codicia y falta de previsión. Las férreas leyes del mercado y la "supervivencia del más fuerte" les condenan a vivir en la calle. Es una cuestión privada y no preocupa al gobierno. Pero si un banco se arruina por la especulación voraz de los banqueros, es una terrible desgracia para toda la sociedad y, por tanto, toda la sociedad debe unirse para salvarle. ¡Esta es la lógica retorcida del capitalismo!

Hay que luchar contra este intento vergonzoso de colocar la carga de la crisis sobre los hombros de los que menos tienen. Para resolver la crisis es necesario arrebatar todo el sistema bancario y financiero de las manos de los especuladores y ponerlo bajo el control democrático de la sociedad, para así servir a los intereses de la mayoría y no a los intereses de los ricos.

Nuestras reivindicaciones:

1)   ¡No más rescates a los ricos! ¡Ni una compensación para los peces gordos! Nacionalización de los bancos y aseguradoras bajo el control y administración democrática de los trabajadores. Las decisiones bancarias se deben tomar en interés de la mayoría de la sociedad y no en el interés de una minoría de zánganos ricos. La compensación por los bancos y empresas nacionalizadas sólo se debe pagar en caso de necesidad comprobada a los pequeños inversores. La nacionalización de los bancos es la única manera de garantizar los depósitos y ahorros de la gente corriente.

2)   Control democrático de los bancos. Los consejos de administración deberían estar formados de la siguiente manera: un tercio elegido por los trabajadores del banco, un tercio elegido por los sindicatos para representar a los intereses de la clase obrera en su totalidad y un tercio por el gobierno.

3)   Prohibición inmediata de las bonificaciones exorbitantes, los salarios de todos los ejecutivos deberían limitarse al salario de un trabajador cualificado. ¿Por qué un banquero debe ganar más que un médico o un dentista? Si los banqueros no están dispuestos a cumplir unos términos razonables, hay que enseñarles la puerta y sustituirlos por licenciados cualificados, muchos de los cuales buscan empleo y están dispuestos a servir a la sociedad.

4)   Reducción inmediata de los tipos de interés, que deberían limitarse a los costes necesarios de las operaciones bancarias. Disposición de crédito barato para aquellos que lo necesiten: pequeñas empresas y trabajadores para comprar casas, y no para los banqueros y capitalistas.

5)   Derecho a una vivienda, paralización inmediata de los desahucios, reducción general de los alquileres y un masivo programa de construcción de vivienda social asequible.

La causa de la crisis

La causa de fondo de la crisis no es el mal comportamiento de algunos individuos. Si eso fuera así entonces la solución sería sencilla: conseguir que en el futuro se comporten mejor. Eso es lo que Gordon Brown quiere decir cuando habla de la "transparencia, honestidad y responsabilidad". Pero todo el mundo sabe que las finanzas internacionales son tan transparentes como un pozo negro, que la fraternidad bancaria es tan honesta como una reunión de la mafia y es tan responsable como un jugador compulsivo. Pero incluso si todos los banqueros fueran unos santos, eso no supondría ninguna diferencia fundamental.

No es correcto atribuir la causa de la crisis a la avaricia y la corrupción de los banqueros (aunque son sumamente codiciosos y corruptos). Más bien es una expresión de la enfermedad del sistema en general, una expresión de la crisis orgánica del capitalismo. El problema no es la codicia de ciertos individuos, ni la falta de liquidez o la ausencia de confianza. El problema es que el sistema capitalista a escala mundial está en un absoluto callejón sin salida. La causa primordial de la crisis es que el desarrollo de las fuerzas productivas ha superado los estrechos límites de la propiedad privada y el estado nacional. La expansión y contracción del crédito con frecuencia se presenta como la causa de la crisis, pero en realidad sólo es el síntoma más visible. Las crisis son una parte integral del sistema capitalista.

Marx y Engels hace tiempo explicaron que:

"Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía.

"Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio.

"Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía? De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas".

Estas palabras de El Manifiesto Comunista, escrito en 1848, son tan relevantes y están tan vigentes hoy como cuando fueron escritas. Podían haber sido escritas ayer.

En cualquier caso, la cuestión más importante no es la banca sino la economía real: la producción de mercancías y servicios. Para poder obtener beneficios, estos deben encontrar un mercado. Pero la demanda está sufriendo una abrupta caída y la situación se ha agravado por la falta de crédito. Nos enfrentamos a una crisis clásica del capitalismo que ya se ha cobrado muchas víctimas inocentes. El colapso de los precios inmobiliarios en EEUU ha llevado a una crisis en la industria de la construcción, que ya ha destruido miles de puestos de trabajo. La industria automovilística está en crisis, las ventas en EEUU están en su nivel más bajo en 16 años. Esto a su vez significa una caída de la demanda de acero, plástico, caucho, electricidad, petróleo y otros productos. Tendrá consecuencias en toda la economía, supondrá un aumento del desempleo y una caída de los niveles de vida.

Anarquía capitalista

Durante los últimos treinta años o más, nos han insistido que el mejor de los sistemas económicos posibles era algo llamado economía de libre mercado. Desde finales de los años setenta, el mantra de la burguesía fue "deja los mercados a rienda suelta" y "mantén el Estado fuera de la economía". El mercado se suponía que poseía poderes mágicos que le permitían organizar las fuerzas productivas sin la intervención del Estado. Esta idea es tan vieja como Adam Smith, que en el siglo XVIII hablaba de la "mano invisible del mercado". Los políticos y economistas alardeaban de haber eliminado el ciclo económico. "No regresaremos al ciclo de boom y recesión", repetían una y otra vez.

¡Ni hablar de seguir regulación alguna! Todo lo contrario, exigían a gritos que se suprimieran todas las regulaciones ya que iban en "detrimento del libre mercado". Por lo tanto, arrojaron a la hoguera todas las regulaciones y dejaron que las fuerzas del mercado reinaran libremente. La concupiscencia por el beneficio hizo el resto, según se movían de un continente a otro cantidades enormes de capital sin ningún tipo de obstáculo, destruyendo industrias y derrumbando divisas nacionales sólo con apretar la tecla de un ordenador. Es lo que Marx denominaba la anarquía del capitalismo. Ahora vemos los resultados. Con 700.000 millones de dólares del gobierno estadounidense y más de 400.000 millones de libras del británico, el Estado se verá implicado en la economía durante muchos años. 400.000 millones de libras es el equivalente a la mitad de la renta nacional británica. Incluso si esta cantidad se reembolsa (que es mucho suponer) eso significa muchos años de aumentos de impuestos, recortes del gasto social y austeridad.

El instinto de manada, una ley muy vieja, es lo que gobierna el comportamiento de los mercados. El apenas perceptible olor de un león merodeando en la sabana conseguirá que una manada de ñus se asuste y provocará una estampida que nada detendrá. Este es el tipo de mecanismo que determina los destinos de millones de personas. Esta es la cruda realidad de la economía de mercado. Igual que el ñu puede oler a un león, los mercados pueden oler la inminencia de la recesión. La perspectiva de una recesión es la verdadera causa del pánico. Una vez esto ocurra, nada podrá detenerlo. Todos los discursos, todos los recortes de tipos de interés, todas las limosnas a los bancos no tendrán efecto en los mercados financieros. Verán que los gobiernos y bancos centrales tienen miedo y sacarán las conclusiones necesarias.

El pánico que ha recorrido los mercados amenaza con aplastar todos los intentos de los gobiernos de contener la crisis. Ninguna de las medidas desesperadas adoptadas por la Reserva Federal de EEUU, ni los gobiernos europeos, ni por los bancos centrales han conseguido detener la estampida. El efecto de este escándalo es mayor porque la misma gente que ahora pide a gritos la ayuda estatal es la que siempre gritaba que el gobierno no tenía cabida en el funcionamiento de la economía y que el libre mercado debía funcionar sin regulaciones ni ninguna otra forma de intromisión del Estado.

Ahora todos se quejan amargamente de que los reguladores no hicieron bien su trabajo. Pero hasta hace poco todos estaban de acuerdo en que la tarea de los reguladores era sencillamente dejar solos a los mercados. Las autoridades protectoras tienen mucha razón cuando dicen que su trabajo no es dirigir los bancos, porque ese fue el mantra de los últimos treinta años. Desde Londres a Nueva York y Reikiavik los reguladores fracasaron y dieron rienda suelta a los "excesos" de la industria financiera. Durante las últimas tres décadas todos los defensores de la economía de mercado exigieron la supresión de las regulaciones.

La competencia por los negocios entre centros financieros se suponía que garantizaba que el mercado funcionase de manera eficiente, gracias a la mano invisible del mercado. Pero la bancarrota de esta política de laisez-faire quedó cruelmente al descubierto el verano de 2007. Ahora todos se dan golpes en el pecho y gimen por las consecuencias de sus propios actos. La sociedad paga ahora la factura de una política que permitió a los capitalistas y a sus representantes políticos intentar mantener un boom inflando constantemente la burbuja especulativa. Todos participaron en este masivo fraude. Republicanos y demócratas, laboristas y conservadores, socialdemócratas y antiguos "comunistas", todos abrazaron la economía de mercado y aplaudieron este alegre carnaval de hacer dinero.

Es muy fácil ser sabio después de que han sucedido los acontecimientos, como te dirá cualquier borracho a la mañana siguiente después de una borrachera. Todos juran que han aprendido la lección y que nunca más beberán, una decisión excelente que sinceramente quieren cumplir, hasta la siguiente borrachera. Ahora los reguladores financieros están metiendo la nariz en incluso los aspectos más pequeños de los asuntos de la banca, pero sólo después de que los bancos se pusieran al borde del colapso. ¿Dónde estaban antes los reguladores?

Ahora todo el mundo culpa de la crisis a los codiciosos banqueros. Pero sólo ayer estos mismos codiciosos banqueros eran aclamados universalmente como los salvadores de la nación, los creadores de riqueza, los emprendedores de riesgos y los creadores de empleo. Muchos en la City de Londres y en Wall Street ahora se enfrentan a la pérdida de sus puestos de trabajo. Pero los negociantes habrán conseguido millones por la especulación en el mercado. Los jefes de los operadores en los consejos de administración permitieron que continuara el casino porque su salario estaba también vinculado a los resultados a corto plazo.

Tardíamente las autoridades intentan poner freno a los salarios de los banqueros como uno de los precios de los planes de rescate. Lo hacen no por principio ni convicción, sino porque temen la reacción de la población ante el escándalo de que se paguen enormes sobresueldos de los fondos públicos a las mismas personas que han causado el caos en la economía. A los empresarios no les importa el ambiente de rabia y odio que se está acumulando en la sociedad. En cualquier caso les es indiferente. Pero los políticos no se pueden permitir ser totalmente indiferentes a los votantes que pueden echarles en las próximas elecciones.

El problema al que se enfrentan es que es imposible regular la anarquía capitalista. Se quejan de la codicia, pero ésta es el corazón de la economía de mercado y no se puede evitar. Todos los intentos de limitar la "excesiva" remuneración, las comisiones, etc., se encontrarán con un sabotaje. El mercado expresará su desaprobación con repentinas caídas de los precios de las acciones. Eso servirá para concentrar la mente de los legisladores y les obligará a prestar atención al electorado real: los propietarios de la riqueza. Cuando un trabajador sacrifica este año un aumento salarial, ese dinero está perdido para siempre. Pero esa misma regla no se aplica a los banqueros y capitalistas. Incluso si estos últimos, por razones cosméticas, aceptan restringir este año sus gratificaciones, compensarán este gran "sacrificio" aumentado sus ingresos el próximo año. No es nada difícil.

La idea de que los hombres y las mujeres son incapaces de ordenar mejor sus asuntos es una calumnia monstruosa contra la raza humana. Durante los últimos 10.000 años la humanidad ha demostrado ser capaz de superar todos los obstáculos y avanzar hacia el objetivo final de la libertad. Los maravillosos descubrimientos de la ciencia y la tecnología han puesto en nuestras manos la perspectiva de resolver todos los problemas que nos han atormentado durante siglos y milenios. Pero este colosal potencial nunca se podrá desarrollar hasta su máxima plenitud mientras esté subordinado al sistema de beneficio.

Por una vida mejor

Increíblemente, en sus esfuerzos por defender el capitalismo, algunos comentaristas intentan culpar de la crisis a los consumidores y compradores de casas. "Todos somos culpables", dicen, sin ni siquiera ruborizarse. Después de todo, según dicen, nadie nos obligó a tomar un 125 por ciento de hipoteca ni a endeudarnos para pagar las vacaciones en el extranjero o zapatos de diseño. Pero en una situación donde la economía se desarrolla rápido y el crédito es barato, incluso los pobres tienen la tentación de "vivir más allá de sus posibilidades". En realidad, en determinado momento los tipos de interés reales en EEUU fueron negativos, eso significaba que a la gente se le castigaba por no adquirir un préstamo.

El capitalismo crea constantemente nuevas necesidades y la publicidad es ahora una gran industria, que utiliza los métodos más sofisticados para convencer a los consumidores de que deben tener esto o aquello. El estilo de vida colmado de las ricas "celebridades" se presenta ante la mirada fija de los pobres, les presentan una visión distorsionada de la vida y les lavan el cerebro para que aspiren a cosas que nunca serán suyas. Después, los hipócritas burgueses señalan con el dedo acusador a las masas que, como Tántalo, están condenados a observar el banquete mientras sufren todos los tormentos del hambre y la sed.

No hay nada inmoral e ilógico en aspirar a una vida mejor. Si los hombres y las mujeres no aspiraran constantemente a algo mejor, entonces nunca habría progreso. La sociedad se hundiría en una situación de estancamiento e inercia. Ciertamente debemos aspirar a una vida mejor, porque sólo tenemos una. Y si todo lo que podemos esperar es lo que ahora existe, la perspectiva de la humanidad realmente sería sombría. Lo que sí es inmoral e inhumano es la lucha incesante por la supervivencia que ha creado el capitalismo, que se basa en la codicia individual, no simplemente como una virtud sino como el motivo principal de todo progreso humano.

La clase capitalista cree en la presunta supervivencia del más fuerte. Sin embargo, lo que quieren decir con esta supervivencia no es el más fuerte o más inteligente, sino sólo el rico, a pesar de que pueda ser débil, estúpido, feo o enfermo, y da igual cuántos seres inteligentes y fuertes mueran en el proceso. Se cultiva sistemáticamente la idea de que mi avance personal debe ser a costa de los demás, que mi codicia personal debe ser satisfecha con las pérdidas de los otros y que para avanzar es necesario pisotear a los demás. Este tipo de violento individualismo burgués es la base moral y psicológica de muchos de los males que actualmente afectan a la sociedad, que corroe sus entrañas y la arrastran al nivel de la barbarie primitiva. Es la moralidad de la competencia brutal, el concepto de "sálvese quien pueda y tonto el último".

Esta caricatura miserable de la selección natural es una calumnia a la memoria de Charles Darwin. De hecho, no fue la competencia sino la cooperación la clave para la supervivencia y desarrollo de la raza humana desde sus primeros orígenes. Nuestros primeros ancestros en la sabana del África oriental (porque todos descendemos de inmigrantes africanos) eran criaturas débiles y pequeñas. Carecían de garras y dientes fuertes. No podían correr tan rápido como los animales que querían comer o los depredadores que les querían comer. De acuerdo con la "supervivencia del más fuerte" nuestra especie se habría extinguido hace millones de años. La principal ventaja evolutiva que poseían nuestros ancestros fue la cooperación y la producción social. El individualismo en esas condiciones habría significado la muerte.

Cambio de conciencia

A los defensores de la llamada teoría de la supervivencia del más fuerte sólo hay que hacerles una pregunta sencilla: ¿por qué a los bancos, que han demostrado una incapacidad total para la supervivencia, no les dejan morir sino que se les debe salvar a toda costa con la generosidad de esa misma sociedad que se supone no existía? Para salvar a los bancos débiles y no aptos, dirigidos por banqueros estúpidos e ineficientes, se supone que la mayoría inteligente y trabajadora debe sacrificarse con mucho gusto. Pero la sociedad de ninguna manera está convencida de la utilidad de esta noble causa, ni de que deban abandonarse "superfluidades" como hospitales y escuelas, ni aceptar un régimen de austeridad en el futuro.

Las sacudidas económicas que diariamente aparecen en los periódicos y pantallas de televisión cuentan una historia cuyo significado es claro para todos: el sistema actual no funciona. Por utilizar una expresión norteamericana: no ha estado a la altura de la situación. No hay dinero para la sanidad, escuelas o pensiones, pero para Wall Street hay todo el dinero del mundo. En palabras del escritor norteamericano más grande de la actualidad, Gore Vidal, lo que tenemos es socialismo para los ricos y economía de libre mercado para los pobres.

Mucha gente normal está sacando de esta situación conclusiones correctas. Comienzan a cuestionar el sistema capitalista y buscan alternativas. Desgraciadamente, no hay alternativas inmediatamente evidentes. En EEUU miran a Obama y los Demócratas. Pero los Republicanos y los Demócratas sólo son la bota derecha e izquierda del Gran Capital. Gore Vidal dijo: "En nuestra República hay un partido, el Partido de la Propiedad, con dos alas de derechas". Obama y McCain lealmente apoyaron el plan de rescate de 700.000 millones de dólares para el Gran Capital. Representan los mismos intereses con sólo leves variaciones en la táctica.

Estos acontecimientos tendrán un efecto poderoso sobre la conciencia. Una proposición elemental del marxismo es que la conciencia humana es profundamente conservadora. En general a la gente no le gusta el cambio. El hábito, la tradición y la rutina juegan un papel muy importante en la modelación de la psicología de las masas, que normalmente se resiste a la idea de alteraciones importantes en sus vidas y costumbres. Pero cuando los grandes acontecimientos sacuden la sociedad hasta sus cimientos, la gente se ve obligada a reconsiderar sus viejas ideas, creencias y prejuicios.

Ahora hemos entrado en ese período. El largo período de relativa prosperidad que ha durado dos décadas o más en los países capitalistas desarrollados dejó su huella aparte de una suave recesión en 2001. A pesar de todas las injusticias manifiestas del capitalismo, a pesar de las largas horas de trabajo, la intensificación de la explotación, la bruta desigualdad, el lujo obsceno de la riqueza desfilando vergonzosamente al lado de un número creciente de pobres y marginados, a pesar de todo esto, la mayoría de la gente creía que la economía de mercado funcionaba y que podría incluso beneficiarla. Esto fue particularmente cierto en EEUU. Pero para un número cada vez mayor de gente eso ya no es así.

Cómo combatir el desempleo

Durante el boom, cuando se hacían fantásticos beneficios, la mayoría de la clase obrera no experimentó un aumento real de los salarios. Fue sometida a una incesante presión para conseguir una productividad cada vez mayor y más horas de trabajo. Pero ahora, cuando la crisis comienza a golpear, la clase obrera está amenazada no sólo por los drásticos recortes de los niveles y condiciones de vida, sino también con la pérdida de sus empleos. Los cierres de fábricas y el aumento del desempleo están a la orden del día. Esto a su vez significa una profundización de la crisis y un mayor deterioro de los niveles de vida de la población. A escala mundial, millones se enfrentan al peligro de ser arrojados al pozo de la pauperización.

Durante diez años la economía española se presentó como el motor de la creación de empleo de la zona euro. Ahora las filas de parados en el Estado español han aumentado en más de 800.000 personas el año pasado. El colapso de la larga década del boom de la construcción ha empujado la tasa de desempleo española al 11,3 por ciento, la mayor de la Unión Europea. "Lo peor está por llegar, esto sólo acaba de comenzar", decía Daniele Antonucci, un economista de Merrill Lynch International con base en Londres. Pronostica que la tasa de desempleo española aumentará el próximo año hasta el 13 por ciento, mientras que el desempleo europeo pasará al 8,1 por ciento desde el 7,5 por ciento de finales de 2008. En realidad, las cifras del desempleo son aún peores, pero los gobiernos recurren a todo tipo de trucos para reducirlas. La misma situación existe, en mayor o menor grado, en todos los países.

Si no pueden aumentar o mejorar su nivel de vida, los trabajadores deben al menos defenderlo. El desempleo amenaza a la sociedad con la desintegración. La clase obrera no puede permitir el desarrollo de un desempleo masivo crónico. El derecho al trabajo es un derecho fundamental. ¿Qué tipo de sociedad condena a millones de hombres y mujeres sanos a una vida de inactividad forzosa cuando su trabajo y habilidad es necesario para satisfacer las necesidades de la población? ¿Acaso no necesitamos más hospitales y escuelas? ¿No necesitamos buenas carreteras y viviendas? ¿No necesitamos reparar y mejorar la infraestructura y el sistema de transportes?

La respuesta a todas estas preguntas es bien conocida. Pero la respuesta de la clase dominante siempre es la misma: no podemos costear estas cosas. Ahora todo el mundo sabe que esta respuesta es falsa. Sabemos que los gobiernos pueden generar enormes cantidades de dinero cuando conviene a los intereses de la minoría rica que posee y controla los bancos y la industria. Sólo cuando la mayoría de la clase obrera pide que se atiendan sus necesidades entonces los gobiernos dicen que la caja está vacía.

¿Qué demuestra esto? Demuestra que en el sistema en que vivimos los beneficios de unos pocos son más importantes que las necesidades de muchos. Demuestra que todo el sistema productivo está basado en una única y exclusiva cosa: el beneficio o, por decirlo claramente, la codicia. Cuando los trabajadores van a la huelga, la prensa (que también es propiedad y está controlada por un puñado de multimillonarios) los ridiculiza calificándoles de "avariciosos". Pero su "avaricia" es sólo la lucha para cubrir sus necesidades: pagar el alquiler o la hipoteca, pagar la comida y el combustible que suben cada mes, satisfacer las necesidades de sus hijos y familias.

Por otro lado, la codicia de los banqueros y capitalistas es la codicia de acumular inmensas fortunas a partir del trabajo de otros (porque ellos no producen nada). Con ese dinero compran obras de arte, no para su regocijo personal sino sólo como otro tipo de inversión rentable, un estilo de vida opulento y extravagante, o para satisfacer una nueva especulación que siempre termina en colapso económico y miseria, no para ellos mismos, sino para la mayoría sobre la que descansa el trabajo productivo de la sociedad.

En el pasado los empresarios decían que la nueva tecnología aliviaría la carga de trabajo, pero ha ocurrido lo contrario. ¡La UE acaba de aprobar una ley que aumenta la jornada laboral semanal máxima a 60 horas! Esto sucede en la primera década del siglo XXI, cuando los milagrosos avances de la ciencia y la tecnología modernas han producido más aparatos para ahorrar trabajo que en toda la historia anterior. ¿Qué sentido tiene? ¿Cuál es el sentido de tener un gran número de desempleados pagados por no hacer nada mientras en los centros de trabajo a otros se les obliga a trabajar largas horas de trabajo extra forzoso?

Durante el boom, los empresarios obligaron a los trabajadores a largas horas de trabajo extra, para exprimir hasta la última onza de plusvalía de su trabajo. Pero cuando la recesión comienza y ya no tienen mercado para sus mercancías, no vacilan en cerrar sus fábricas como si se tratasen de cajas de cerillas, echando a los trabajadores a la calle mientras explotan hasta el límite a los demás. El callejón sin salida del capitalismo es tal que el desempleo ya no tendrá un carácter "coyuntural", sino que cada vez será más orgánico o "estructural". Un hombre o una mujer con más de 40 ó 50 años de edad probablemente no trabajará más en su vida, mientras que muchas personas cualificadas que pierden su empleo tendrán que aceptar empleos no cualificados y peor pagados para sobrevivir.

¡Esta es la economía de un manicomio! Desde un punto de vista capitalista es bastante lógico. ¡Pero rechazamos esta lógica loca del capitalismo! Contra la amenaza del desempleo debemos defender la consigna de obras públicas y repartir el trabajo sin pérdida de salario. La sociedad necesita escuelas, hospitales, carreteras y viviendas. ¡Los parados deben tener trabajo en un programa de obras públicas!

Los sindicatos deben garantizar que los desempleados estén estrechamente vinculados a los trabajadores, unidos en la solidaridad y la responsabilidad mutua. ¡Es necesario compartir el trabajo disponible sin pérdida de salario! Todo el trabajo disponible se debe dividir entre la fuerza laboral de acuerdo con la jornada laboral semanal definida. El salario medio de cada trabajador debe ser el mismo que existía con la antigua jornada laboral. Los salarios, garantizando estrictamente un mínimo, deben subir de acuerdo con los precios. Este es el único programa que puede proteger a los trabajadores en tiempos de crisis.

Cuando consiguen enormes beneficios los dueños de la propiedad guardan celosamente sus secretos empresariales. Ahora que hay crisis, señalarán a sus libros de cuentas como una "prueba" de que no pueden satisfacer las reivindicaciones de los trabajadores. Este es especialmente el caso de los capitalistas más pequeños. Pero la cuestión no es si nuestras reivindicaciones son "realistas" o no desde el punto de vista de los empresarios. Tenemos el deber de proteger los intereses vitales de la clase obrera y protegerla de los peores efectos de la crisis. Los empresarios se quejarán de que esto reducirá sus beneficios y tendrán un efecto negativo en su incentivo para invertir. ¿Pero qué incentivo tiene la mayoría de la población en un sistema basado en el beneficio privado? Si los intereses vitales de la mayoría son incompatibles con las demandas del sistema actual, ¡entonces al diablo el sistema!

¿Realmente es lógico que la vida y el destino de millones de personas estén determinados por el juego ciego de las fuerzas de mercado? ¿Es justo que la vida económica del planeta se decida como si fuera un gigantesco casino? ¿Está justificado que la codicia de beneficio sea la única fuerza motriz que decide si hombres y mujeres tendrán un empleo o un techo sobre sus cabezas? Aquellos que poseen los medios de producción y controlan nuestros destinos responderán de manera afirmativa porque corresponde a sus intereses. Pero la mayoría de la sociedad, que son las víctimas inocentes de este sistema caníbal, tendrá una opinión muy distinta.

Luchando por defenderse contra los intentos de hacerles pagar la crisis, los trabajadores comprenderán la necesidad de un cambio fundamental de la sociedad. La única respuesta a los cierres de fábrica son las ocupaciones de fábrica: "Fábrica cerrada, fábrica tomada". Esa es la única consigna efectiva para combatir los cierres. Las ocupaciones de fábrica necesariamente llevan al control obrero. A través del control obrero los trabajadores adquieren la experiencia de la contabilidad y administración de la empresa que les permitirá más tarde dirigir la sociedad en general.

Esta ha sido la experiencia de las luchas obreras más avanzadas en los años recientes, sobre todo en América Latina. En Brasil (CIPLA/Interfibras, Flasko y otras fábricas), Argentina (Brukman, Zanon y muchas otras) y en Venezuela, donde la gigantesca empresa PDVSA fue dirigida y volvió a ser puesta en funcionamiento por los obreros durante los meses que duró el cierre patronal en 2002-2003, y donde en 2005 se desarrolló el movimiento de fábricas ocupadas alrededor de Inveval y que cobra fuerza.

En todos estos casos y en muchos más, los trabajadores han intentado con éxito, a pesar de todos los inconvenientes, dirigir sus empresas bajo el control y administración de los trabajadores. Pero el control obrero no puede ser un fin en sí mismo. Plantea la cuestión de la propiedad. Plantea la pregunta: ¿Quién es el dueño de la casa? El control obrero o bien lleva a la nacionalización o bien simplemente será un episodio efímero. La única solución real al desempleo es una economía socialista planificada, basada en la nacionalización de los bancos y de las principales industrias bajo el control y administración democrática de los trabajadores.

Nuestras reivindicaciones:

1)   ¡No al desempleo! ¡Trabajo o salario completo para todos!

2)   ¡No a los secretos empresariales! ¡Apertura de los libros de cuentas! Los trabajadores deben tener acceso a información sobre todas las estafas, especulación, evasión de impuestos, acuerdos sospechosos y comisiones o compensaciones económicas excesivas. ¡Que los trabajadores puedan ver cómo han sido estafados y quién es el responsable del caos actual!

3)   ¡No a los cierres de fábricas! ¡Fábrica cerrada, fábrica tomada!

4)   ¡Nacionalización de las fábricas amenazadas de cierre bajo el control y gestión de los obreros!

5)   Por un amplio programa de obras públicas. Por un programa de emergencia de construcción para satisfacer la demanda de vivienda social, escuelas, hospitales y carreteras que dé empleo a los desempleados.

6)   ¡Introducción inmediata de la jornada laboral de 32 horas semanales sin reducción salarial!

7)   Por una economía socialista planificada, donde se elimine el desempleo y la sociedad inscriba en su bandera: DERECHO UNIVERSAL AL TRABAJO

¡Lucha por la defensa del nivel de vida!

Mientras los banqueros y los empresarios conseguían fabulosos beneficios, en términos reales los salarios de la mayoría se estancaban o caían. El abismo entre ricos y pobres nunca ha sido tan grande como hoy. Los beneficios récord han ido acompañados de una desigualdad récord. The Economist (no sospechoso de ser un periódico de izquierdas) decía: "La única tendencia verdaderamente continua durante los últimos 25 años ha sido hacia una mayor concentración de la renta de los más ricos". (The Economist, 17/6/2006.) Una ínfima minoría se ha enriquecido obscenamente, mientras que la parte de la renta nacional que corresponde a los trabajadores se ha reducido constantemente y los sectores más pobres se han hundido en una pobreza cada vez más profunda. El huracán Katrina reveló ante todo el mundo la existencia de una subclase de ciudadanos empobrecidos que viven en condiciones tercermundistas en el país más rico del planeta.

En EEUU millones están amenazados con la pérdida de sus empleos y viviendas, mientras la explotación continúa a ritmo acelerado. Al mismo tiempo que Bush anunciaba el plan de rescate de 700.000 millones de dólares, las empresas energéticas norteamericanas registraban un aumento de la morosidad en el pago de facturas de gas y electricidad. El mayor incremento de cortes de suministros de energía eléctrica se dio en los estados de Michigan (22 por ciento) y Nueva York (17 por ciento), aunque también se acrecentó en Pensilvania, Florida y California.

Los trabajadores de EEUU producen un 30 por ciento más que hace diez años. Pero los salarios apenas han aumentado. La estructura social cada vez está más forzada. En el seno de la sociedad han aumentado enormemente las tensiones, incluso en el país más rico del mundo. Se está preparando el terreno para una explosión aún mayor de la lucha de clases. No sólo es el caso de EEUU. En todo el mundo el boom ha ido acompañado de un desempleo elevado. Las reformas y las concesiones retrocedieron incluso en el punto álgido del boom. Pero la crisis del capitalismo no sólo significa que la clase dominante ya no pueda soportar más reformas, sino que ni siquiera puede permitir la existencia de aquellas reformas y concesiones conquistadas por los trabajadores en el pasado.

La clase obrera no ha sacado ningún beneficio real del boom y ahora le presentan la factura de la recesión. En todas partes se atacan los niveles de vida. Para defender los beneficios de los empresarios y banqueros, hay que reducir los salarios, aumentar las horas e intensidad del trabajo, y reducir el gasto en escuelas, hospitales y viviendas. Esto significa que incluso las condiciones de vida semi-civilizadas conseguidas en el pasado ahora están amenazadas. En las condiciones actuales no se puede conseguir ninguna reforma significativa sin una lucha seria. La idea de que es posible conseguirlo mediante el compromiso con los empresarios y los banqueros es falsa hasta la médula.

La idea de la "unidad nacional" para combatir la crisis es un engaño cruel. ¿Qué unidad de intereses puede existir entre los millones de trabajadores y los super-ricos explotadores? Sólo puede ser la unidad del caballo y el jinete que clava sus espuelas en el lomo. Los dirigentes de los partidos socialistas, laborista y de izquierdas que aprobaron las "medidas contra la crisis" que suponen regalos abundantes a los banqueros, recortes y austeridad para la mayoría de la sociedad, lo que hacen es traicionar los intereses de la gente que les eligieron. Aquellos dirigentes sindicales que argumentan que en una crisis "todos debemos trabajar codo con codo" e imaginan que es posible obtener concesiones mediante la moderación salarial, aceptando todas las imposiciones de los empresarios, conseguirán lo contrario de lo que pretenden. ¡La debilidad invita a la agresión! Cada paso atrás que demos, los empresarios exigirán tres más. Por el camino de la colaboración de clase y el llamado nuevo realismo sólo hay nuevas derrotas, cierres de fábricas y reducciones de los niveles de vida.

Mientras aumenta de manera inexorable el desempleo, también aumenta el coste de la vida. La gasolina, el gas, la electricidad, los alimentos, todo ha subido, mientras que los salarios se han congelado y los beneficios de las grandes empresas energéticas se disparan. En el período pasado los economistas burgueses decían que habían "domado la inflación". ¡Qué ridículos suenan hoy esos argumentos! Las familias que ayer vivían con dos salarios ahora viven con uno, o ninguno. La lucha por la vida asume ahora un significado cada vez más cruel para millones de personas. La inflación y la austeridad simplemente son las dos caras de la misma moneda. No pueden servir a los intereses de la clase obrera. Rechazamos totalmente todos los intentos de colocar la carga de la crisis, la desorganización del sistema bancario y todas las demás consecuencias de la crisis del sistema de beneficio sobre los hombros de la clase trabajadora. Exigimos empleo y condiciones decentes de vida para todos.

La única solución al ascenso galopante de los precios es la escala móvil salarial. Esto significa que las negociaciones colectivas deberían garantizar una subida automática de los salarios con relación al incremento de los precios de los bienes de consumo. Los banqueros y sus representantes políticos dicen a las masas: no podemos ofrecer salarios más altos porque eso provocará inflación. Pero todo el mundo sabe que los salarios son los que intentan siempre alcanzar a los precios y no al contrario. La respuesta es la escala móvil de salarios, mediante la cual los salarios automáticamente se vinculen a los incrementos del coste de la vida. Sin embargo, incluso esto no es suficiente. Los índices oficiales de inflación están trucados para que subestimen el dato real de inflación y, por tanto, se les pide a los trabajadores que pidan aumentos salariales que no superen estas cifras falsas. Por esa razón es necesario que los sindicatos sean los que elaboren la tasa real de inflación, basada en el precio de las necesidades básicas (incluidos alquileres y costes de vivienda) y la revisen continuamente. Todas las reivindicaciones salariales se deberían basar en esto.

Nuestras reivindicaciones:

1)   ¡Un salario y una pensión decentes para todos!

2)   Escala móvil salarial, vinculando los aumentos salariales con el incremento del coste de la vida.

3)   Los sindicatos, cooperativas y asociaciones de consumidores son los que deben elaborar el índice real del coste de la vida en lugar del índice "oficial" que no refleja la verdadera situación.

4)   Creación de comités de trabajadores, amas de casa, pequeños comerciantes y desempleados para controlar los aumentos de precios.

5)   Abolición de todos los impuestos indirectos e introducción de un sistema fuertemente progresivo de impuestos directos. Supresión de todos los impuestos a los pobres y que paguen los ricos.

6)   ¡Reducción drástica de la factura de combustible! Eso sólo se puede conseguir mediante la nacionalización de las empresas energéticas, lo que nos permitiría imponer controles de precios a los precios del gas y la electricidad para los consumidores. ¡No más beneficios a costa de la población!

Los sindicatos

En el período actual, los trabajadores más que nunca necesitan sus organizaciones de masas, sobre todo los sindicatos. El sindicato es la unidad básica de organización. No será posible luchar por la defensa de los salarios y niveles de vida sin sindicatos poderosos. Por eso los empresarios y sus gobiernos siempre tratan de socavar los sindicatos y restringir su esfera de acción mediante la legislación antisindical.

El largo período de boom ha afectado a los dirigentes sindicales, los cuales han abrazado la política de colaboración de clases y se han convertido en "sindicatos de servicios", precisamente cuando las condiciones para este tipo de cosas han desaparecido. Los dirigentes sindicales de derechas son la fuerza más conservadora de la sociedad. Dicen a los trabajadores que "todos estamos en el mismo barco" y que todos debemos hacer sacrificios para salir de la crisis, que los empresarios no son el enemigo y que la lucha de clases es algo "pasado de moda".

Alaban la negociación entre el asalariado y el Capital, que consideran como el "nuevo realismo". En realidad es el peor tipo de utopía. Es imposible reconciliar intereses de clases mutuamente excluyentes. En las condiciones actuales la única manera de conseguir reformas y aumentos salariales es a través de la lucha. De hecho, será necesario luchar para defender las conquistas del pasado que en todas partes están amenazadas. Esto está en contradicción directa con la política de colaboración de clase defendida por los dirigentes sindicales, que reflejan el pasado, no el presente ni el futuro.

En sus intentos de castrar los sindicatos y convertirlos en instrumentos para controlar a los trabajadores, la clase dominante utiliza todo su poder para corromper a la cúpula de los sindicatos y enredarles con el Estado. Nos oponemos a todos estos intentos y defendemos el fortalecimiento y democratización de la organización sindical a todos los niveles. Los sindicatos deben ser independientes del Estado y deben controlar a sus dirigentes, y obligarles a luchar enérgicamente por los intereses de los trabajadores.

Los dirigentes sindicales reformistas, a los que les gusta pensar de sí mismos como prácticos y realistas, en realidad son totalmente ciegos y obtusos. No tienen la más mínima idea de la catástrofe que está preparando la crisis del capitalismo. Imaginan que es posible salir del paso, aceptando recortes y otras imposiciones con la esperanza de que todo finalmente irá bien. Se aferran a las "buenas relaciones" con los capitalistas e imaginan que ellos pueden cambiar su comportamiento. Por el contrario, toda la historia demuestra que la debilidad invita a la agresión. Por cada paso atrás que nosotros demos, los empresarios exigirán tres más.

Incluso cuando se ven obligados, debido a la presión desde abajo, a convocar huelgas y huelgas generales, hacen todo lo que está en su poder para limitar estas acciones a simples gestos, limitados en el tiempo y su alcance. Cuando se ven forzados a convocar manifestaciones de masas, las convierten en espectáculos y carnavales con globos y bandas musicales, sin ningún contenido de clase combativo. Para los dirigentes eso es sólo una válvula de escape. Para los sindicalistas serios, al contrario, las huelgas y manifestaciones son una forma de conseguir que los trabajadores comprendan su poder y preparar el terreno para un cambio fundamental de la sociedad.

Incluso en el período anterior ya existía una corriente subterránea de descontento debido a los ataques contra los derechos de los trabajadores y la legislación anti sindical. Ahora saldrá a la superficie y encontrará una expresión en las organizaciones de masas de la clase obrera, empezando por los sindicatos. La radicalización de la base entrará en conflicto con el conservadurismo de la dirección. Los trabajadores exigirán una transformación total de los sindicatos, de arriba abajo, y lucharán por transformarlos en verdaderas organizaciones de lucha.

Defendemos la construcción de sindicatos de masas, democráticos y combativos, que sean capaces de organizar a la mayoría de la clase obrera, formarla y prepararla prácticamente, no sólo para una transformación radical de la sociedad, sino para la dirección real de la economía en una futura sociedad socialista democrática.

Nuestras reivindicaciones:

1)   Total independencia de los sindicatos del Estado.

2)   Fin del arbitraje forzoso, no a los acuerdos anti huelgas y otras medidas que restringen el margen de acción de los sindicatos.

3)   ¡Democratización de los sindicatos y que estén firmemente controlados por los militantes!

4)   ¡Supresión de la elección de por vida! ¡Elección de todos los dirigentes sindicales con derecho a revocación!

5)   ¡Contra la burocracia y el arribismo! Ningún dirigente sindical puede cobrar un salario superior al de un obrero cualificado. Todos los gastos deben estar disponibles para ser inspeccionados por la militancia.

6)   ¡No a la colaboración de clase! Por un programa militante que movilice a los trabajadores en defensa de los empleos y sus niveles de vida.

7)   Por la unidad sindical sobre la base de las reivindicaciones antes mencionadas.

8)   Control por la base, incluido el fortalecimiento de los comités de delegados sindicales y la creación de comités de huelga durante las mismas y otros conflictos como una forma de garantizar la máxima participación del mayor número de trabajadores.

9)   Por la nacionalización de los altos mandos de la economía y la creación de una democracia industrial donde los sindicatos jugarían un papel clave en la administración y control de todos los centros de trabajo. El sindicalismo no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio para un objetivo, que es la transformación socialista de la sociedad.

La juventud

La crisis del capitalismo tiene unos efectos particularmente negativos en el caso de la juventud, que representa la clave para el futuro de la raza humana. La decadencia senil del capitalismo amenaza con socavar la cultura y desmoralizar a la juventud. Capas enteras de jóvenes no ven salida a este callejón sin salida, convirtiéndose en carne de cañón del alcoholismo, las drogas, la delincuencia y la violencia. Cuando los jóvenes son asesinados por un par de zapatos de deportes debemos preguntar en qué tipo de sociedad vivimos. La sociedad anima a la gente joven a que aspire a tener productos de consumo que no se puede permitir, después levantan las manos horrorizados por los resultados.

Margaret Thatcher, la máxima predicadora de la economía de mercado, dijo en cierta ocasión que la sociedad no existe. Esta filosofía nociva ha tenido los resultados más devastadores desde que fue puesta en práctica hace treinta años. El crudo individualismo ha contribuido poderosamente a crear un espíritu de egoísmo, avaricia e indiferencia hacia los sufrimientos de los demás que se ha filtrado como un veneno en el cuerpo de la sociedad. Es la esencia real de la economía de mercado.

La verdadera medida del nivel de civilización de una sociedad es cómo ésta cuida a sus ancianos y jóvenes. Partiendo de esta medida, esta sociedad no consigue la clasificación de sociedad civilizada, más bien la de una sociedad que está al borde de la barbarie. Incluso en el período de boom ya existían síntomas de barbarie en la sociedad, con una oleada de crimen y violencia, y la proliferación de actitudes antisociales y nihilistas entre una capa de la juventud. Pero este ambiente es un reflejo fiel de la moralidad del capitalismo.

Los reaccionarios protestan estrepitosamente por esta situación pero, como no pueden admitir que este tipo de cosas son la consecuencia del sistema social que ellos defienden, son impotentes para proponer ninguna solución. Su única respuesta es llenar las prisiones con jóvenes, que aprenden cómo ser verdaderos criminales en lugar de ser simples aficionados. Y así entramos en un círculo vicioso de alienación social, drogadicción, degradación y crimen.

La "respuesta" del establishment es criminalizar a la juventud, culparla de los problemas generados por la propia sociedad, aumentar la política represiva, construir más prisiones y dictar sentencias más duras. En lugar de solucionar el problema, estas medidas sólo pueden agravarlo y crear un círculo vicioso de crimen y alienación. Este es el resultado lógico del capitalismo y la economía de mercado, que trata a las personas como simples "factores de producción" y subordina todo a la búsqueda de beneficios. Nuestra respuesta para la juventud es: ¡organizaos y uníos junto a la clase obrera en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo!

La crisis del capitalismo significa más desempleo y un nuevo deterioro de la infraestructura, educación, sanidad y vivienda. Esta decadencia de los niveles civilizados conlleva el riesgo de más desintegración social. Supondrá un aumento del crimen, del vandalismo, del comportamiento antisocial y la violencia.

Es necesario tomar medidas urgentes para evitar que nuevas capas de la juventud se hundan en el pantano de la desmoralización. La lucha por el socialismo significa la lucha por la cultura en su sentido más amplio, elevar las aspiraciones de los jóvenes y darles un objetivo en la vida, que sea más que la supervivencia a un nivel apenas superior al de los animales. Si tratas a las personas como animales se comportarán como animales. Si las tratas como seres humanos reaccionarán en consecuencia.

Los recortes en la educación, la eliminación de las becas y la imposición de tasas y préstamos de estudios significan la exclusión de los jóvenes de la clase obrera de la educación superior. En lugar de ser adecuadamente formados para satisfacer las necesidades de la sociedad y tener acceso a la cultura, la mayoría de los jóvenes están condenados a una vida de trabajo pesado y empleos no cualificados mal pagados. Al mismo tiempo, se permite a las empresas privadas interferir en la educación, tratándola cada vez más como otro mercado donde conseguir beneficios.

Nuestras reivindicaciones:

1)   Educación decente para todos los jóvenes. Programa masivo de construcción de escuelas y un sistema verdaderamente gratuito de todos los niveles educativos.

2)   Supresión inmediata de las tasas estudiantiles e introducción de una beca digna para todos los estudiantes que quieren acceder a la enseñanza superior.

3)   Empleo garantizado para cada estudiante al abandonar los estudios con un salario decente.

4)   No al dominio y explotación de la educación por el gran capital. ¡Fuera la empresa privada de la educación!

5)   Creación de clubs juveniles bien equipados, bibliotecas, polideportivos, cines, piscinas y otros centros recreativos para los jóvenes.

6)   Programa de construcción de vivienda pública accesible a los estudiantes y parejas jóvenes.

"Viabilidad"

La crisis del capitalismo significa que en todas partes los banqueros y capitalistas quieren poner toda la carga de la crisis sobre los hombros de la gente que menos puede permitirse pagarla: los trabajadores, la clase media, los parados, los ancianos y los enfermos. El argumento que repiten constantemente es que, como hay crisis, no podemos mejorar y ni si quiera mantener los niveles de vida.

El argumento de que no hay dinero para pagar las reformas es una falsedad descarada. Hay mucho dinero para armas y para pagar las guerras criminales de agresión en Iraq y Afganistán. Pero no hay dinero para escuelas y hospitales. Hay mucho dinero para subvencionar a los ricos, como hemos visto con el pequeño regalo de Bush de 700.000 millones de dólares a los banqueros. Pero no hay dinero para las pensiones, hospitales o escuelas.

El argumento sobre la "viabilidad" por tanto cae por su propio peso. Una reforma concreta es "viable" o no dependiendo de si es para el interés de una clase determinada o no. En última instancia, independientemente de si es viable (es decir, si se podrá poner en práctica) depende de la lucha de clases y de la correlación real de fuerzas. Cuando la clase dominante está amenazada con perder todo, siempre estará dispuesta a hacer concesiones que "no puede permitirse". Esto se pudo ver en mayo de 1968 en Francia, cuando la clase dominante francesa concedió un importante aumento salarial y mejoras importantes en las condiciones y horas de trabajo para acabar con la huelga general y conseguir que los trabajadores abandonaran las fábricas que habían ocupado.

El comienzo de la crisis puede provocar conmoción al principio, pero pronto se transformará en rabia cuando la gente comience a ser consciente de que se les pide que paguen el peso de la crisis. Habrá cambios repentinos en la conciencia, que se puede transformar en un espacio de 24 horas. Un gran movimiento en un solo país importante puede provocar un cambio rápido de toda la situación, como ocurrió en 1968. La única razón por la que esto aún no ha ocurrido es porque la dirección de las organizaciones obreras de masas va a remolque de los acontecimientos y no consigue presentar una alternativa real. Sin embargo, ya hay síntomas de cambio.

En el período reciente ha habido huelgas generales y manifestaciones de masas en toda Europa. En Grecia desde que en 2004 llegó al poder el partido de derechas Nueva Democracia ha habido nueve huelgas generales. En los primeros seis meses de 2008 en Bélgica presenciamos una oleada de huelgas no autorizadas que recordaban a los años setenta. El movimiento se extendió rápida y espontáneamente de un sector a otro. En marzo de 2008 la Empresa de Transporte de Berlín (BVG) estuvo paralizada debido a una huelga larga y combativa de los conductores, del personal de mantenimiento y de la administración. Después de años de concesiones por parte de los sindicatos, los trabajadores han dicho basta. Miles de estudiantes tomaron las calles del Estado español el miércoles 22 de octubre último para protestar contra los planes de privatizar la educación universitaria y oponerse a cualquier plan de hacer pagar a los trabajadores la crisis capitalista a través de recortes en educación, sanidad y otros servicios públicos.

En Italia los estudiantes se están movilizando. Cientos de miles de estudiantes de secundaria y universidad, junto a profesores y padres, se están movilizando por toda Italia contra el intento de Berlusconi de privatizar aún más la educación. Esto ha llevado a ocupaciones de institutos y universidades. La respuesta del gobierno ha sido amenazar con el uso de la policía armada contra los estudiantes. El sábado 11 de octubre 300.000 trabajadores y jóvenes se manifestaron en Roma en una manifestación convocada por Rifondazione Comunista.

Todo esto demuestra que los trabajadores no se van a quedar de brazos cruzados mientras se destruyen sus condiciones de vida. El escenario está preparado para un auge de la lucha de clases. Los trabajadores no están interesados en la lógica del sistema de beneficio. Nuestro deber es defender los intereses de nuestra clase y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores a unos niveles que se aproximen a una vida civilizada. ¡Si hay dinero para los banqueros, entonces hay dinero para financiar el tipo de reformas que necesitamos para hacer de la sociedad un lugar apto para vivir!

¡Defensa de los derechos democráticos!

Durante más de medio siglo los trabajadores de Europa Occidental y Norteamérica creyeron que la democracia era algo fijo y permanente. Pero esto es una ilusión. La democracia es una construcción muy frágil y sólo es posible en los países ricos donde la clase dominante puede hacer determinadas concesiones a las masas para mitigar la lucha de clases. Pero cuando las condiciones cambian, la clase dominante en los países "democráticos" puede pasar a la dictadura con la misma facilidad que un hombre pasa de un compartimento de tren a otro.

En condiciones de intensa lucha de clases, la clase dominante comenzará a girar en dirección a la reacción. Se quejará de que hay demasiadas huelgas y manifestaciones y exigirá "orden". Recientemente a Cossiga, un demócrata cristiano que fue ministro de interior en Italia durante los años setenta, más tarde presidente de la República y ahora senador vitalicio, le preguntaron qué se debería hacer con las manifestaciones de estudiantes. Respondió lo siguiente:

"Déjales seguir durante un tiempo. Retirar a la policía de las calles y campus, infiltrarse en el movimiento con agentes provocadores dispuestos a todo, dejar a los manifestantes unos diez días para que devasten tiendas, quemen coches y pongan las ciudades patas arriba. Después de eso, tras haber ganado el apoyo de la población, garantizar que el sonido de las sirenas de las ambulancias sea mucho más bajo que el los policías y carabinieri, las fuerzas del orden deberían atacar despiadadamente a los estudiantes y enviarlos a los hospitales. No detenerlos, porque los jueces los liberarían inmediatamente, golpearlos y también a los profesores que fomentan el movimiento".

Esta es una advertencia de lo que podemos esperar en el próximo período de intensa lucha de clases en Italia y en otros países. En el futuro, debido a la debilidad de los dirigentes reformistas, es posible que pudieran instalar algún tipo de dictadura bonapartista (policíaco-militar) en un país europeo u otro. Pero en las condiciones modernas este régimen sería muy inestable y probablemente no duraría mucho.

En el pasado, en Italia, Alemania y España existía un campesinado y pequeña burguesía importantes, que formaban la base de masas de la reacción. Esto ha desaparecido. En el pasado, la mayoría de los estudiantes procedían de familias ricas y apoyaban a los fascistas. Ahora la mayoría de los estudiantes son de izquierdas. Las reservas sociales de la reacción son muy limitadas. Las organizaciones fascistas son pequeñas, aunque pueden ser extremadamente violentas, lo que refleja debilidad, no fortaleza. Además, después de la experiencia de Hitler, la burguesía no tiene intención de entregar el poder a los perros rabiosos. Prefieren basarse en los "respetables" oficiales del ejército, utilizando como auxiliares a las bandas fascistas.

Ya en el período reciente en todas partes se han atacado los derechos democráticos. Utilizando la excusa de la legislación antiterrorista, la clase dominante está introduciendo nuevas leyes que restringen los derechos democráticos. Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, Bush a toda prisa aprobó la Ley de Seguridad Interior (HSA). La administración Bush intenta destruir las bases del régimen democrático establecido por la Revolución Americana y moverse hacia una forma de dominio libre de leyes restrictivas. En Gran Bretaña y otros países se han aprobado leyes similares.

Lucharemos por la defensa de todos los derechos democráticos conquistados por la clase obrera en el pasado. Sobre todo, defenderemos el derecho de huelga y manifestación, nos oponemos a todas las restricciones legales a los sindicatos. Todo el mundo debe tener el derecho de afiliarse a un sindicado y junto con otros trabajadores defender sus derechos. Muy a menudo los defensores del capitalismo oponen socialismo a democracia. Pero las mismas personas que se atreven a acusar a los socialistas de ser antidemocráticos y se presentan como defensores de la democracia, siempre han sido los más feroces enemigos de la democracia. Olvidan de manera conveniente que estos derechos democráticos fueron conquistados por la clase obrera hace tiempo en una lucha encarnizada contra los ricos y poderosos que se opusieron enérgicamente a cualquier reivindicación democrática.

La clase obrera está interesada en la democracia porque nos proporciona unas condiciones más favorables para el desarrollo de la lucha por el socialismo. Pero comprendemos que bajo el capitalismo la democracia debe necesariamente tener un carácter restringido, unilateral y ficticio. ¿Qué utilidad tiene la libertad de prensa cuando todos los grandes periódicos, revistas y cadenas de televisión, salas de reunión y teatros, están en manos de los ricos? Mientras la tierra, los bancos y los grandes monopolios sigan en manos de unos pocos, todas las decisiones realmente importantes que afectan a nuestras vidas se tomarán, no en los parlamentos y por los gobiernos elegidos, sino tras las puertas cerradas de los consejos de administración de los bancos y grandes empresas. La crisis actual ha sacado a la luz esta realidad para que todos la puedan ver.

El socialismo es democrático o no es nada. Defendemos una verdadera democracia donde el pueblo tomara en sus propias manos la administración de la industria, la sociedad y el Estado. Esa sería una genuina democracia, y no la caricatura que tenemos ahora, donde todos pueden decir (más o menos) lo que quieren, pero las decisiones importantes que afectan a nuestra vida se toman detrás de las puertas cerradas por pequeños grupos no elegidos por nadie en los consejos de administración de los bancos y grandes monopolios.

Nuestras reivindicaciones:

1)   Derogación inmediata de todas las leyes antisindicales.

2)   Derecho de todos los trabajadores a unirse a un sindicato, a un piquete y a manifestarse.

3)   Derecho a la libertad de expresión y libertad de reunión.

4)   No a las restricciones de los derechos democráticos con el pretexto de supuestas leyes antiterroristas.

5)   Las organizaciones de trabajadores deben rechazar la idea equivocada de la "unidad nacional" con gobiernos y partidos capitalistas con el pretexto de la crisis. Estos últimos son los responsables de la crisis y quieren pasar la factura a la clase obrera.

Otro mundo es posible: el socialismo

Algunas personas equivocadamente dicen que el problema radica en los avances de la ciencia. Creen que seríamos más felices en cuclillas en una casa de barro trabajando deslomados desde el amanecer hasta el anochecer en los campos. Esto es una sandez. La manera de conseguir la verdadera libertad para desarrollar el potencial de hombres y mujeres hasta su plenitud está precisamente en el máximo desarrollo de la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología. El problema es que estos instrumentos poderosos del progreso humano están en manos de individuos que los subordinan al beneficio, distorsionando su propósito, limitando su aplicación y retrasando su desarrollo. Está claro que la ciencia habría descubierto hace mucho tiempo ya una cura contra el cáncer o encontrado una alternativa limpia y barata a los combustibles fósiles si no estuviese encadenada al carro del beneficio.

La ciencia y la tecnología sólo podrán materializar su tremendo potencial cuando se libere del abrazo sofocante de la economía de mercado y se ponga al servicio de la humanidad en un sistema de producción democrático y racional, en que primen las necesidades de la sociedad  y no los beneficios. Esto nos permitiría reducir las horas de trabajo al mínimo, liberando así a hombres y mujeres de las largas jornadas de esclavitud en el trabajo y permitiéndoles desarrollar el potencial físico, intelectual o espiritual que puedan tener. Este es el salto de la humanidad "del reino de la necesidad al reino de la libertad".

Después de la caída de la Unión Soviética los defensores del viejo orden estaban exultantes. Hablaban del fin del socialismo e incluso del final de la historia. Nos prometieron una nueva era de paz, prosperidad y democracia, gracias a los milagros de la economía de libre mercado. Ahora, sólo quince años después, estos sueños se han reducido a un montón de cenizas. No queda piedra sobre piedra de estas ilusiones. Los problemas serios requieren medidas serias. ¡No es posible curar el cáncer con una aspirina! Lo que hace falta es un cambio real de la sociedad. El problema fundamental es el propio sistema. Aquellos expertos económicos que afirmaban que Marx no tenía razón y que las crisis capitalistas eran aguas pasadas (el "nuevo paradigma económico") han demostrado estar equivocados.

El último boom económico tuvo todas las características del ciclo económico descrito por Marx hace mucho tiempo. El proceso de la concentración de capital ha alcanzado niveles asombrosos. Hubo una orgía de fusiones y un aumento de la monopolización, alcanzando proporciones inimaginables. Este proceso no llevó como en el pasado al desarrollo de las fuerzas productivas. Cerraron fábricas como si fueran cajas de cerrillas y miles de personas se quedaron sin empleo. Ahora este proceso se acelerará, a medida que el número de bancarrotas y cierres aumente según pasan los días.

¿Cuál es el significado de todo esto? Estamos presenciado la dolorosa agonía de un sistema social que no merece vivir, pero que se niega a morir. Eso no es sorprendente. Toda la historia nos demuestra que ninguna clase dominante renuncia a su poder y privilegios sin luchar. Esa es la explicación real de las guerras, el terrorismo, la violencia y la muerte que son las características de la época en la que vivimos. Pero también presenciamos los dolores de parto de una nueva sociedad, una sociedad justa, un mundo adecuado para que vivan hombres y mujeres. A través de estos acontecimientos sangrientos, en un país tras otro, está naciendo una nueva fuerza, la fuerza revolucionaria de los trabajadores, campesinos y jóvenes.

George Bush está borracho de poder e imagina que su poder no tiene límites. Desgraciadamente, hay algunos en la izquierda que creen lo mismo. Pero están equivocados. Una oleada revolucionaria recorre América Latina. La revolución venezolana fue un terremoto que provocó ondas sísmicas en todo el continente. El movimiento de las masas en América Latina es la respuesta final a todos los que dicen que la revolución ya no es posible. No sólo es posible, sino absolutamente necesaria, si se quiere evitar un desastre para el mundo en un futuro próximo.

Millones de personas comienzan a reaccionar. Las masivas manifestaciones contra la guerra de Iraq sacaron a millones de personas a las calles. Esa fue una señal del inicio de un despertar. Pero el movimiento carecía de un programa coherente para cambiar la sociedad. Se acabó el tiempo para los cínicos y escépticos. Es el momento de echarles a un lado y luchar. La nueva generación está dispuesta a luchar por su emancipación. Busca una bandera, una idea y un programa que pueda inspirarla y dirigirla hacia la victoria. Eso sólo puede ser la lucha por el socialismo a escala mundial. La elección que tiene ante sí la raza humana es socialismo o barbarie.

Octubre de 2008.

Lea también Una alternativa marxista a la crisis global del capitalismo (segunda parte)

¡Que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas!
¡Expropiar a la banca y los monopolios bajo control de los trabajadores es la única solución!
¡Por una alternativa auténticamente socialista!

La hecatombe del sistema financiero mundial es un hecho de tal magnitud, con tantas repercusiones en el plano económico, político, social y militar, que es difícil predecir todas sus consecuencias. En cualquier caso hay algunas incuestionables. Primero, que la economía del conjunto del planeta se encuentra al borde del abismo, precipitándose hacia la recesión más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. En segundo lugar, y exactamente igual de trascendente que la anterior, el colapso económico está desvelando el auténtico funcionamiento de la llamada "democracia" burguesa, en realidad la dictadura del gran capital. Una dictadura en la que los gobiernos de EEUU y Europa ­-forma-dos por individuos con sueldos espectaculares que velan por los intereses de la clase dominante-, están conspirando para que los costes de esta brutal crisis los paguen las familias trabajadoras de todo el mundo.

Un cataclismo histórico

Un resumen somero de los acontecimientos proporciona una idea de la trascendencia de las jornadas que estamos viviendo.

1. La mayoría de bancos de inversión, aseguradoras y cajas de ahorros de EEUU han quebrado o se han colocado al borde de la suspensión de pagos. Hay que remontarse al crac de 1929 para encontrar algo semejante. Para evitar un colapso aún mayor, el gobierno Bush se lanzó a una gigantesca operación de rescate, que no evitó el desplome de los mercados durante todo el mes de septiembre.1
2. El terremoto, como era inevitable en una economía mundializada y con unos mercados financieros integrados a una escala nunca vista, ha contagiado a Europa que se arrastra hacia el precipicio.2 Las declaraciones de los gobiernos de Irlanda y Gran Bretaña asegurando por dos años los depósitos de los ahorradores, indican la extrema gravedad de la situación.
3. Desde agosto de 2007 hasta el 21 de septiembre de 2008, la administración norteamericana ha gastado más de ¡900.000 millones de dólares! y no ha logrado evitar el caos. A esta cantidad descomunal se suman las inyecciones de liquidez en el mercado interbancario por parte de la Reserva Federal de EEUU (FED), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra o el Banco Central de Japón, que superan generosamente el billón de euros. Pero todas estas aportaciones de capital no han conseguido ni restaurar la confianza ni evitar el estrangulamiento del crédito. Por un lado, las montañas de deudas bancarias y empresariales acumuladas en estos años de orgía especulativa son muy difíciles de recuperar en un momento en que la economía real, productiva, se desliza con fuerza hacia la recesión. Refinanciar la deuda de empresas en dificultades, cuyas expectativas de negocio van hacia abajo, no es una operación muy rentable. Éste es el caso de todas las grandes de la construcción y las inmobiliarias cuyos activos se han depreciado a un ritmo de vértigo y sus valores se derrumban en la bolsa. Al mismo tiempo los grandes bancos de todo el mundo, que están pillados en el apalancamiento generalizado de las últimas décadas, no tienen ninguna garantía de recuperar sus créditos; su pasivo aumenta y la capacidad de obtener liquidez en el mercado interbancario mengua porque nadie se fía de nadie. Los ladrones no se fían de los ladrones.
En estas condiciones y después de la experiencia vivida en este último año ¿Por qué razón va a funcionar el último plan de la administración Bush si es más de lo mismo? ¿Acaso 700.000 millones de dólares, que no tienen como destinatario la inversión productiva sino salvar los negocios de un puñado de especuladores y magnates, pueden resolver o modificar la tendencia general hacia la recesión de la economía real?
4. Los valores bursátiles de las empresas financieras, bancos de inversión, bancos comerciales, constructoras, eléctricas, telecomunicaciones, aeronáuticas, automoción..., vamos, del conjunto de la economía, se han construido sobre una montaña de créditos que ahora son impagables. El parón de la economía productiva, el descenso en las ventas, el crecimiento del desempleo y de la morosidad y, por supuesto, el crac financiero, han puesto punto y final a la fiesta. Tan sólo en un año (de agosto de 2007 a septiembre de 2008), las bolsas mundiales han perdido el 22% de su valor, una caída equivalente a 12,4 billones de dólares. Si se suma el desplome acumulado en septiembre la pérdida se acerca a los quince billones. En las bolsas estadounidenses se han evaporado cerca de cinco billones de dólares, una cantidad que supera el PIB de América Latina y el Caribe en 2007.
Por más que intenten transmitir confianza, el sistema capitalista está inmerso en un crac de proporciones difícilmente cuantificables. Sólo una cosa es completamente segura: el pánico se extenderá en las próximas semanas.

Como se incubó la catástrofe

Tan sólo hace veinte años, el colapso del estalinismo en la URSS y en Europa del Este provocaba la euforia de la burguesía mundial. No era para menos. Intoxicados por sus éxitos aparentes, los imperialistas norteamericanos se lanzaron en tromba para imponer su doctrina en todos los rincones del mundo: liberalización económica, privatizaciones, desregulación de los mercados financieros, saqueo de los países pobres, extensión de la precariedad laboral y aumento de la explotación, caída de los salarios, intervenciones militares y guerra al "terrorismo"...
En un contexto semejante, los "teóricos" de la economía y la sociología burguesa sentenciaron el fin de las crisis y de la historia; los políticos y los gobernadores de los bancos centrales hablaban sin recato de un "círculo virtuoso" de crecimiento sin fin; y los premios Nóbel de economía eran contratados por los grandes bancos de inversión para que aplicasen sus fórmulas matemáticas al negocio del dinero. La confianza lo inundaba todo. La OCDE en su documento de Perspectivas Económicas Mundiales de 1999 afirmaba: "Estamos en el umbral de una atractiva oportunidad: la posibilidad de un sostenido y largo boom de la economía mundial que se prolongará en las primeras décadas del próximo milenio (...) Una confluencia de factores podrían unirse para propulsar importantes mejoras en la capacidad de creación de riqueza y bienestar a escala mundial...".
Han pasado veinte años, un suspiro en la historia de la lucha de clases, y todas las expectativas se han transformado violentamente en su contrario arrasando con todas las certezas que parecían inexpugnables y barriendo la confianza de la clase dominante. El pesimismo y la incertidumbre son totales.
En medio de la euforia, los marxistas denunciamos las enormes contradicciones que el boom económico estaba creando en los cimientos del sistema. Nuestros análisis eran considerados  con desprecio y altanería por los sabihondos socialdemócratas, hipnotizados por los magníficos "resultados" de las cuentas de beneficios. También éramos despachados por los ex marxistas que pululan por los intersticios del movimiento obrero, esos escépticos desmoralizados que se impresionaron por los brillos del boom y que culpabilizaron a los trabajadores por su "bajo nivel de conciencia". Los hechos han respondido con claridad a todos estos elementos que abandonaron un punto de vista de clase.
Durante estos años, los marxistas hemos señalado que este boom económico no podía comparase, en ningún caso, con la época dorada del auge capitalista de la posguerra. Desde 1945 hasta 1970 los países capitalistas avanzados, especialmente EEUU y Europa Occidental, registraron tasas de crecimiento asombrosas, impulsando un desarrollo espectacular de las fuerzas productivas, del comercio mundial  y de la división internacional del trabajo sin parangón en ningún otro periodo de la historia del capitalismo. El motor de este crecimiento fue, sin lugar a dudas, las grandes inversiones en capital que hicieron aparecer nuevas ramas de la producción y multiplicaron la capacidad de crear manufacturas en masa. A diferencia de lo que plantean ahora los defensores de la "regulación", no fue la intervención del Estado en la economía lo que movió el sistema hacia adelante, sino la reinversión masiva en el proceso productivo de la plusvalía acumulada. Pero esta fase de ascenso también fue liquidada por las contradicciones insalvables del capitalismo, dando pasó a la recesión de los años setenta y sus consecuencias revolucionarias en todo el mundo. El descrédito de las teorías keynesianas, teorías que por otro lado no ponían en riesgo la propiedad capitalista, fueron reemplazadas por las viejas ideas del liberalismo y el monetarismo.
Aunque no disponemos de espacio para analizar en detalle la historia económica de estos últimos veinte años, un hecho sobresalía por encima de todos. En contraste con los años dorados de la posguerra, la rentabilidad que ofrecía la inversión productiva durante las últimas dos décadas se hacía cada vez menos atractiva para el capital. A pesar de la aparición de mercados como China, que atrajeron fuertes inversiones occidentales y suavizaron los efectos negativos de la recesión del sudeste asiático a mediados de los años noventa, la acumulación chocaba con los límites de un mercado mundial que reflejaba la tendencia a la sobreproducción. El fortalecimiento de China como potencia exportadora de manufacturas baratas agudizaba esta tendencia. Así, la sobreacumulación de capitales fortaleció el movimiento ascendente hacia la especulación y forzó una desregulación absoluta del mercado financiero. Como en su momento reconoció Alan Greenspan se trataba de un fenómeno imposible de parar en un sistema que se basa en la obtención del máximo beneficio.
La euforia en la que ha vivido la burguesía internacional creó, dialécticamente, las condiciones para el desastre. Miles de millones de dólares que no encontraban una colocación rentable en la producción de mercancías fluyeron con fuerza hacia el sector inmobiliario y provocaron un alza espectacular de los precios, que era sostenido a su vez por una masa de créditos baratos concedidos indiscriminadamente a particulares y empresas. A pesar de los serios avisos de entonces (la crisis asiática, el estancamiento de Japón o el hundimiento de los valores tecnológicos y de las empresas puntocom en el 2000), la gigantesca deuda hipotecaria que se iba generando era vendida como un "activo" sólido en el mercado bancario y bursátil, gracias a la intervención de la "ingeniería financiera creativa" (subprime y demás fondos basura).
Se trataba de una dinámica enloquecida: la espectacular burbuja inmobiliaria responsable de una cuarta parte del PIB norteamericano, de cuatro de cada diez empleos creados en EEUU en la última década, de la mitad del consumo doméstico y de una parte sustanciosa de los beneficios capitalistas, espoleaba la especulación bursátil y un endeudamiento empresarial y bancario sin precedentes en la historia. Desde finales de la década de los noventa y de manera cada vez más intensiva, el crédito y el endeudamiento se convirtieron en el factor decisivo para garantizar y sostener la producción y el consumo, a la vez que creaban las condiciones para el estallido actual.3
El capital ficticio se hizo omnipresente dando cumplido sentido a la máxima aspiración de todo capitalista: obtener capital del capital sin tener que pasar por la experiencia dolorosa de invertir en el proceso productivo. Esta masa flotante de billones de dólares de capital ficticio se elevó de tal manera por encima de la economía real que, finalmente, se ha transformado en una pesada losa justo en el momento en que la sobreproducción se ha hecho presente. Debido a esto no hay ninguna duda de que la recesión adquirirá una dureza, extensión y profundidad formidable.

¿Quiénes fueron los responsables?

Todos los análisis de la prensa burguesa intentan presentar, como causa de la crisis, a la codicia de algunos banqueros sin escrúpulos y la ausencia de controles y de regulaciones en el mercado. Pero esta forma de envolver las cosas forma parte de toda una campaña para crear una cortina de humo que disculpe al conjunto del sistema.
La burbuja especulativa que ha estallado fue animada y celebrada, en primer lugar, por George W. Bush que facilitó una desregulación generalizada del sistema financiero internacional. El gobierno norteamericano y la Reserva Federal, con Greenspan al frente, fueron imitados, a su vez, por todos los gobiernos europeos, ya fueran conservadores o socialdemócratas. Desde Reagan hasta Margaret Thatcher; desde Helmult Kohl, hasta Chirac, pasando por Bush, Blair, Felipe González, Aznar, Schröder, Berlusconi, Sarkozy o Zapatero, todos han apoyado sin fisuras la política de desmantelamiento de empresas públicas vendidas a precio de saldo a los grandes monopolios (gas, agua, electricidad, telefonía, autopistas, siderurgias, minas, textil); han aplaudido entusiastamente la privatización de servicios sociales esenciales, como la sanidad y la educación, que se han transformado en un negocio lucrativo para los capitalistas. Todos ellos han aprobado reformas del mercado laboral, de las pensiones, y propiciado el hundimiento de los salarios; durante años se han vanagloriado de los pelotazos inmobiliarios y las megafusiones empresariales, aunque supusieran la destrucción de miles de empleos... Y todos ellos recibían en los palacios, sedes del gobierno, parlamentos y celebraciones oficiales a delegaciones nutridas de banqueros y empresarios que se han llenado los bolsillos en esta orgía sin fin.
El papel más despreciable en todo esto, ¡cómo no!, lo han jugado los dirigentes socialdemócratas que afirmaban, un día sí y otro también, que los cimientos estaban sólidos y que no había que preocuparse porque el capitalismo era el mejor sistema de los posibles. Según su esquema, los beneficios insultantes que acumulaban las grandes corporaciones, la gran banca y los especuladores eran la garantía de las inversiones de mañana y los puestos de trabajo de pasado mañana.
Ahora que pintan bastos, muchos de ellos intentan ocultar el rastro de sus actos y se presentan cual inocentes corderitos. Es el caso de personajes como Felipe González, quien publicó un artículo en El País titulado ‘El capitalismo en el espejo': "Es una crisis extraña, incluso para reaccionar con una mínima coherencia" nos dice Felipe, "Por el momento ha liquidado la extendida creencia de que el mercado lo arregla todo y solo. Es decir, la teoría dominante desde los años noventa del ‘todo mercado', con un rechazo fundamentalista a la intervención regulatoria". ¡Que cinismo! El mismo individuo que protagonizó la liquidación de cientos de empresas públicas en el Estado español, que alentaba a las multinacionales españolas para que no dejaran pasar las oportunidades que brindaba la globalización, que aconsejó a sus colegas en Latinoamérica que se desprendiesen de sus prejuicios ideológicos y privatizaran a precio de saldo el sector estatal para mayor beneficio de bancos, multinacionales y especuladores de toda ralea... ahora nos dice que es una crisis "extraña". ¡Que cara más dura!
Lo que Felipe González no comprende es que sus consejos, tan escuchados por la oligarquía latinoamericana, pusieron su granito en la explosión revolucionaria que recorre Venezuela, Bolivia, Ecuador, México... De hecho, desde el inicio del nuevo siglo, las decisiones estratégicas de la burguesía mundial han roto cualquier equilibrio político y social, espoleando una escalada de la lucha de clases en todo el mundo: huelgas generales en Europa, el movimiento de decenas de millones contra la guerra imperialista, la polarización social y política en EEUU y la mayoría de los estados europeos, el No francés e irlandés en los referéndum sobre la constitución europea, la derrota del PP en el Estado español después de movilizaciones masivas de la población... En definitiva, el hundimiento de la economía sólo ha confirmado el profundo cambio que ha experimentado toda la situación mundial.
Siguiendo con otros propagandistas del "capitalismo de rostro humano", hay una buena cantidad de economistas "progresistas" que sacan pecho con la actual crisis. Para ellos, la intervención de la FED y el Tesoro norteamericano intentando salvar Wall Street, confirma que el capitalismo tiene que "regularse". Lo que no dicen estos amigos es que la intervención del gobierno estadounidense, como la de los gobiernos europeos, tiene como único beneficiario a los capitalistas, a los cuales se les quiere cambiar sus bonos "tóxicos", es decir, insolventes, por dinero contante y sonante. Un dinero que saldrá del bolsillo de las familias trabajadoras estadounidenses, del recorte de los gastos sociales, de la sanidad y la educación pública, del seguro de desempleo..., y que no evitará la destrucción masiva de puestos de trabajo en todos los sectores productivos o el desahucio de millones de familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas. Una vez que se desvela el truco de estas "nacionalizaciones", que sólo pretenden salvar a los inversores a costa del dinero de todos, es explicable que la rabia y la furia de la población ocupen espontáneamente las calles de EEUU, y la enorme presión que existe sobre sus señorías en la cámara de representantes.
Pero quienes se llevan la orla en el cuadro de honor de los defensores del capitalismo de "rostro humano", son los dirigentes de los sindicatos. Hace pocos días, en el Foro Nueva Sociedad, el secretario general de UGT, Cándido Méndez,  reclamó un "capitalismo renano o decente, el modelo europeo social de mercado". ¿No parece increíble? ¿Acaso Cándido Méndez no se ha enterado de los despidos en Volkswagen, Audi, Deutsche TeleKom, Deutsch Bank...? ¿No le llegaron las noticias sobre los recortes en el gasto social que aprobó el anterior gobierno socialdemócrata de Schröder y que ahora completa y profundiza el gobierno de coalición con los democristianos? Si Méndez se refiere al "capitalismo productivo" de los años sesenta está reclamando algo que no llegará. En medio de una caída general de las ventas, ¿qué puede empujar a los capitalistas a invertir en aumentar la producción o contratar a más trabajadores? No, los capitalistas guardarán sus capitales a buen recaudo y los dedicarán a fines más lucrativos.

Expropiar a los expropiadores: la única solución es la revolución socialista

Si queremos encontrar un responsable de la crisis no es difícil: es el propio capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y distribución, la dictadura tiránica del capital financiero, que impide que la inmensa riqueza creada con el trabajo de miles de millones de hombres y mujeres en todo el mundo se utilice para resolver las necesidades de la mayoría. El problema es de un sistema que, para asegurar el lujo obsceno en el que vive un puñado de multimillonarios que acumulan un patrimonio equivalente a los ingresos de dos terceras partes de la humanidad, no duda en destruir planificadamente la riqueza del mundo amputando una parte considerable de la capacidad productiva de la industria. Un sistema que provoca la barbarie saqueando continentes o iniciando guerras de rapiña en las que mueren cientos de miles de inocentes, si con eso se garantizan los sacrosantos beneficios de las grandes corporaciones. La auténtica causa de la crisis está claramente identificada: es la búsqueda del máximo beneficio en el espacio de tiempo más corto posible.
Estamos ante acontecimientos históricos. La crisis del capitalismo norteamericano se ha convertido en una crisis global, y nada impedirá que se extienda hasta el último rincón del planeta. Los sueños de que China o la India podrían sacar del atolladero al sistema y evitar la recesión se han esfumado con la rapidez con que se disipa el humo de un cigarro. La depresión del consumo en EEUU y Europa prepara un escenario de pesadilla para China, y esto profundizará a su vez la caída general.
La sacudida que ha empezado hará temblar los cimientos del capitalismo. Millones de trabajadores, de jóvenes, de campesinos se están preguntando hoy, ahora mismo, qué sentido tiene mantener este sistema decrépito. La crisis abrirá paso a las ideas de la revolución, a la necesidad de derrocar a la oligarquía financiera que nos gobierna y sus instituciones farsa. Y, por supuesto, fortalecerá a la revolución allí donde ya se ha iniciado, como en el caso de Latinoamérica.
Las ideas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo han demostrado ser cien veces correctas. Sí, hay una solución a esta crisis, pero no es la de un capitalismo de rostro humano ¡Tal cosa no existe, es una vana utopía reaccionaria! La alternativa está en la lucha organizada de la clase trabajadora y la juventud, de todos los oprimidos, hasta conseguir la expropiación de los banqueros, de los grandes monopolios, de los terratenientes, y colocar la riqueza del mundo bajo el control democrático de la mayoría de la sociedad. Ésta es la única alternativa realista, expropiar a los expropiadores, y construir las bases de una economía planificada y socialista, donde la lucha por el máximo beneficio y la propiedad privada de los medios de producción sea enviada al basurero de la historia.
En estas condiciones sería absolutamente viable garantizar el pleno empleo, el derecho a una vivienda, a una sanidad y a una educación pública de calidad y, por supuesto, a la auténtica democracia, la democracia obrera. Con el control de las palancas fundamentales de la economía en manos de la clase obrera, la pesadilla de trabajar sesenta horas a la semana, tal como exigen ahora los capitalistas, sería eliminada de un plumazo. La reducción de la jornada, sin merma del salario, nos permitiría a la mayoría de la población poder participar de manera real en la vida social, controlando la política, la economía y la cultura, que dejarían de ser el monopolio de la clase dominante.
Sí, hay una alternativa para utilizar toda la creatividad maravillosa de la que es capaz el género humano y esa alternativa se llama SOCIALISMO MUNDIAL.

¡Organízate con la Corriente Marxista Internacional para luchar por el socialismo!
¡Proletarios de todos los países, uníos!

NOTAS

1. Antes del verano fue Bear Stearn, vendida a precio de saldo con el aval del tesoro Público, y la intervención en IndyMac Bancorp. Después de las vacaciones, el colapso en bolsa de las grandes hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac (que concentraban la mitad de los créditos hipotecarios de los EEUU, 5,5 billones de dólares) obligó al gobierno a hacerse con el control de ambas asegurando una inyección de liquidez cercana a los 200.000 millones de dólares. En horas, la erupción arrastró a Merrill Lynch, que fue adquirida in extremis por Bank of America, y empujó el hundimiento de Lehman Brothers. La bancarrota de este banco centenario ha sido la más grande de la historia de los EEUU: 453.200 millones de euros. 48 horas después de la quiebra de Lehman, el gobierno norteamericano desembolsó 60.490 millones de dólares para hacerse con el control de 79% de las acciones de AIG (American internacional Group), la mayor aseguradora del planeta.
2. Luxemburgo, Holanda y Bélgica nacionalizaron las pérdidas del banco Fortis, uno de los grandes de Europa, y decidieron una inyección de 11.200 millones. En Bélgica, el gobierno extendió la operación de rescate al banco franco-belga Dexia, entidad especializada en financiación de administraciones locales, que tiene además unos 5,5 millones de clientes particulares. El alemán Hypo Real Estate fue rescatado, gracias a un crédito de 35.000 millones de euros, por un consorcio bancario y una garantía del Estado. En Dinamarca el Banco Central colocó bajo su garantía el banco Roskilde. En Gran Bretaña se nacionalizó Bradford & Bingley, mientras HBOS tuvo que fusionarse precipitadamente con Lloyds TSB para evitar su caída. HBOS cuenta con unos depósitos de 370.000 millones de euros, el 20% del total del país, pero más de 650.000 millones de euros prestados en el mercado inmobiliario (sus acciones cayeron en tres días de septiembre más de un 50% por miedo a una escalada descontrolada de impagos).
3. Algunas cifras pueden ilustrar el alcance del fenómeno: A) La gran banca recaudó en el año 2006 un 40% del total de las ganancias empresariales de los EEUU. En las décadas de 1950-60 este porcentaje era del 10-15%. B) La capitalización bursátil de todas las bolsas de EEUU pasó de 5,4 billones de dólares en 1994, a 17,7 billones en 1999 y 35 billones en 2007. A su lado, la especulación en Wall Street de los años veinte parezca un juego de niños. C) El déficit por cuenta corriente de EEUU es de un billón de dólares, por lo que necesita ingresar más de 100.000 millones al mes para financiarlo. D) El 90-95% de los movimientos actuales de capitales no responden a operaciones comerciales o de inversión, son puramente especulativos. En el caso de AIG , los datos son asombrosos: de una cartera contra posibles impagos de 441.000 millones de dólares que la compañía ofrecía como garantía a sus asegurados (bancos de inversión y fondos), AIG tenía colocados en el mercado de fondos ¡307.000 millones de dólares! Este mercado llamado Credit Default Swaps (CDS), mueve la friolera de 58 billones de dólares en las bolsas mundiales, sin ningún tipo de control o regulación. El mercado mundial de "derivados" mueve 500 billones de dólares, diez veces más que la producción mundial de bienes y servicio.

7 de octubre de 2008

El pasado 8 de septiembre el titular de la Secretaria de Hacienda, Agustín Carstens, entregó al poder legislativo la incitativa de presupuesto de egresos e ingreso del Estado para 2009. Nada nuevo, lo de siempre: ninguna orientación por parte de la política presupuestal que ponga como prioridad las necesidades de las familias trabajadoras de la ciudad y el campo. Para los más pobres la misma historia: las migajas que se caen de la mesa de la burguesía por medio de los demagógicos y electoreros programas públicos como Oportunidades y otros de la Secretaria de Desarrollo Social. Para estos rubros el gasto, en relación al 2008, se incrementó en 42.9 y 25.9% respectivamente.

Pero otra apuesta demagógica de Calderón, quien tiene muy en cuenta las elecciones intermedias del 2009, es la seguridad. Este es un tema del cual Calderón espera magníficos dividendos políticos, pero que de paso le proporciona la oportunidad y los pretextos necesarios para fortaleces y endurecer su política represiva. Para las diferentes dependencias públicas relacionadas con esta área (ejército, policía, ministerios públicos, jueces, espionaje, cárceles, etcétera) el incremento en total es del 39.9%, siendo este superior al de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, la SAGARPA, para la cual, en comparación del año en curso, su presupuesto se reducirá en 9.4%.

La prioridades son claras, endurecer el aparato represivo del Estado a costa incluso de descuidar aún más a una dependencia sobre la cual formalmente debería recaer la responsabilidad de impulsar la infraestructura y condiciones más favorables para el desarrollo de la producción agrícola. Esta medida por sí misma contradice  a sobremanera la demagogia de Calderón con su campaña medidita Para Vivir Mejor. El recorte del gasto de la SAGARPA afecta directamente a las ya de por sí difíciles condiciones de vida de los campesinos, pero del mismo modo ahondará la dependencia alimentaria viéndose México obligado a hacer mas importaciones en este terreno, encareciéndose más la vida.


Pero si de prioridades se trata, las relacionadas con el pago de la deuda pública (interna y externa) juegan un papal más que destacado en la propuesta de gastos del Estado. El pago de la deuda no es otra cosa que el traslado de dineros públicos a las bóvedas de los bancos privados, nacionales y extranjeros, para beneficio de estos. Para amortizar la deuda, el gobierno gastará el año entrante 305 mil millones de pesos. En términos comparativos, esa cantidad es 65% superior a la que se propone destinar a la Secretaría de Educación Pública, mil por ciento mayor a los recursos que se asignarán a la UNAM y 2 mil 500 % más grande que el que se destinará al IPN. Con esta política, la bancarrota educativa del país no tiene ninguna clase de remedio.


La propuesta de Calderón para los ingresos y egresos del Estado en 2009, aún tiene que ser debatido y resuelto por los legisladores; lo más probable es que sufra alguna clase de modificación tras su aprobación, sin embargo lo más seguro es que no haya ningún cambio significativo, mucho menos de fondo. De ello se encargarán las fracciones parlamentarias del PAN y el PRI, apoyadas estas por el ala de derechas del PRD en las cámaras organizada en Nueva Izquierda y dirigida por Jesús Ortega y Ruth Zavaleta.


Obligar al Estado a que invierta más en la educación pública, en el desarrollo del campo, en vivienda social, en obras de beneficio social, etcétera, pasa por ejercer una enorme presión en las calles movilizándose de manera unificada con los diferentes sectores en lucha, enarbolando todas las demandas de los trabajadores del campo y la ciudad.


Por ejemplo, para asegurar una mayor y significativa inversión pública en todos aquellos rubros que tienen que ver con las principales necesidades del pueblo trabajador es necesario cancelar la deuda pública la cual, como un parásito, absorbe cuantiosos recursos que bien podrían emplearse para instalar cientos de nuevos hospitales, nuevas universidades; para desarrollar radicalmente los sistemas de riego y subsidiar los insumos agrícolas; también se podrían incrementar por mucho las pensiones y dignificar con ello las condiciones de vida de todos los ancianos. Etcétera, etcétera…


Todos aquellos diputados y senadores del PRD, además del resto de dirigentes de ese partido que verdaderamente este comprometidos con los más pobres, deben convocar a la movilización y a la huelga general para obligar al PAN y al PRI a aceptar modificaciones para el presupuesto del 2009 en las que se vean más claramente representadas las demandas de los trabajadores y sus familias. Para dicho objetivo, el PRD y los sindicatos tiene que lanzar un frente único que unifique y organice los esfuerzos de la clase trabajadora y los campesinos, y lanzarse de manera decida a luchar contra la política de Calderón.

Después de 20 años de auge económico está muy claro que la fiesta ha terminado. La burguesía decía que había aprendido de las crisis del pasado y lo que realmente ha hecho es comportarse como un viejo borracho e impertinente. Los economistas burgueses están en bancarrota, no han podido planificar el boom ni la recesión, están totalmente confundidos en una maraña idealista. Ahora estamos en el comienzo de una recesión, EEUU ya está en una recesión, los argumentos con respecto a la domesticación eran los mismos que a la evasión de las crisis de sobreproducción: “hemos domesticado a la inflación”, pero no es verdad, en determinadas circunstancias la inflación fue baja en los últimos años, en algunos lugares la actividad huelguística también fue baja pero esto fue principalmente por la bancarrota de los dirigentes obreros.

¿China nos salvará?

Este último boom ha sido a expensas de la clase trabajadora basado en que los trabajadores produzcan en menos tiempo. No tiene nada que ver este boom con el del 45-73. Un gran incremento de los beneficios de la burguesía y una gran reducción de los salarios, esto ha sido lo mejor que ha podido producir. El hecho de que los obreros no esté muy contentos y resistían era porque los precios de las mercancías eran baratas, la comida era barata y en general muchos productos eran baratos, esto creó una impresión de prosperidad, la idea que reinaba era: aunque me explotan puedo tener algunos lujos; pero ahora todo esto ha terminado, tenemos el comienzo de una recesión en EEUU desde 12 meses atrás. Comenzó con el colapso del sector inmobiliario. La especulación es tremenda, esta burbuja especulativa de la vivienda era históricamente espectacular pero ahora está colapsando y sus efectos se están sintiendo y se sentirán mucho más en todos los terrenos. La burguesía dice que esta especulación no afectará a la economía real, sin embargo en esta ocasión sí tendrá efectos. Ahora mismo ya tiene repercusiones. Uno de los motores que impulsó la economía en los últimos 20 años fue el de la construcción sin embargo ahora mismo este sector ha perdido 750 mil puestos de trabajos, esto llevará a la reducción de demanda de ladrillos, cemento, varilla, etc. Esto es economía real y es muy grave para América. El otro argumento que emplean los economistas burgueses para consolarse, es que esta crisis es sólo en los EEUU, dicen que Europa o China los salvarán, quieren ahora sacar a la economía norteamericana de la del mundo. Esta misma gente estuvo durante 20 años impulsando los argumentos sobre lo hermoso de la globalización y ahora quieren echarla atrás de un plumazo. La globalización es u hecho que Marx y Engels explicaron hace mucho tiempo en el Manifiesto Comunista. Con el colapso del estalinismo y la incorporación de China e India al mercado mundial esta ligación global se ha convertido en un hecho, por primero vez toda la economía del mundo está ligada. Este proceso de globalización ha favorecido a los capitalistas en los últimos 20 años, han entrado unos 2 mil millones de personas al mercado capitalistas, nuevos campos de inversión y al mismo tiempo mano de obra barata. Grandes movimientos de bienes de mercancías ha abaratado a las mercancías a expensas de los trabajadores chinos y la burguesía estaba contenta con esto. En los últimos 20 años ha habido un desarrollo de las fuerzas productivas en China y es cosa buena porque ha fortalecido a los trabajadores y cuando estos se pongan en movimiento no habrá quien los detenga. La burguesía estaba intoxicada en su propia fuerza, estaban ganado súper beneficios, pero esto no duraría para siempre, sabíamos que la producción de mercancías de China no se podría consumir en su mercado interno; es cierto que existe un mercado interno pero nada comparable al de los EEUU, hay por lo menos 800 millones de chinos que no tienen dinero para consumir, son pobres. No son capaces de consumir lo que producen y se ven obligados a exportar, participan en el mercado mundial, están exportando a América, Europa, Asia, Japón, África. Esto a los EEUU no le gusta mucho. Todos están a favor del libre mercado siempre y cuando ellos exporten pero ahora que China exporta piden proteccionismo, esto es una advertencia de lo que está por venir.

Efectos inmobiliarios

El colapso de la burbuja inmobiliaria tiene efectos brutales, en mayo 75 mil familias en EEUU fueron echadas de su casa, viven en coches, en apartamentos, etc. Este año los precios de las casas han caído más rápido que la crisis de los años 30, en los primeros 3 meses de este año cayó 14.3 % mientras que en 1932 cayeron 10.5%, pero la cifra real es peor que esto, algunos dicen que son de 16% y anticipan que la caída llegara a un 26%, esto tiene un efecto concreto en la construcción y en la demanda. Mientras que en China el boom es en la producción, en los EEUUU está basado en el consumo. El que el consumo este comprimiéndose va a causar efectos en todo el mundo. EEUU consumía en el último periodo el 20% de la producción mundial. Los capitalistas no se preocupan por si la taza de beneficio cae, su verdadera preocupación es cuando la masa de la tasa de beneficios cae, al final los capitalistas tienen que vender sus productos y tiene que encontrar mercado, la caída del consumo en EEUU no es secundaria por lo antes comentado. La burguesía estadounidense hizo todo lo posible para aplazar esta crisis (hubo dos recesiones en los últimos 20 años, en los 90 y el año 2000, pero fueron suaves y no tuvieron una caída brusca de la demanda), la demanda se mantuvo porque se extendió el crédito. No hay nada nuevo en esto, Marx habla de esto en el capital, lo que sí es nuevo es la gigantesca escala a la que a llegado el profundo endeudamiento. Evitaron la recesión anteriormente para que ahora sea más profunda, han extendido el mercado de forma virtual por el crédito a consta de futuro. Por cada dólar que se gana en EEUU, se gasta 1.4 dólares en gran Bretaña. Peor, de cada libra que se gana, hay una deuda de 1.6 libras y esto no puede continuar. Si tú debes no puedes mantener la deuda de forma indefinida, eso quiere decir que no tendrás dinero para gastar en otras cosas y esto se agrava si las tasas de interés crecen. El mercado se encogerá. La inflación está aumentado y la economía está en recesión. Normalmente cuando estás en recesión los precios de las mercancías caen, pero ahora no, los precios del petróleo y alimentos aumentan. Esto esta sentando las bases en todos los países para exigir mejoras salariales. Incluso en el periodo de boom los salarios han bajado y la clase obrera lo permitió. En el boom de los años 60 había muchas reformas, los salarios subían, tu nivel de vida subía, pero esto no es el caso en los últimos años. En estas condiciones nadie está feliz, en los años 50 había un espíritu feliz de la gente pero ahora no. Esto es lo mejor que puede brindar el capitalismo en un periodo de boom. Ahora la burguesía no tiene otra alternativa más que aplicar recortes en todos lados, recortes y ataques no importa quién está en el poder. La clase dominante no puede permitirse las reformas del pasado pero la clase obrera no puede aceptar más ataques porque esto sería fatal. Estas son las bases para una lucha de clases intensa en el futuro. Cualquier intento por parte de la burguesía por recuperar sus beneficios tenderá a destruir el equilibrio social y político. La burguesía está en un estado de pánico y eso que la recesión acaba de empezar. Los burgueses están aterrorizados porque no saben cómo va a terminar esta situación, son aguas nuevas, la Reserva Federal está bajando los intereses y al mismo tiempo dan subsidios enormes a los capitalistas para rescatar a los bancos El colapso de los créditos suprimes tendrá un efecto increíble. En el momento en que los bancos están afectados por sus malos negocios van corriendo al Estado para que les apoye, antes decían que el Estado no tenía que intervenir. Millones y millones de dólares son invertidos para los capitalistas de los EEUU por parte del presidente Bush. Un escritor norteamericano de apellido Vidale dice lo siguiente: “Lo que nosotros tenemos en América es socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres.” Bajar las tasas de intereses en este momento es una acción de pánico, la idea es inflar la burbuja que se ha desinflado. Lo que traerá como consecuencia es la caída del dólar y más recesión. Si esto estuviera pasando en cualquier otro país del mundo el FMI y el BM exigirían austeridad, sólo que en este caso EEUU es la mamá de estas dos instituciones. Cuando las inversiones extranjeras sientan que esto es insostenible saldrán. La Reserva Federal se verá obligada a tomar medidas para detener la caída del dólar y aumentarán los intereses por fuerza o probablemente a finales de año y esto incrementará la espiral descendente. Todos los factores que ayudaron a potenciar este boom ahora se convertirán en su contrario. Marx dijo que en última instancia la base de la crisis capitalista es la sobreproducción, en EEUU son demasiadas casas y poco dinero, ahora hay muchas familias sin casa y hay miles de casas sin ocupar, la propuesta de la burguesía es demoler las casas. Esto para que los precios no bajen Demoler las casas es la forma moderna de la destrucción de fuerzas productivas. Los almacenes y tiendas en Inglaterra están perdiendo dinero. Las ventas de Chrysler cayeron un 26%, la de Ford 26% y Toyota 21%, existe una crisis en el sector automotriz. La gente no sólo no paga su hipoteca sino que ahora no paga sus coches. Es el principio de una crisis muy grave, llevará unos cuantos meses para que la crisis se agrave. Hay crisis en la confianza, esto se nota en el mercado de valores. Los precios de la bolsa de valores cayeron a nivel mundial 3 billones de dólares, esto demuestra el estado de nerviosismo que existe. Todos los desequilibrios que existen a escala mundial. El down jones cayó un 14% en EEUU, en Inglaterra 16%, en Alemania 20%, en Francia 21, India 34% y China 48%, la inflación en china es de 8% (todos dicen que China se está sobrecalentando, crisis de sobreproducción) La globalización no resolvió ninguna de las contradicciones del capitalismo, lo que ha hecho es reproducir a escala global sus desequilibrios de un sistema decadente. Lo que hemos visto son desplazamientos de capitales buscando tasas de intereses más altos y no pueden controlarlos, en 1998 toda esta tremenda cantidad de capital especulativo causó la caída de un país tras otro de Asia, Brasil y Argentina lo cual provocó el argentinizo, etc. Es muy importante la cuestión económica, pero para nosotros esto no es una cuestión mecánica, sino los efectos que traerá esta crisis en la conciencia de los trabajadores. Por eso la FED se comporta como una loca. Los precios de los alimentos, la subida, plantea la locura del capitalismo. Lo que explican es que no hay comida por el calentamiento global, este es un argumento reaccionario, esto no es verdad, hay más que suficiente alimentos para mantener a cada hombre del mundo en una dieta de 3 mil 500 calorías diarias, esto bastaría para que todos nos pongamos gordos. Pero la comida es muy cara, la subida del arroz es de 140%, el de maíz y trigo lo mismo, que quiere decir esto, la gente pobre come la mitad de lo que podía comer hace un año. Un estudio de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) refiriéndose al tercer mundo dice que gente que pertenece a la clase media no puede ir al médico y no come mucha carne ni come tres veces al día. Este mismo informe ha inventado otra categoría, medio pobres, los que sobreviven con 2 dólares al día, ellos han dejado de mandar a los niños a la escuela no comen carne y sólo comen arroz. Los pobres, los que sobreviven con un dólar al día, luchan por conseguir un plato de arroz al día. Y los de pobreza extrema simplemente mueren. La ONU declara que cada año mueren 2 mil gentes por desnutrición, esto aumentará. En los próximos 12 meses los precios de la comida en AL llevará a 22 millones de habitantes a condiciones a la extrema pobreza. Este es nuestro argumento más fuerte para terminar con el capitalismo. No hay escasez de comida, en The Economist decía que en Japón hay 2 mil 300 millones de toneladas de arroz acumuladas que no ponen a la venta, sino que se los dan a los cerdos. Este arroz viene de los EEUU. ¿Por qué no los venden? Según The Economist, si Japón y otros países que tienen millones de toneladas de arroz almacenadas los lanzan al mercado los precios de arroz a nivel mundial se reducirían a un 50%, con lo cual salvarían miles de vida, sólo que hay un pequeño problema; la FAO dice que para que este arroz se venda tienen que tener el permiso del país que se los vende y EEUU no les da permiso. Más claro ni el agua, la escalada de productos alimenticios se lo debemos al acaparamiento de los monopolios internacionales los cuales ponen en riesgo la vida de miles pobres. Esto va a tener consecuencias explosivas en todos lados. Los presión de la comida podrá derribar gobierno, hace 2 meses en Haití fue en estampida al palacio presidencial con una sola consigna ¡tenemos hambre! Y el gobierno calló. En Egipto hay una holeada huelguística por el aumento de los precios, en países tras países ha habido motines, esto sólo es el comienzo. Lo más importante no son las estadísticas sino sus consecuencias en la lucha de clases, en los países del tercer mundo la cosa esta muy claro hacia donde se dirige esta lucha.

La lucha de clases

En Europa comienza a ver un levantamiento de los trabajadores, incluso en los EEUU. La candidatura de Obama ya es un síntoma, el hombre es un gangster y si llega a la presidencia será más de lo mismo para los trabajadores norteamericanos. El mismo escritor antes citado comenta: “En nuestro país hay un partido, el de la propiedad con dos alas de derecha.” Sin embargo el que Obama llegue a la presidencia reforzará la idea de la necesidad que hay de un partido de los trabajadores. Este hombre ha conquistado mucho apoyo entre la gente común y corriente, la gente quiere un cambio, 84% de los americanos dicen que EEUU va por mal camino, el apoyo a Bush a colapsado totalmente. Por primera vez esta generación americana no se encuentra mejor que las anteriores, lo mismo pasa en Canadá. Una familia canadiense gana 5 mil dólares al año menos que hace 3 años. En Canadá ha habido huelgas y ocupaciones de fábricas. Hay un colapso de los niveles de vida. En Europa están proponiendo la idea que se aumente las horas semanales de trabajo a 60, pero hay muchas presiones de la base. La combinación de recesión, y los taques de vida a los trabajadores y campesinos con contrarreformas es una receta acabada para la lucha de clases. Este movimiento ya ha comenzado, cuando la burguesía italiana intentó recortar las pensiones medio millón de trabajadores salieron a las calles, en Portugal salieron 2 mil en Lisboa, en Dinamarca salieron a las calles 100 mil. También hay comienzos de movimiento en Europa Oriental, los trabajadores en Eslovenia han hecho una huelga general, una huelga general en Grecia e incluso en Bélgica, incluso en Suiza esta imbuida en esta marea de luchas. Costa Rica es un país muy pequeña pero 200 mil salieron a las calles, en Irán, Egipto, Líbano y Rusia, esto está sucediendo en todo el mundo. Este es el comienzo de la lucha, las etapas primeras de las crisis y antes que comience a extenderse hay crisis políticas como en Austria y Alemania. Los imperialistas americanos se están comportando como un elefante en una tienda de cerámica, han perdido la guerra en Irak y ahora tiene que salir. La guerra en Irak cuesta 700 millones de dólares al día. Y los muertos. Ni el país más rico del mundo puede mantener esta hemorragia, tendrán que salir como perros con la cola entre las patas. Tendrán que llegar a acuerdos con Irán y Siria. Lo único que han logrado con la aventura en Irak es una inestabilidad tremenda, destruyeron el contrapeso de Irán y esto a provocado armamentismo en la zona. Irán va de cabeza a una revolución, no esta totalmente excluido que los israelíes lo bombardeen pero es poco probable porque los EEUU lo tendrán que respaldar. El régimen Iraní está provocando de forma permanente a Israel. Ahmadinejad siente que el suelo tiembla debajo de sus pies, está en el comienzo de una explosión revolucionaria en Irán. Las tesis que planteó Lenin para la revolución están desarrolladas.

América Latina

En América Latina no hay ni un sólo Estado estable, la burguesía antes tenía crecimiento económico pero este no ha beneficiado a las masas, se ha dado un crecimiento gigantesco de la desigualdad. Incluso dentro de este crecimiento económico hemos visto el desarrollo de tendencias revolucionarias en Bolivia, Venezuela y México que parecía un país muy estable, después del fraude vimos un movimiento de masas, el fraude electoral desató una fuerza de 3 millones, en Oaxaca se formaron soviets, pero si no hay dirección incluso el movimiento más poderoso se puede descarrilar, aunque Calderón ganó las elecciones se lamentará de ello. La crisis de los EEUU lo arrastrará y les producirá graves problemas, el primer efecto es sobre los inmigrantes, las remesas se reducirán (la situación de los migrantes es penosa en todos lados) pero esto tendrá efectos muy graves en México y América central. 25% del PIB dependen de las remesas de los migrantes. Después de Venezuela tuvimos Bolivia, Ecuador en donde se han nacionalizado dos cadenas de televisión y otras cosas. En Bolivia la situación ha durado mucho, los trabajadores en 18 meses ha tenido prácticamente el poder en sus manos, que más les podemos pedir a los trabajadores. Lo único que ha demostrado la tragedia en Bolivia es la falta de una dirección revolucionaria. Incluso las conclusiones que sacaron de los dirigentes de la COB fueron correctas pero sólo se quedaron hasta ahí, no fueron capases de poder constituirse en esta dirección. Los trabajadores hicieron todo lo que tenían a su alcance para tomar el poder pero su dirección rápidamente los detuvo. La política no es un juego para los obreros bolivianos, cuando se presentó la oportunidad votaron por Mórales. Evo es un reformista, tiene ambiciones parlamentarias, pero la burguesía boliviana es muy cruel y ha lanzado una contraofensiva en las calles y ahora los trabajadores también lucha contra ellos en ese terreno, el referéndum no ha logrado nada, sólo más dolarización, incluso una guerra civil es posible. En Venezuela la revolución está llegando a un punto crucial. Las revoluciones tienen etapas y está claro que en Venezuela se va llegando a un caso crítico. Se repiten los mismos fenómenos en diferentes revoluciones. En un primer momento es como un gran carnaval, un momento de euforia y este ambiente puede durar pero inevitablemente se llega a una segunda etapa en donde los activistas y los trabajadores reflexionan que no han ganado, que no se ha logrado lo que se quiere y entonces comienza un periodo más critico incluso con elementos de desilusión, es una etapa de la no se puede librar una revolución. Las masas sólo aprenden de la revolución, es como una gran escuela. Lo sorprendente en Venezuela es que ya ha durado diez años, no tienen precedente, en el pasado una situación así sólo pudiera durar 2 o 3 año pero ahora esto es sorprendente. No se puede mantener a las masas en una movilización permanente. Lo que vemos ahora en Venezuela es la debilidad de la burguesía, han intentado en tres ocasiones derrotar la revolución, el golpe del 2002, la huelga patronal y el referéndum revocatorio, en todos los casos han sido derrotados por las masas. Cuando Chávez se reeligió en 2006 con el mejor resultado de toda la historia de Venezuela, en este mismo momento se hubiera podido hacer la revolución prácticamente pacifica. Se hubiera sacado una resolución nacionalizando las grandes empresas, la tierra y la banca. El problema no son las masas sino la dirección. Chávez está un poco desilusionado por la pérdida del referéndum del año pasado y esto ha fortalecido el ala de derecha de la burocracia. Chávez tuvo una reunión con los inversionistas para que inviertan pero esto es una broma, en realidad hay una huelga de capitales, ellos están saboteando la economía, la inflación es del 30%, los alimentos han aumentado un 40%, las masas estas sufriendo y los capitalistas no van a invertir, van a cerrar fabricas y a aumentar el desempleo. En noviembre hay elecciones para alcaldes y lo más probable es que habrá una gran derrota, la derrota del reformismo. Para nosotros la revolución cubana es una cuestión decisiva, tenemos que defenderla, ahora esta bajo una amenaza, lo mismo que ocurrió en Rusia puede ocurrir en Cuba, el colapso de la URSSS tuvo un enorme efecto, tenemos que darle crédito a Castro que se ha opuesto al regreso al capitalismo, hace dos años fue a China y dijo “eso no es lo que queremos” su autoridad política y moral ha jugado un fuerte papel. Sin embargo su enfermedad ha hecho que él se retire y ahora la nueva dirección del Estado cubano parece que empuja hacia otra dirección. Tenemos que estar muy al pendiente de lo que pase en Cuba porque sin duda tendrá repercusiones a nivel internacional. La auténtica base para estos acontecimiento se debe al impasse en que se encuentra el capitalismo a nivel internacional, no es capaz de desarrollar lo medios de producción como en el pasado por ello se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo de la cultura y la humanidad, hay elementos de desintegración en todos los países, incluso hay elementos de barbarie, el destino de millones en África, AL, etc. está en juego. La única salida para la humanidad es Socialismo o Barbarie. Septiembre de 2008.

Crisis global

Vivimos tiempos excepcionales. El pánico financiero en EEUU está provocando olas que amenazan con hundir todo el mundo. Este acontecimiento está transformando rápidamente la conciencia de millones. Ayer, 25 de septiembre, convocó una manifestación el Central Labour Council de Nueva York (federación sindical) y movilizó a unos mil trabajadores, incluidos muchos trabajadores de la construcción, metalúrgicos, peones, fontaneros y trabajadores de la calefacción, además de profesores, trabajadores municipales y otros sectores. El objetivo de la manifestación, convocada con menos de dos días de antelación, era protestar contra el plan del presidente destinado a sacar de apuros a Wall Street con una ayuda de 700.000 millones de dólares de dinero público. Así es como informaba Reuters de la protesta:

"Obreros de la construcción, trabajadores de transporte, mecánicos, profesores y otros sindicalistas se congregaron el jueves a un paso de la Bolsa de Nueva York, para protestar contra la ayuda propuesta por el gobierno de EEUU a Wall Street. Varios cientos de manifestantes mostraron un apoyo entusiasta cuando los dirigentes sindicales desacreditaron el plan propuesto de 700.000 millones de dólares destinado a revigorizar los mercados del crédito aliviando a las instituciones financieras de deudas peligrosas.

"'La administración Bush quiere que paguemos la carga que supone la ayuda de Wall Street cuando ni siquiera comienza a solucionar las causas raíces de nuestra crisis', estas son las palabras del presidente nacional del AFL-CIO, John Sweeney. Queremos que los dólares de nuestros impuestos vayan a manos de los millones de trabajadores que viven en Main Street y no una limosna a una banda  privilegiada de ejecutivos bien pagados.

"En las pancartas se podía leer ‘No a los cheques en blanco para Wall Street' y ‘No nos van a arrebatar nuestras pensiones ganadas con el trabajo duro'. Los manifestantes secundaron repetidos llamamientos para que el gobierno gaste el dinero en educación, cuidado sanitario y vivienda igual de libre y fácilmente que se propone hacer con Wall Street. ‘Sabemos que la situación económica debe resolverse'. Pero queremos un rescate responsable, no una ayuda oportunista', estas fueron las palabras de Randi Weingarten, presidente del sindicato de profesores. ‘Y eso significa, como me dice cada uno de los empresarios, eso debería ser responsabilidad de los profesores, entonces eso también debería ser responsabilidad de Wall Street'".

El ambiente de los manifestantes era de furia, como demuestra la enorme reacción positiva a la convocatoria de una huelga general si el rescate sólo beneficia a los ricos. Este acontecimiento representa el inicio del cambio en la conciencia de la clase obrera, y no sólo en EEUU.

"Única en un siglo"

Lo que ha ocurrido en los mercados financieros durante estos últimos meses no tiene precedente en la historia reciente. Los mismos economistas burgueses que anteriormente negaban la posibilidad de una recesión ahora hablan de la crisis más seria en sesenta años. Alan Greenspan, antiguo presidente de la Reserva Federal norteamericana, ha descrito la actual crisis financiera como probablemente "única en un siglo".

Realmente quieren decir 79 años porque en 1948 no hubo ninguna crisis. Pero los economistas son personas supersticiosas y temen mencionar 1929, como los antiguos israelitas tenían miedo de mencionar el nombre de su dios, por si acaso pudiese ocurrir algo desagradable. Todos están preocupados por la confianza en los mercados, porque ellos creen fervientemente en que la confianza (o su ausencia) es la causa real de los booms y las recesiones. En realidad, los booms y las recesiones tienen su origen en las condiciones objetivas. El ascenso y la caída de la confianza refleja las condiciones reales, aunque pueden entonces convertirse en parte de estas condiciones, ayudando a incrementar el mercado o, como en este caso, a su caída.

En los últimos meses, AIG, Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y Merrill Lynch, empresas antes consideras demasiado grandes como para que fracasaran, todas han entrado en bancarrota y después fueron "rescatadas" por el gobierno, o nacionalizadas. Cuando la población comience a percibir la seriedad de la crisis económica, en la sociedad se preparará un ambiente no visto en muchos años. Esta mañana (26 de septiembre) llegaban noticias del colapso de otro banco norteamericano, el Washington Mutual, cerrado por el gobierno estadounidense. Se trata de la mayor bancarrota de un banco norteamericano y sus activos bancarios fueron vendidos a J. P. Morgan Chase por 1.900 millones de dólares. Es el equivalente financiero a un tsunami devastador, y no ha terminado.

Las estimaciones de los economistas son revisadas constantemente a la baja. Hace seis meses, el Fondo Monetario Internacional calculaba las pérdidas del sector financiero en más de 1 billón de dólares y pronosticaba una profunda recesión de la economía global. La mayoría de los economistas criticaron esta perspectiva por ser demasiado pesimista. Ahora tocan una melodía diferente. Dominique Strauss-Khan escribe lo siguiente en el Financial Times:

"Pero con gran parte de las pérdidas aún no contabilizadas y con la crisis financiera ya agudizada, ha quedado claro que sólo el milagro de una solución sistemática -lucha global contra el aluvión inmediato y amplia para combatir sus causas- permitirá a la economía, en EEUU y globalmente, funcionar con una apariencia de normalidad". (Financial Times. 22/9/2008).

Sí, en realidad, la economía norteamericana ya no funciona con "una apariencia de normalidad". De hecho, está sufriendo un gran frenazo, al menos en lo que concierne a Wall Street. En el momento de escribir estas líneas los mercados financieros en EEUU están prácticamente paralizados a la espera de la confirmación de una gran inversión de dinero gubernamental que las autoridades esperan "restaurará la confianza". El simple hecho de que el "libre mercado" dependa para su supervivencia de ingentes donativos del contribuyente norteamericano es una prueba suficiente de su total bancarrota, en el sentido más literal de la palabra. Aquí está la respuesta final a toda la retórica sobre la "mano invisible del mercado", el espíritu de la empresa privada y todo lo demás. En el momento de la verdad, los valientes empresarios de Wall Street y de la City londinense tienen que ir como los mendigos, con un cazo en la mano, al gobierno y pedir seguridad social. Sólo que estos mendigos son multimillonarios y exigen dinero pero con amenazas.

¿Qué queda de la "apariencia de normalidad" cuando la administración republicana encabezada por un fanático del libre mercado nacionaliza importantes bancos de inversión norteamericanos? ¿O cuando el Tesoro de EEUU concede un gigantesco subsidio de aproximadamente 1 billón de dólares para hacer lo mismo? El domingo, Morgan Stanley y Goldman Sachs renunciaron a permanecer como los dos únicos bancos de inversión independientes y se convirtieron en sociedades "financieras de cartera" para conseguir ampliar el acceso a los depósitos bancarios y apoyo permanente de liquidez por parte de la Reserva Federal. La eliminación de dos de las instituciones más prestigiosas de Wall Street fue una indicación de la extrema seriedad de la crisis. La velocidad con la que Morgan Stanley se fue a Asia en busca de capital subraya lo rápidamente que la riqueza del mundo se aleja de EEUU.

El Congreso vacila y el Secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson (que, en opinión de algunos comentaristas, es ahora de facto el presidente de EEUU) está furioso. Mientras tanto, los mercados continúan con su caída y nadie puede pararlos. Otro argumento que se puede escuchar insistentemente en el Congreso es: nos estás pidiendo que entreguemos todos estos miles de millones sin controles ni garantías. Aparte del hecho de que se trata de recompensar a los banqueros por su pésima gestión, ¿quién dice que esta medida tendrá el efecto de frenar la caída del mercado?

Es una pregunta excelente a la que ni Paulson ni Bush, ni nadie más, tienen respuesta. Es bastante asombroso ver a los antiguos defensores de la santidad del libre mercado rebuznar ahora por la intervención del gobierno para que salve al mercado de sí mismo. Pero están condenados por su propia lógica, que sólo es la lógica insana de la economía de libre mercado. La actual crisis financiera, que hace mucho fue pronosticada por los marxistas, es el resultado directo del largo período de especulación incontrolada que provocó la mayor burbuja de la historia.

El viernes, cuando el gobierno anunció su plan de rescate de 700.000 millones de dólares para el sector financiero los mercados se regocijaron. Pero después el ambiente se volvió en su contrario cuando el Congreso retrasó la aprobación de esta masiva limosna. Hasta el lunes, el dólar se había mantenido sorprendentemente alto a pesar del torbellino de Wall Street. Pero finalmente cayó debido a la preocupación por el coste del rescate y la frágil situación del sistema bancario norteamericano, disparando el precio de las mercancías en dólares. El dólar perdió un 2 por ciento frente a la cesta de principales divisas, el euro subió un 2,6 por ciento hasta alcanzar los 1,48 dólares.

El precio del petróleo ha adquirido un carácter febril, con violentas subidas y bajadas. Cuando el dólar se devaluó, las bolsas se hundieron y el precio del petróleo volvió a subir después de su abrupta caída previa. El lunes 22 de septiembre subió un 17 por ciento, el mayor aumento diario de su precio jamás visto antes y mayor que durante la invasión de Iraq. Pero el martes el precio del petróleo había caído de nuevo 3 dólares, a 106 dólares el barril, y existen buenas razones para esperar que los precios energéticos sigan bajando. Estos vaivenes violentos sin duda reflejan, por un lado, el movimiento del dólar y, por otro, la actividad de aquellos implicados en la especulación de mercancías. Hasta hace poco, los capitalistas especulaban en el mercado inmobiliario. Cuando este colapsó, buscaron otros sectores para explotar, cualquier otro que pudiera ser más rentable: petróleo, obras de arte, comida. A pesar de todas las quejas y exigencias de regulación, esta especulación no se puede controlar. Es como una hidra: si le cortas la cabeza aparecerán otra docena de cabezas.

Socialismo, para los ricos

Como resultado de las convulsiones económicas y sociales, muchas personas comienzan a cuestionarse la naturaleza de un sistema económico que produce este tipo de abominaciones. Cuando el mismo estado capitalista se ve obligado a nacionalizar instituciones financieras, se comienza a generalizar una idea: ¿para qué necesitamos banqueros y capitalistas privados? Por esta razón, los políticos evitan la palabra nacionalización como le ocurre al demonio con el agua bendita. A toda costa, buscan formas a través de las cuales el estado pueda proporcionar capital a los bancos y que no impliquen la nacionalización. Luchan por inventar nuevas formas de capital que dejen la propiedad y el control en manos privadas. Pero al final, se ven forzados contra su voluntad a tomar posesión de bancos enfermizos para evitar su colapso. Es una acusación irrefutable contra la propiedad privada de uno de los sectores claves de la economía.

Aunque puede parecer una paradoja, no es una coincidencia que el país donde los políticos están gritando más alto contra los pecados del mercado y la codicia de los financieros sea precisamente EEUU. La tierra de la libre empresa, el país donde la psicología del capitalismo ha echado raíces profundas entre la población, es la tierra donde probablemente se da la reacción más profunda en contra de la gran empresa. Este hecho se reflejaba en los discursos de los políticos, sobre todo los candidatos en las elecciones presidenciales. Y el candidato republicano es incluso más elocuente en su retórica que el demócrata. Esto se debe a que le gustaría ganar. McCain ve que existe una reacción contra el salario exorbitante de los consejos de administración de las grandes empresas y la escandalosa especulación de Wall Street, por eso dice lo que a la mayoría de las personas les gusta oír.

¿No resulta grotesco que los empresarios del difunto Bear Stearns amasaran fortunas mientras emprendían estrategias empresariales arriesgadas que han llevado la empresa al colapso? ¿Por qué los contribuyentes norteamericanos, la mayoría de los cuales no tan ricos, tienen que hacer frente a los 700.000 millones de dólares para el rescate de las grandes instituciones financieras? El 30 de septiembre de 2007, el gobierno federal tenía un agujero fiscal de 53 billones de dólares, equivalente a 455.000 dólares por familia y 175.000 dólares por persona. Esta carga aumenta cada año en 6.600-9.900 dólares por norteamericano. El Medicare representa 34 billones de dólares de este déficit y al fondo fiduciario relacionado con el Medicare se le acabará el dinero en diez años. Quienquiera que gane las elecciones presidenciales y quienquiera que controle el Congreso, tendrá que presidir profundos recortes de los niveles de vida. Los mismos capitalistas que han cogido miles de millones del gobierno y de la Reserva Federal están exigiendo mayor control presupuestario, recortes del gasto federal, una reforma amplia (léase reducción) del derecho a la asistencia sanitaria.

No hay dinero para el Medicare ni para escuelas o pensiones para los ancianos. Pero hay mucho dinero para los grandes bancos y ricachones. Esta flagrante contradicción está agitándose en la conciencia de millones de norteamericanos y tendrá consecuencias enormes en el futuro. La pesada carga de la deuda recaerá sobre los hombros de las venideras generaciones que pagarán el precio con caídas de los niveles de vida y recortes del gasto social. Esto inevitablemente provocará un cambio profundo de la conciencia.

Para la opinión pública norteamericana la lección no pasará desapercibida. No hay dinero para escuelas, enfermos o ancianos pero cuando se trata de las grandes empresas (y no hay mayor empresa que la banca) el Estado dispone de un cheque en blanco. Para el sufrimiento de los pobres la administración Bush sólo tiene desprecio. En la tierra de la libertad, todo ciudadano tiene el derecho a enriquecerse, si la gente insiste en ser pobre, ¡es su problema! Que muestren un poco más de iniciativa o si no que se arrastren hacia la zanja y mueran. Ese es el severo mensaje del Mesías republicano del libre mercado. Pero cuando se trata de los super-ricos, George W. Bush demuestra la más sensible preocupación. Pero ya estaba escrito antes: "Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". (Mateo 13:12).

Ya sabemos que el presidente Bush es un firme creyente en el Libro Sagrado. Pero sospechamos que sus motivos para intervenir en la crisis financiera no están totalmente relacionados con la caridad cristiana, tiene más que ver con la desesperación. La clase dominante en EEUU ve que se está abriendo bajo sus pies un abismo y se ve obligada a adoptar medidas de pánico en un intento frenético de evitar una recesión global. Por eso un fanático del libre mercado como el presidente se ve forzado a lanzar setecientos mil millones de dólares del dinero de los contribuyentes a los bancos.

Esta iniciativa extraordinaria recibió inmediatamente los aplausos del mercado, nacional e internacionalmente. El Grupo de las Siete naciones industrializadas dijo a sus miembros: "bienvenidas las extraordinarias acciones adoptadas por EEUU". Sin embargo, otras naciones dijeron que no veían la necesidad inmediata de crear sus propios fondos para comprar valores en peligro. Los capitalistas de Europa y otras partes estaban prefieren recostarse y dejar que los norteamericanos se esfuercen. Después de todo ¿no eran en primer lugar los responsables de crear este caos? La misma pregunta se hace en EEUU, en cada esquina y en el Capitolio.

El presidente inmediatamente se topó con un problema en el Congreso norteamericano. No es que los y las congresistas estén menos dispuestos a garantizar la supervivencia del capitalismo que el actual inquilino de la Casa Blanca, pero están aún más dedicados a su propia supervivencia. El problema es que sienten la creciente reacción que existe contra el capitalismo, el mercado, los banqueros, Wall Street y todas sus acciones. La inmensa donación (eso es lo que es) habla por sí sola. Significa que se cogerá del bolsillo de cada contribuyente estadounidense el equivalente a 9.400 dólares y se depositarán en las cuentas de las mismas personas que provocaron la crisis financiera. Este hecho por sí solo sirve para aclarar estupendamente las ideas de los miembros del Congreso, especialmente cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina.

Los Demócratas han estado pidiendo una segunda ronda de medidas para recuperar la economía norteamericana, centrada en estimular el gasto en infraestructura, ayuda a costear la factura energética de los hogares y posiblemente más cheques descuento para los consumidores. Pero la administración y muchos republicanos se resisten. ¿Dinero para los banqueros? ¡Por supuesto! ¿Dinero para los norteamericanos corrientes? ¡La cuenta está al descubierto! Esto es demasiado para las almas amables del Capitolio que gastan todo su tiempo en vigilar los intereses de la nación.

El ambiente en el Congreso fue tenso, los congresistas se gritaban y casi llegan a las manos. ¿Alguien puede recordar este tipo de escenas en el Capitolio? Entonces ¿cómo hay quien no puede ver a EEUU en una situación de debacle económica? ¿Puede alguien recordar a la población norteamericana en esta situación de rebelión y furia? La razón del comportamiento de los congresistas es que sienten las llamas queman ya sus traseros.

Cualquier cosa que hagan estará equivocada. Si firman el acuerdo se ganarán el odio de millones de estadounidenses. Una mujer, entrevista la noche pasada por la televisión británica, cuando le preguntaron qué pensaba sobre el plan de rescate respondió desconsoladamente: "Acabo de salir de un turno de once horas y trabajo 60 horas semanales. ¡Ahora quieren coger 2.300 dólares de mi salario para dárselo a los banqueros!" Esta debe ser la actitud típica de millones de personas corrientes en EEUU. Pero si se niegan a firmar, provocarán una caída aún más profunda de las bolsas en EEUU y con ello la amenaza de un colapso total en las líneas de 1929. En otras palabras, estarán entre la espada y la pared.

Pesimismo de la burguesía

La burguesía sufre de ataques maniaco depresivos periódicos, pasando rápidamente del optimismo extremo al abismo de la desesperación. En ambos lados del Atlántico, donde anteriormente había "exuberancia irracional", ahora hay oscuridad y condena. Siempre fue así: la burguesía siempre se balancea entre los dos extremos del carácter maniaco depresivo. En determinado momento la fiesta está en plena efervescencia y consiguen enormes fortunas, al momento siguiente, todo se desinfla y abunda la miseria. Cuando llega finalmente el colapso es como la mañana después de una fiesta salvaje. La noche antes, la gente está feliz embriagada sin preocuparse por el mundo. Ahora, con la fría luz del día la historia es diferente. Hombres y mujeres son terriblemente conscientes de los excesos de la noche anterior, juran con solemnidad que nunca volverán a beber, y son bastante sinceros, hasta la siguiente fiesta.

El colapso ignominioso del último boom especulativo no es una excepción a la norma general. Es destacable sólo por la profundidad de la tristeza, que sólo es un reflejo de las cotas vertiginosas desde las que ahora están cayendo. Sencillamente fue el mayor boom especulativo de la historia (o burbuja). Fue mucho más grande que el boom que precedió al colapso de Wall Street. A pesar de la severidad obvia de la crisis, los economistas burgueses aún intentan confortarse con el pensamiento de que las cosas podrían haber sido mucho peores. Recientemente el Financial Times comentaba:

"La Gran Depresión comenzó hace menos de 80 años pero, para ser sinceros, estamos en un siglo diferente. Sea o no la peor crisis a la que se enfrentará el mundo entre este momento y el año 2099, lo destacable es el hecho de que no haya sucedido nada tan malo como la Gran Depresión entre los años treinta y el momento actual". Este comentario es interesante por dos cosas: las mismas personas que durante años han estado negando cualquier posibilidad de una repetición de 1929 y la Gran Depresión ahora, sin inmutarse, dicen que no sólo es posible, sino que lo destacable es que no haya ocurrido aún.

Dominique Strauss-Kahn escribe: "[...] y por qué no ha ocurrido, al menos aún, en la economía general, el comienzo de una severa recesión. Quizá fue la ausencia de esta última lo que llevó a muchos a tranquilizarse considerando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria como una corrección, los impagos de las hipotecas subprime norteamericanas como una desgracia y el fracaso de importantes instituciones financieras como un daño colateral". (Ibíd).

La caída de los precios durante una crisis simplemente compensaba su anterior inflación, en ese sentido se puede hablar de una "corrección". Sin embargo, nosotros hace tiempo dijimos cómo los economistas burgueses han cambiado repetidamente la terminología que describe una recesión económica para que parezca algo menos serio. En determinado momento utilizaron la palabra pánico, después crisis, hasta que finalmente han llegado a corrección. Después de todo, si aceptamos los milagrosos poderes sanadores del mercado, que por arte de magia se regula sin ninguna participación humana consciente, ¿cómo se puede objetar la "autocorrección" del mercado?

Sobre este tema escribimos lo siguiente en Perspectivas Mundiales 2008:

"Se podría decir lo mismo sobre un terremoto: también se puede presentar como una ‘corrección' necesaria que simplemente reajusta la corteza terrestre. Finalmente, todo vuelve a la normalidad y la vida continúa como antes. Pero este análisis reconfortante no tiene en cuenta la terrible estela de daños provocada por el terremoto: pueblos que desaparecen, árboles arrancados, cosechas destruidas, miles de muertos y heridos. Además, la vida normal no se recupera tan fácilmente después de un terremoto. Algunos pueden ser tan devastadores y dejar tal reguero de destrucción que los efectos se sienten durante años".

Estas líneas describen con precisión las consecuencias de esta "corrección".

La dictadura del capital financiero

Nuestra época es la del capitalismo monopolista, una de las características es el dominio completo del capital financiero. Este dominio en EEUU y Gran Bretaña ha llegado más lejos que en cualquier otro país importante. Gran Bretaña, el antiguo taller del mundo, se ha transformado en una economía rentista parasitaria que produce muy poco y está dominada por las finanzas y los servicios. Hasta hace muy poco esto representaba algo positivo que podía proteger a Gran Bretaña frente a la turbulencia de la economía mundial. Pero se ha convertido en su contrario. Al seguir de manera servil el modelo norteamericano, Gran Bretaña se ha visto arrastrada hacia la recesión siguiendo los pasos de EEUU y probablemente se verá peor afectada. Como un gusano parásito, engorda a costa del resto del organismo anfitrión, el sector financiero se ha hecho demasiado grande con relación a la economía, minando su fortaleza y amenazado con socavarlo completamente.

Es una proposición elemental que todo lo que sube debe bajar. Durante años la economía norteamericana parecía desafiar las leyes de la gravedad económica. Ahora debe pagar el precio. La caída ha llegado, y es más abrupta por la altura vertiginosa que alcanzó debido a la especulación en el sector inmobiliario durante el período que la precedió. Ya es mucho más intensa que la caída de los precios inmobiliarios en la Gran Depresión. En el primer trimestre de 2008 los precios inmobiliarios en EEUU cayeron oficialmente un 14,1 por ciento. Por contraste, en 1932, en el momento bajo de la depresión, los precios inmobiliarios cayeron un 10,5 por ciento. Además, estas cifras no reflejan la seriedad real de la situación. Algunos economistas sitúan la cifra de la caída de los precios inmobiliarios durante el primer trimestre en el 16 por ciento en términos reales. Y la caída de los precios inmobiliarios está lejos de haber terminado.

Esto significa que las enormes sumas de dinero que van a regalar a los banqueros no tendrán el efecto de detener la caída, o en el mejor de los casos pueden sólo tener un respiro temporal antes de nuevas y más profundas caídas. Esta es la lógica del mercado que no obedece a ninguna ley excepto a él mismo. Los supuestos planes de estabilización no son nada parecido. Todo lo que se habla de regular los mercados es una estupidez. El sistema capitalista es anárquico por naturaleza. No se puede planificar ni regular. El intento de estabilizar el sector financiero inyectando grandes cantidades de efectivo sólo conseguirá enriquecer aún más a los ya mega-ricos. Pero no tendrá un efecto duradero sobre el mercado.

La insolencia de los banqueros es bastante asombrosa. Exigen al gobierno que compre sus deudas malas, mientras ellos se quedan con los valores rentables. Nadie sabe cuál es el valor real de estos activos. Un viejo refrán dice que nunca se puede comprar a ciegas. Es un consejo acertado, pero se espera que el gobierno entregue una inmensa cantidad de dinero a la burguesía sin mirar lo que hay en el paquete. La crisis del sistema bancario es el resultado de una estafa masiva en la que todos los banqueros han participado alegremente durante las últimas dos décadas. Se han hecho fabulosamente ricos pero ahora han dejado una enorme cantidad de deuda y capital ficticio en los libros de cuentas de las instituciones financieras. ¿Cómo resolver este pequeño problema? ¡Fácil! Pasar la factura al contribuyente. El gobierno crea una agencia para comprar estos valores y los mantiene hasta que "maduren" y se puedan vender al sector privado. Esto significa nacionalizar las pérdidas y privatizar los beneficios o, por utilizar una maravillosa expresión de Gore Vidal, socialismo para el rico y economía de libre mercado para el pobre.

Los capitalistas pretenden que también ellos están haciendo sacrificios, pero lo que quieren decir es que sacrifican unos pocos de sus inflados beneficios, mientras que los trabajadores sacrifican su vida y casa. Los banqueros gritan con dolor y los gobiernos corren con un cheque en blanco en sus manos. Esto se conoce como "provisión de liquidez". El problema es que el Estado no posee liquidez alguna. Sólo puede conseguir el dinero de los contribuyentes. Pero los impuestos reducen la demanda, algo que ya está cayendo en EEUU. Esto podría temporalmente aliviar el "sufrimiento" de los super-ricos, pero sólo a costa de incrementar el sufrimiento de millones de estadounidenses corrientes. Eso, en sí mismo, no sería nada preocupante, por supuesto, ya que el destino de todos los norteamericanos patriotas es sufrir por la gran causa del mercado. Desgraciadamente, esto tendrá efectos más serios en la economía.

Un nuevo recorte de la demanda aumentará el desempleo. Las empresas entrarán en bancarrota. Más personas no podrán pagar sus hipotecas y deudas de la tarjeta de crédito, profundizará la crisis y será más difícil de resolver. Además, EEUU es los años recientes ha pasado de ser la nación acreedora más grande del mundo a ser el mayor deudor mundial. La compra por parte del gobierno de valores sin valor e inyecciones de capital en las instituciones financieras aumentará enormemente este endeudamiento colectivo. Provocarán una nueva caída del valor del dólar con relación a otras monedas y esta situación consiguientemente causará más convulsiones en los mercados monetarios mundiales.

Los bancos centrales se supone que deben evitar vigilar a los bancos e instituciones financieras para garantizar a los depositarios que sus depósitos bancarios están a salvo, y proporcionar la liquidez en las instituciones financieras frente a daños colaterales. Pero los recursos de los bancos centrales tienen un límite y se está alcanzado muy rápidamente. Probablemente ya han hecho más de lo que podían hacer. En el caso de una nueva crisis bancaria no podrán hacer nada. Como nadie tiene la más mínima idea de a cuánto ascienden las deudas malas que están envenenando el sistema financiero mundial, esta crisis en el próximo período es inevitable. Más pronto que tarde terminará en el colapso de uno u otro de los bancos importantes, que puede provocar una conmoción letal en toda la economía mundial, como ocurrió con el colapso del banco austriaco más grande, el Kredit-Anstalt, en mayo de 1931. Esto sucedió dos años y medio después del crack de Wall Street en EEUU y marcó el principio del colapso financiero de Europa Central y después más allá. Es totalmente posible que veamos algo similar en el próximo período.

Marx sobre el capital ficticio

La escasez de dinero no es la causa de la crisis, al contrario, la crisis es la que provoca escasez de dinero. Los economistas burgueses, con su mentalidad de banqueros, confunden la causa con el efecto, la apariencia con la esencia. Cuando la economía entra en crisis, el crédito se agota y la gente exige en su lugar dinero en metálico. Este es el efecto de la crisis, pero a su vez se convierte en causa, reduciendo la demanda y creando una espiral descendente.

Los banqueros y sus amigos en el gobierno insisten en que la causa de la crisis es que el sistema financiero tenía demasiado poco capital. Es una declaración asombrosa. Durante las últimas dos décadas se ha visto un enorme carnaval rentable donde los bancos han conseguido ingentes beneficios. ¡Ahora dicen que no tienen suficiente capital! En realidad, durante el boom hubo en circulación una enorme cantidad de préstamos y esta superabundancia de capital demostraba por sí misma los límites de la producción capitalista. Había enormes sumas de capital disponible para la especulación que no podían encontrar una salida y la burguesía tuvo que encontrar otra forma de utilizarlo.

Marx señaló hace mucho tiempo que el ideal de la burguesía era hacer dinero del dinero, sin tener que pasar por el proceso doloroso de la producción. En el último período parecía que habían conseguido esta idea (excepto en China donde sí ha habido un desarrollo real de las fuerzas productivas). En EEUU, Gran Bretaña, España, Irlanda y en muchos otros países, los bancos invirtieron billones en especulación, sobre todo en el sector inmobiliario. Este se basó en el escándalo de las hipotecas subprime y floreció, generando cantidades inimaginables de capital ficticio.

Ya en la época de Marx existían grandes cantidades de capital circulando, este es capital que forma la base del capital ficticio. En aquella época también hubo estafas crediticias, el equivalente a los actuales derivados. Sin embargo, cuando se compara con la situación actual palidece todo el significado de especulación. La cantidad total de especulación a escala global es pasmosa. Tomemos sólo un ejemplo: los credit default swap. Este mercado permite que dos partes apuesten sobre la probabilidad de que una empresa incumpla el pago de su deuda. Ha pasado a 90 billones de dólares las cantidades ficticias aseguradas. Es decir, probablemente más que el doble del crédito pendiente de pago en el mundo. Pero los contratos no están anotados en ninguna parte excepto en los libros de los socios. Nadie sabe el volumen real de la transacción, por lo tanto, eso expone a la economía mundial a un enorme riesgo. Eso explica el pánico en Wall Street y en la Casa Blanca. Temen, correctamente, que cualquier vaivén severo pueda derribar todo el edificio inestable de las finanzas internacionales, con consecuencias difíciles de prever.

Incluso en el siglo XIX, en la cima del boom, cuando el crédito era fácil y la confianza aumentaba, la mayoría de las transacciones se hacían sin ningún dinero real. Al principio de cada ciclo hay abundancia de capital y los tipos de interés son bajos. El tipo de interés bajo estimula los beneficios de las empresas en el primer momento del ciclo y anima el crecimiento. Más tarde el tipo de interés alcanza su nivel medio en el momento álgido de prosperidad. Aumenta la demanda de crédito y por tanto los tipos de interés en el pico de un boom deberían subir, pero en el último boom no ha ocurrido así.

En los años recientes la Reserva Federal ha aplicado una política de mantener deliberadamente bajos los tipos de interés (en una etapa fueron incluso negativos en términos reales, considerando el nivel de inflación). Se trataba de una irresponsabilidad desde un punto de vista capitalista. Creó una burbuja inmobiliaria y de este modo se pusieron las bases para la crisis actual. Pero en la medida que se conseguían grandes beneficios y los inversores estaban felices a nadie le importaba. Todos se unieron contentos a este loco carnaval de rentabilidad. Los banqueros más respetables y los economistas más doctos unieron sus manos y bailaron al coro de: "Come, bebe y se feliz, ¡mañana estaremos muertos!"

La razón por la que ahora se quejan de que no tienen un capital insuficiente es porque una gran parte de sus activos son ficticios, el resultado de una estafa sin precedentes en todo el sector financiero. Mientras el boom continuaba a nadie le importaba. Pero ahora que el boom se ha terminado, todos estos activos están bajo sospecha. Los banqueros, que ayer estaban dispuestos a comprar grandes cantidades de deuda de los demás, ya no están dispuestos a hacerlo. La desconfianza y la sospecha se han generalizado. El viejo optimismo acomodadizo se ha sustituido por una actitud tacaña a la hora de prestar y tomar prestado. Todo el sistema bancario, del que depende la circulación de capital, está a punto de paralizarse.

A menos y hasta que los malos activos sean eliminados, muchas instituciones carecerán del capital necesario para extender el crédito fresco en la economía. Marx hace mucho que describió esta etapa del ciclo:

"La convertibilidad de las letras de cambio sustituye a la metamorfosis directa de las mercancías, tanto más cuanto que precisamente en estos períodos aumenta el número de las casas comerciales que trabaja simplemente a crédito. Y una legislación bancaria ignorante y al revés, como la de 1844-45, puede contribuir a acentuar todavía más la crisis.

"En un sistema de producción en que toda la trama del proceso de reproducción descansa sobre el crédito, cuando éste cesa repentinamente y sólo se admiten los pagos al contado, tiene que producirse inmediatamente una crisis, una demanda violenta y en tropel de medios de pago. Por eso, a primera vista, la crisis aparece como una simple crisis de crédito y de dinero. Y en realidad, sólo se trata de la convertibilidad de las letras de cambio en dinero. Pero estas letras representan en su mayoría compras y ventas reales, las cuales, al sentir la necesidad de extenderse ampliamente, acaban sirviendo de base a toda la crisis. Pero, al lado de esto, hay una masa inmensa de estas letras que sólo representan negocios de especulación, que ahora se ponen al desnudo y explotan como pompas de jabón; además, especulaciones montadas sobre capitales ajenos, pero fracasadas; finalmente, capitales-mercancías depreciadas o incluso invendibles o un reflujo de capital ya irrealizable. Y todo este sistema artificial de extensión violenta del proceso de reproducción no puede remediarse, naturalmente, por el hecho de que un banco, el Banco de Inglaterra, por ejemplo, entregue a los especuladores, con sus billetes, el capital que les falta y compre todas las mercancías depreciadas por sus antiguos valores nominales. Por lo demás, aquí todo aparece al revés, pues en este mundo hecho de papel no se revelan nunca el precio real y sus factores, sino solamente barras, dinero metálico, billetes de banco, letras de cambio, títulos y valores. Y esta inversión se pone de manifiesto sobre todo en los centros de que se condensa todo el negocio de dinero del país, como ocurre en Londres; todo el proceso aparece como algo inexplicable, menos ya en los centros mismos de producción". (Carlos Marx. El Capital. Volumen III. Capítulo XXX. Capital dinero y capital efectivo).

Los capitalistas deben sacar todo este capital ficticio del sistema. Como un hombre cuyo cuerpo ha sido envenenado o un drogadicto que lucha contra los efectos de su adicción, deben expulsar el veneno del organismo o perecerán. Pero es un proceso doloroso y crea nuevos peligros para el organismo. Cuando el sistema se reduce y el crédito se agota, los capitalistas retiran de circulación sus deudas. Aquellos que no pueden pagar entrarán en bancarrota. Como resultado crece el desempleo y esto, a su vez, reduce la demanda, provocando nuevas bancarrotas y nuevas deudas que no se pueden pagar. De esta manera, todos los factores que impulsaron la economía hacia adelante durante el último período se vuelven en su contrario.

Bancarrota de la economía burguesa

Los economistas se aferran insistentemente a la vieja ilusión de que era imposible una recesión mundial, que habían aprendido las lecciones del pasado (como un borracho aprende la lección después de la resaca). Decían que la crisis financiera se limitaría sólo a EEUU, que la economía norteamericana de alguna manera se "desacoplaría" del resto del mundo (así contradecían todo lo que antes habían dicho sobre la globalización), que Europa y China se convertirían en las nuevas fuerzas motrices de la economía mundial y así otras cosas por el estilo.

¡Qué vacíos suenan hoy estos argumentos! Los precios de los bienes raíces están cayendo globalmente. La economía global se está desacelerando. Las economías europeas ya están apreciablemente desaceleradas y, con la inevitabilidad de nuevos fracasos bancarios y la escasez de capital disponible y crédito, este proceso continuará. Es verdad que las llamadas economías emergentes han continuado su crecimiento, pero es impensable que puedan permanecer apartadas de la crisis general cuando la afluencia de capital se agota y los precios de las mercancías retroceden. Por supuesto, este proceso tardará un tiempo y será desigual. Algunos países entrarán más pronto en crisis, otros más tarde. Pero al final, todos se verán arrastrados.

Es indiferente en qué país comience la crisis, lo principal es que en las condiciones modernas ésta pasará de un país y continente a otro. En este caso comenzó en EEUU, que es el país que había llevado hasta su máximo extremo la manía crediticia. Pero poco después, y contra todos los pronósticos de los economistas, se extendió a Irlanda, España, Gran Bretaña y a toda Europa. Sus repercusiones alcanzarán a América Latina, Asia y África. Un país detrás de otro caerá como si se tratara de un dominó. China no escapará aunque por el momento sigue avanzando.

En una crisis los capitalistas están obligados a recurrir a medidas extraordinarias para acaparar una parte del mercado mermado. Recurren a la venta con descuento, al dumping y otros métodos para socavar a sus competidores. Con eso, agravan la crisis porque fomentan una espiral deflacionaria descendente. La gente retrasa sus comprar a la espera de precios más bajos y de esta manera empujan los precios aún más a la baja. Vemos este fenómeno más claramente en el mercado inmobiliario.

El contagio se extiende como una epidemia incontrolada de un país a otro. Será evidente que cada país ha sobre-exportado (es decir, sobreproducido) y también sobre-importado (sobre-comerciado).  (Ver El Capital. Volumen 3. p. 481. En la edición inglesa). Será evidente que cada uno de ellos ha estirado el crédito demasiado y avivado las llamas de la inflación y la especulación, que ahora deben extinguirse, no importa a qué costa. Es decir, no es cuestión de este o ese país, de este o ese banco, de este o ese especulador individual, sino del propio sistema. Es verdad que ninguna recesión dura eternamente. A largo plazo, se alcanzará un nuevo equilibrio, los precios se estabilizarán, se restaurará la rentabilidad y comenzará un nuevo ciclo. Pero no hay ningún síntoma de esto a la vista. La crisis aún no ha terminado, apenas acaba de comenzar. Nadie sabe cuándo terminará. Y, de cualquier manera, como dijo Keynes, "a largo plazo todos estaremos muertos".

Es fácil ser sabio después que han pasado los acontecimientos. Los economistas burgueses son excelentes pronosticando las cosas cuando ya han ocurrido. En este aspecto se parecen a los autores de Viejo Testamento que pronosticaban con una precisión infalible acontecimientos históricos que habían ocurrido varios cientos de años antes. La gente crédula como los testigos de Jehová están muy impresionados por ello, lo citan como una prueba de la inspiración divina de la Biblia. Otros, de una persuasión más escéptica y científica, dan la bienvenida a estas "predicciones" con grandes carcajadas. Las mismas personas que ridiculizaban a los marxistas y nos aseguraban que no habría ya crisis, ahora gimen y agitan las manos. Nos dicen que es la crisis más profunda desde los años treinta, y esperan que nadie se dé cuenta de la flagrante contradicción entre esto y lo que decían sólo ayer.

La realidad es la siguiente: que durante los últimos veinte o treinta años los economistas burgueses no han comprendido nada, no han anticipado ni previsto nada. Han sido incapaces de pronosticar los booms ni las recesiones. Han pasado décadas intentando convencernos de que el ciclo económico había desaparecido, que el desempleo de masas era algo del pasado, que el monstruo de la inflación se había domesticado, y así otras cosas por el estilo. Todos los políticos reformistas, naturalmente, aceptaban este sinsentido como una moneda buena. El Gran Bretaña, Gordon Brown alardeaba: "El ciclo de boom y recesión ha desaparecido". Ahora ha tenido que tragarse sus palabras porque la economía británica se desliza hacia la recesión. Todo esto demuestra que la economía burguesa no es adecuada para nada excepto para justificar un sistema degenerado y en bancarrota.

Lo que nosotros pronosticamos

Comparemos las perspectivas de los marxistas con las que trazó la burguesía. En contraste con los economistas burgueses que cometieron el grave error de creer su propia propaganda, la corriente marxista explicó la realidad de la situación en el documento Al final de la navaja: perspectivas para la economía mundial¸ escrito en 1999, escribimos lo siguiente:

"En el pasado se decía que el papel de la Fed era llevar el cuenco de ponche cuando la fiesta estaba en pleno apogeo. Pero ya no es este el caso. Mientras públicamente hablan de cara a la galería de fidelidad y austeridad, Alan Greenspan tolera la formación de la mayor orgía de especulación financiera de la historia, aunque debería ser consciente de los peligros que ello implica. Es como el emperador Nerón, que se divertía mientras Roma se quemaba. En realidad, subiendo los tipos de interés un miserable cuarto de punto, ha echado más leña al fuego de la especulación bursátil. De esta forma, el viejo dicho de ‘a quién los dioses desean destruir, primero le vuelven loco' es totalmente correcto".

Y seguimos leyendo:

"Las barreras fundamentales para el desarrollo de las fuerzas productivas en la época moderna son la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional. Sin embargo, durante un tiempo el sistema pudo superar parcialmente estas barreras por una serie de medios, como el desarrollo del comercio mundial y la expansión del crédito. Hace tiempo Marx explicó el papel del crédito en el sistema capitalista. Es un medio a través del cual el mercado puede ir más allá de sus límites normales. En el mismo sentido la expansión del comercio mundial puede proporcionar una salida durante un tiempo, a costa de preparar una crisis catastrófica aún mayor en el futuro:

"'La producción capitalista está ocupada constantemente en el intento de superar sus barreras innatas, pero superarlas por medios que luego harán que estas mismas barreras adquieran un tamaño formidable. La barrera real de la producción capitalista es el propio capital'" (El Capital, vol. 3).

"El circuito de la producción capitalista depende entre otras cosas del crédito. La solvencia de un eslabón de la cadena depende de la solvencia del otro. La cadena se puede romper por numerosos puntos. Más pronto o más tarde, el crédito debe saldarse en efectivo. Con demasiada frecuencia aquellos que se endeudan durante el proceso de auge capitalista se olvidan de este hecho. En la primera fase de expansión capitalista, el crédito actúa como un estímulo de la producción: ‘el desarrollo del proceso productivo se alarga por el crédito, y éste conduce a una extensión de las operaciones comerciales o industriales' (El Capital, vol. 3).

"Ésta es sólo una cara de la moneda. La rápida expansión del crédito y la deuda empuja el mercado más allá de sus límites normales, pero en un cierto momento esto vuelve a su posición original. Durante el boom el crédito parece no tener límites, como el Cuerno de la Abundancia de la antigua mitología griega. Pero tan pronto como aparece la crisis la ilusión se desvanece. Los reembolsos se retrasan, las mercancías no se venden en los mercados ya abarrotados y los precios caen. El desarrollo del mercado mundial no altera este proceso fundamental, salvo en que cuando se manifiesta lo hace con un alcance inmensamente mayor. La acumulación de deudas en última instancia hace más profunda y más prolongada la crisis de lo que hubiera sido de otra forma. La reciente historia de Japón es más que suficiente para confirmar esto. Después de una década de boom, caracterizada por el aumento rápido de los precios de los activos y las acciones, la burbuja estalló finalmente debido a un marcado aumento de los tipos de interés. La situación fue muy similar a la de EEUU en la actualidad. El 25 de diciembre de 1989, el Banco de Japón subió los tipos de interés causando una profunda caída de la Bolsa, pero como los precios de la tierra aún continuaban subiendo fue necesario una nueva subida de los tipos de interés. En total los tipos subieron un 6% y a final de año los precios de las acciones cayeron al 40%. A pesar de todo el Banco de Japón mantuvo los tipos de interés elevados, medida entonces alabada por los economistas, que destacaron el prudente manejo de la economía por parte de la entidad japonesa. El resultado fue prolongar la recesión durante una década.

"Con la globalización y la abolición de las restricciones al crédito y las transacciones financieras, el alcance de la expansión nunca antes fue tan grande, ni tuvo el potencial para un crash a escala mundial. Sin embargo la crisis no se origina por el capital ficticio, por las estafas de la Bolsa y el uso excesivo del crédito. Marx lo explica en el tercer volumen de El Capital:

"'También ignoramos estas falsas transacciones y especulaciones que favorece el sistema crediticio. Una crisis sólo se puede explicar como resultado de una desproporción en la producción entre el consumo de los capitalistas y su acumulación. La sustitución del capital invertido en producción depende en gran medida del poder de consumo de las clases no productivas; mientras, el poder de consumo de los trabajadores está limitado, en parte por las leyes salariales, en parte por el hecho de que son utilizados en la medida que son rentables para la clase capitalista. La razón última para todas las crisis reside en la pobreza y el consumo restringido de las masas frente al vigor de la producción capitalista en desarrollar las fuerzas productivas como si existiera sólo un poder de compra absoluto de la sociedad y éste fuera su límite'" (El Capital, vol. 3)

"La expansión del comercio mundial y la apertura de nuevos mercados en Asia también proporcionaron un estímulo temporal, pero sólo a costa de provocar un colapso incluso mayor". (Fundación Federico Engels. Marxismo Hoy. Nº 7)

Estas líneas fueron escritas hace casi una década, cuando la aplastante mayoría de los economistas burgueses aún negaban la posibilidad de una recesión mundial. Así que tenemos todo el derecho a preguntar: ¿Quién comprendió mejor los procesos de la economía mundial y quién hizo predicciones correctas? ¿Los economistas burgueses o los marxistas?

¿Puede China salvar al mundo?

Hay un viejo refrán que dice que  un hombre ahogándose se agarra a una paja. La burguesía y sus apologistas, alarmados por la profundidad de la crisis, buscan alrededor una paja que les salve de hundirse más. Hasta hace poco sus esperanzas descansaban en Asia, China en particular. Pero la economía china ahora está empotrada firmemente al mercado mundial y reflejará toda su volatilidad. Un reciente artículo de Geoff Dyer en el Financial Times llevaba el elocuente título: La carga de Pekín. Una desaceleración de China es un mal agüero para la economía mundial.

A pesar de la recesión en EEUU, las exportaciones han continuado creciendo con fuerza, expandiéndose un 22 por ciento durante los primeros ocho meses de 2008. Parte de la explicación es que las empresas chinas han seguido encontrando nuevos mercados para sus productos en otras economías en desarrollo que experimentan un auge económico. Pero esto sólo retrasa lo inevitable. Después de la crisis en Wall Street y el estancamiento en Europa y Japón, los inversores comienzan a preguntarse si China podría entrar también en crisis. Después de cinco años de rápido crecimiento, la economía china muestra incluso ahora claramente una desaceleración. Una tasa de crecimiento inferior al ocho por ciento tendría grandes implicaciones para China y la economía global. Los economistas también están preocupados por el sector bancario en China.

Ya hay síntomas de problemas en el mercado exportador. La industria de prendas de vestir en Guangdong sufre una intensa tensión. Según las estadísticas provinciales, las exportaciones de prendas de vestir y accesorios de enero a julio cayeron un 31 por ciento respecto al mismo período del año pasado, a 13.300 millones de dólares. Las exportaciones de productos plásticos, juguetes y lámparas también están estancadas o descendiendo. Esto ha coincidido con una demanda débil de EEUU, donde las ventas al por menor cayeron en julio y de nuevo en agosto. El crecimiento global de las exportaciones de Guangdong a EEUU cayó al 6,3 por ciento durante los primeros siete meses de este año. Eso no puede ser una coincidencia.

Un euro fuerte y un 27 por ciento de aumento de las exportaciones de Guangdong a Europa han compensado un dólar débil y el hundimiento del mercado norteamericano. Pero ahora es evidente la profunda y creciente contracción en Europa, que también es uno de los mercados más grandes de China. Esto finalmente tendrá un impacto sobre las exportaciones chinas. "Esto podría ser la calma que precede a la tormenta", dice Stephen Green, un economista de Standard Chartered de Shanghái.

Son cada vez mayores las preocupaciones por el mercado inmobiliario, que ha sido uno de los principales componentes del boom de inversión de la economía china durante los últimos años. Las ventas han caído y la superficie en construcción cayó en agosto, mientras que la producción de acero, cemento y aires acondicionados fue plana o bajó en ese mes, otro síntoma de actividad débil. Los analistas dicen que las hipotecas aprobadas también han caído profundamente en los últimos meses. "Creemos que la probabilidad de un desastre del sector inmobiliario en China es elevada", dice Jerry Lou, un analista de Morgan Stanley en Shanghai.

Si el mercado inmobiliario cae a lo largo del próximo año eso tendrá serias consecuencias para el sector bancario. Si el crecimiento del producto nacional bruto cae muy por debajo del 8 por ciento el próximo año, eso causaría una caída aún más profunda de los precios inmobiliarios, acompañada de un colapso de la inversión en el sector privado. Las consecuencias sociales y políticas serían considerables.

Hay signos de advertencia en otras partes de la economía. El crack en el mercado bursátil ha tenido un efecto negativo sobre la confianza del consumidor. Este año ha caído mucho la tasa de aumento de los ingresos urbanos. Las ventas de automóviles han caído el mes pasado un 6 por ciento y los viajes en avión también han sido bastante más bajos este verano. Gome, el vendedor al por menor de electrónica más grande del país, dijo que las ventas por metro cuadro en sus tiendas han caído un 3 por ciento en el segundo trimestre.

El gobierno ha bajado los tipos de interés, eso indica que teme una crisis. Sin embargo, su margen de maniobra en la política monetaria es limitado por el miedo a que reaparezca la inflación, ésta alcanzó su tasa máxima de un 8,7 por ciento en febrero, antes de que cayera al 4,9 por ciento en agosto. Zhou Xiaochuan, jefe del banco central, dijo este mes: "La inflación en realidad se ha desacelerado durante los últimos meses, pero no podemos relajarnos porque la tasa puede rebrotar".

Una recesión en China, o incluso una desaceleración seria del crecimiento, tendría un efecto muy serio sobre el mercado mundial, comenzando con los países productores de mercancías en África, Oriente Medio y América Latina. Los precios del cobre, por ejemplo, han caído un 23 por ciento en los dos últimos meses, en parte debido a los temores sobre el consumo chino del metal, que ha caído más de la mitad este año.

Vividores y especuladores

Existe furia y hostilidad crecientes hacia "le mercado", es decir, hacia el capitalismo. Como reacción a este ambiente, políticos burgueses como Alec Salmond del Partido Nacional Escocés, intenta dirigir la rabia de la opinión pública fuera del propio capitalismo y hacia un sector específico de la clase capitalista, los "vividores y especuladores" de las altas finanzas.

De repente, se ha puesto de moda entre los políticos condenar a estos misteriosos individuos que se han sentado sobre venerables instituciones como el Banco de Escocia. Esta respetable entidad, nos dicen, ha estado presente durante trescientos años y ha sobrevivido a la Guerras Napoleónicas, al crack de Wall Street y a la primera y segunda guerra mundial, sólo para ser destruido por una banda de tiburones codiciosos con trajes de diseño y gafas oscuras. Este tipo de "explicación" no dice nada en absoluto. ¿Cómo un pequeño número de ávidos individuos posee un poder tan fenomenal? ¿Quiénes son estas personas? ¿Cuáles son sus nombres? ¿Dónde viven? Nadie lo sabe. Pero siempre es útil en una crisis poder culpar a alguien y si este alguien es perfectamente anónimo e ilocalizable, pues mucho mejor.

Repentinamente, estos "vividores y especuladores" comienzan a jugar en la economía el mismo papel que al Qaeda juega en la política internacional. En realidad, todos los banqueros y capitalistas son vividores y especuladores. Debe ser porque el sistema capitalista se basa en ser un vividor y en la especulación. También se basa en la concupiscencia. Negar la concupiscencia es negar el funcionamiento de la economía mundial, que se basa en el beneficio, es decir, la concupiscencia. La codicia de beneficio es lo que, en última instancia, mueve el sistema capitalista y ha sido la fuerza motriz desde su nacimiento. Sí, ¡pero se han vuelto demasiado codiciosos y ganan demasiado! Eso es lo que David Walker, presidente y ejecutivo jefe de la Peter G. Peterson Foundation y antiguo auditor general de EEUU tiene que decir:

"¿Hay lecciones en la crisis de las subprime? La respuesta es sí. Las medidas que ha adoptado el gobierno recientemente no consiguieron establecer una estructura reguladora efectiva con relación a las hipotecas, derivados y otros valores. La codicia es rampante. Fannie Mae y Freddie Mac de su misión original pasaron a centrarse en la conquista personal y el beneficio más que en su propósito público. Los lobbies de Wall Street facilitaron la relajación sobre la presión de Fannie Mae y Freddie Mac". (Financial Times. 22/9/2008).

Esto es perfectamente cierto. Mientras que los trabajadores cobran de acuerdo con los resultados, los empresarios se pagan unas cantidades obscenas independientemente de los resultados. Cuando una empresa lo hace bien los trabajadores pueden conseguir algo más de salarios o primas, pero los empresarios cobran millones en dádivas. Cuando una empresa va mal, los trabajadores no cobran nada, pero los empresarios aún cobran generosamente. Y cuando la empresa entra en bancarrota, los trabajadores son despedidos con poca o ninguna compensación (a menudo sin ni quiera pensión), mientras que los empresarios que han arruinado la empresa se van con un extravagante apretón de manos.

Estos hechos son bien conocidos. Durante años los trabajadores han estado murmurando entre dientes por la injusticia y la desigualdad. La economía avanzaba y el mercado parecía dar resultados para todos (aunque muy desiguales), la opinión pública estaba sometida a un coro ensordecedor en los periódicos y la televisión, y los políticos de cada partido eran unánimes, aceptaban como bueno el argumento de que "lo que era bueno para los ‘creadores de riqueza' (empresarios) es bueno para mí".

La estupidez de Brown

A este lado del Atlántico los procesos que vemos en EEUU se reproducen, pero sólo en la forma de una caricatura torpe y patética. En la conferencia del Partido Laborista, Gordon Brown gimió sobre la "irresponsabilidad" de la City y dijo que las primas, en algunos aspectos, eran "inaceptables". Alistair Darling, ministro de economía, se hizo eco de los comentarios del primer ministro. Pero sus "ataques" parecían los de un hombre golpeando a un rinoceronte con un plumero. Comparado con los comentarios mordaces de John McCain y Barack Obama sobre Wall Street parecen muy débiles.

Las medias tintas de Brown y Darling en el congreso del Partido Laborista indican que han pasado mucho tiempo arrastrándose por la City londinense que ahora ya no son capaces de enderezar la espalda. En una situación donde cientos de miles de trabajadores de repente están amenazados con perder sus empleos, sus casas y ahorros, incluso el reformista menos ingenioso sería capaz de darse cuenta de que una denuncia de las estafas y la codicia de los banqueros sería inmensamente popular. Es una prueba de la total bancarrota y la estupidez de estos presuntos líderes laboristas que no son capaces de adoptar los ataques demagógicos de las grandes empresas que han sí han hecho Obama y McCain.

Ni siquiera son tan radicales como la Iglesia de Inglaterra, las dos figuras más veteranas han condenado las prácticas corruptas de los tratantes financieros. En un artículo aparecido en The Spectator, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, atacó las "transacciones en papel sin resultado concreto más allá del beneficio para sus negociantes". Según él cuando este comercio empezó a ir mal, provocó un "daño real y devastador".

Williams llamó la atención sobre el comercio de deudas de la industria financiera, que ha dicho se hizo "sin responsabilidad... siendo el motor de una conquista financiera astronómica para muchos en los últimos años". Dijo que la crisis financiera actual "demuestra el elemento de irrealidad básica en la situación, la realidad que se ha generado una riqueza casi inimaginable a niveles igualmente inimaginables de ficción, transacciones en papel sin un resultado concreto más allá del beneficio para los comerciantes". El arzobispo continuaba: "Dado que el riesgo para la estabilidad social general en estos procesos ha demostrado ser enorme, no es útil pretender que el mundo financiero puede mantener indefinidamente el grado de inmunidad y la desregulación del que ha disfrutado". (El énfasis es mío).

Aquí tenemos la esencia de la cuestión. Los representantes del capitalismo (incluidos los religiosos) pueden sentir como la tierra tiembla bajo sus pies. Temen las consecuencias sociales y políticas de la crisis, que representan un riesgo enorme para la estabilidad social, apelan al gobierno y a los empresarios para que hagan algo antes de que sea demasiado tarde. ¿Pero cuál es el propósito de Williams? Dice que "desentumecer el régimen financiero" es a veces necesario para impulsar la empresa y crear riqueza que permita "sacar a poblaciones enteras de la pobreza". Es una noble aspiración, y algo que es totalmente imposible conseguir sobre esta tierra pecaminosa.

Incluso más mordaz ha sido su colega Sentamu, el arzobispo de York. Lloyds TSB, un importante banco británico, había anunciado la semana anterior que había aceptado adquirir HBOS por 12.200 millones de libras después de que sus acciones se hundieran. Desde la adquisición, los comentaristas han criticado a los que vendieron las acciones prestadas por debajo de su precio actual, consiguiendo que los precios cayeran más antes de que las compraran.

Sentamu dijo lo siguiente en una cena anual de la Workshipful Company of International Bankers: "Nos encontramos en un sistema de mercado que parece haber tomado sus reglas de comercio de Alicia en el país de las maravillas". Y continuaba: "Para un espectador como yo, aquellos que deliberadamente han conseguido 190 millones de libras vendiendo por debajo de su precio las acciones de HBOS, a pesar de su fuerte base de capital, y que lo han arrojado en brazos de Lloyds TSB, son claramente ladrones de bancos y fraccionadores de valores".

Este lenguaje tan fuerte procedente de un hombre de Dios fue totalmente inesperado y sin duda tuvo un efecto desafortunado en la digestión de los que cenaban en la Workshipful Company. Los banqueros allí reunidos tampoco quedaron muy contentos al escuchar los comentarios del arzobispo sobre el plan del Tesoro norteamericano de dedicar 700.000 millones de dólares a comprar la deuda mala que tienen los bancos y otras instituciones financieras.

El arzobispo habló de la necesidad de sistemas financieros estables si se quería erradicar la pobreza pero añadió: "Una de las ironías de esta crisis financiera es que ha demostrado que adoptar medidas contra la pobreza es totalmente asequible. Costaría 5.000 millones de dólares salvar la vida de seis millones de niños. Los líderes mundiales podrían encontrar 140 veces esa cantidad en el sistema bancario en una semana. ¿Cómo pueden decirnos que la ayuda para los más pobres es demasiado cara?"

Cuando escribí este artículo, los líderes mundiales se reunían en EEUU para marcar un avance en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, una serie de objetivo destinados a reducir la pobreza global y mejorar los niveles de vida para el año 2015. Podría depositar mi fe en el Señor y esperar que las duras amonestaciones del arzobispo hayan tenido el efecto deseado, pero toda la experiencia nos lleva a dudar de que ese sea el caso.

Incluso The Financial Times observaba:

"Incluso en tiempos de boom, pocas personas ríen calurosamente cuando contrastan sus modestos ingresos con las enormes primas de unos pocos afortunados.

"Sencillamente la envidia ahora se vuelve furia justificable, primero ante el daño que el caos financiero a infligido a los inocentes y ahora la serie de cheques en blanco de los contribuyentes que se extienden a estas entidades. La reacción en cadena está en marcha. Merece la pena distinguir las primas excesivas de los salarios y que son las que fomentan la imprudencia. Los acuerdos salariales opulentos son una cuestión que sólo importan a los accionistas que los financian. Pero recompensar la imprudencia es un problema para todos nosotros.

"Demasiados gestores de inversión han cobrado por representar lo que parecía impresionante pero que tenía las semillas de la catástrofe. La catástrofe ha llegado, los inversores han quedado en la ruina, los contribuyentes son los siguientes y todavía los administradores mantienen las primas que recogieron en los años de plenitud".

Pero después rectifica el balance y añade:

"Debemos decir a su favor que, Mr. Brown y Mr. Darling no se han centrado en los altos salarios sino en los planes de retribución que recompensa a los jugadores".

La realidad es que los que compran y venden acciones son todos jugadores y ese juego en la bolsa es su negocio que se pasa por alto discretamente.

Los periodistas del Financial Times (y de alguna manera consiguen mantener la cara seria) continúan:

"El siguiente paso ahora está en la Autoridad de Servicios Financieros, el regulador de la City, pero el problema es más fácil señalarlo que solucionarlo. El desafío es pagar a los gestores de inversión y negocios por su verdadera representación. Si eso fuera fácil, los accionistas lo harían de manera rutinaria. Una aproximación imperfecta es condicionar algunas primas a los resultados a largo plazo, retrasando el pago hasta que el polvo haya desaparecido, o insistir en que los gestores arriesguen su propia riqueza. Pero es difícil de imaginar reglas rígidas.

"La salida más práctica es que la ASF considere los planes de incentivos como parte de su revisión global de la estabilidad de las empresas financieras. Es optimista excepto porque requiere demasiado esfuerzo, pero una legislación sobre primas de la City sería totalmente contraproducente, estas leyes son fácilmente sorteadas ocultando los riesgos o enviándolos al exterior".

La política del nuevo laborismo está claramente dictada por las últimas editoriales del Financial Times.

"Economía concentrada"

Lenin dijo que la economía era política concentrada. La crisis económica que recorre el mundo está teniendo efectos muy serios sobre la psicología de todas las clases, empezando con los propios capitalistas. En un período en que el capitalismo avanzaba, la presión de las ideas burguesas sobre la clase obrera y sus organizaciones se redobló. En Gran Bretaña no ha habido una recesión económica seria durante más de dos décadas. Por lo tanto, los argumentos de los políticos burgueses y economistas (los dos trabajan en equipo) sobre las cualidades milagrosas del "libre mercado" encontraron eco incluso entre la clase obrera, pero particularmente en su dirección.

Existieron las bases materiales para la total degeneración de la socialdemocracia y los partidos "comunistas" en Europa y los dirigentes sindicales en todas partes. En Gran Bretaña, que estaba en la vanguardia de la contrarrevolución capitalista durante las tres décadas pasadas, fue el suelo donde el nuevo laborismo floreció bajo la dirección del reverendo Anthony Blair.

Para los activistas del movimiento obrero, este período fue una pesadilla que parecía no tener fin. No había límites para la degeneración de los dirigentes de las organizaciones de masas, no había profundidad en la que no se hundieran, ni ninguna acción infame que no fueran incapaces de cumplir para complacer a la clase dominante y, por supuesto, al mercado. El pesimismo de los activistas llevó a la apatía y al vacío de las organizaciones tradicionales de masas, que se llenaron de arribistas de clase media en busca de empleo y promoción. Esto a su vez llevó a un nuevo bandazo a la derecha, que profundizó aún más la desilusión de los trabajadores. Fue un círculo vicioso que se retroalimentaba y que ha durado hasta ahora. Pero las cosas comienzan a cambiar rápidamente.

La conciencia humana en general es conservadora. La gente normalmente teme el cambio y se aferra a lo que es familiar. El hábito, la rutina y la tradición pesan mucho sobre la conciencia de las masas, que va por detrás de los acontecimientos. Pero en momentos críticos de la historia, los acontecimientos se aceleran hasta el punto crítico en que la conciencia se dispara. Ahora hemos llegado a ese punto crítico.

Lo que es verdad para las naciones industrializadas del mundo es diez veces más verdad de lo que algunas veces parece para el "tercer mundo". El número de los que viven en la extrema pobreza está aumentando rápidamente en Asia, África y América Latina. Un informe publicado recientemente por las Naciones Unidas decía que una cuarta parte de todos los niños en el mundo subdesarrollado tienen insuficiente peso; más de 500.000 mujeres mueren cada año en el parto o por las complicaciones del embarazo; un tercio de la creciente población urbana en los países en vías de desarrollo vive en chabolas. Un informe del Banco Interamericano avisaba de que el aumento de los empresarios empujaría a 26 millones de personas en América Latina a unas condiciones de absoluta penuria. Esta era la situación después de un largo período de crecimiento económico a escala mundial. Fue lo mejor que podía ofrecer el capitalismo. ¿Qué ocurrirá en condiciones de crisis?

Por lo tanto, nos enfrentamos a un fenómeno mundial que está lleno de implicaciones revolucionarias. De esta manera, la globalización se manifiesta como una crisis global del capitalismo.

¿Cuál es la solución?

Dicen que la crisis actual es el resultado del fracaso regulador para vigilar el excesivo riesgo que tomaba el sistema financiero, especialmente en EEUU. Además dicen que "debemos asegurarnos de que no vuelve a suceder". ¡Resulta irónico! Durante las últimas tres décadas los economistas y políticos burgueses precisamente han defendido lo contrario: que todas las regulaciones eran malas para los negocios y que se deberían abolir (se defendía particularmente en el sector financiero).

Las declaraciones demagógicas sobre la necesidad de frenar las primas excesivas y la regulación de los salarios de los consejos de administración son sólo humo. ¿Qué se puede conseguir con estos milagros? ¿Con qué mecanismo? Los banqueros tienen mil maneras de eludir la regulación. Ocultan los libros de cuentas y hacen todo lo posible para que los reguladores no puedan descubrir sus actividades fraudulentas. Incluso el gobierno norteamericano utiliza trucos similares que encubren las verdaderas dimensiones de su déficit presupuestario.

El argumento a favor de regular los mercados es absurdo, como fue la decisión de prohibir (temporalmente) la práctica de "vender en corto". Para que los mercados puedan funcionar es necesario que se compren y vendan acciones, y se debe hacer sobre la base de calcular si el precio de la acción va a subir o bajar. La idea de que es permisible comprar acciones sólo cuando van a subir es evidentemente una idea absurda.

Las agencias de credibilidad crediticia, que se supone distinguen los buenos créditos de los malos, dieron credibilidad a paquetes hipotecarios garantizados sin mirar la debilidad de las hipotecas subyacentes. De la misma manera, los compradores de deuda norteamericana emitida por Fannie Mae y Freddie Mac asumieron con despreocupación lo que les garantizaba el gobierno norteamericano. El resultado es que el contribuyente estadounidense ahora tiene detrás más de 5 billones de dólares en hipotecas y es demasiado pronto para decir cuál será la factura final.  

La conclusión es bastante clara. O tenemos libre mercado basado en la búsqueda del beneficio o tenemos economía nacionalizada planificada. Pero el "capitalismo regulado" es una contradicción. En otro artículo el Financial Times plantaba la cuestión de una manera más clara: "no importa que ideas políticas disparatadas sugieran frenar los controvertidos paquetes salariales, las mentes brillantes de las finanzas encontrarán la manera de sortearlos o salir de la parte regulada de la industria".

Es necesario abolir estos grotescos casinos que deciden el destino de millones y sustituir la anarquía capitalista con una sociedad racional basada en la economía planificada. Dicen que las medidas adoptadas por Bush y Brown representan la nacionalización. Pero estas medidas no tienen nada que ver con la idea socialista de nacionalización. No pretenden eliminar el poder económico de las manos de los adinerados parásitos que constituyen una carga monstruosa para la sociedad y un obstáculo en el camino del progreso. Todo lo contrario, representan un intento de proteger el interés de estos parásitos dándoles enormes ayudas, sacadas de los bolsillos de la clase obrera y la clase media.

Los socialistas se oponen radicalmente a estas políticas, que no tienen nada que ver con la verdadera nacionalización y que sólo son una especie de capitalismo de estado, que pretenden salvaguardar el sistema capitalista. Llevarán inevitablemente a un aumento de la monopolización, a despidos en masa, a cierres bancarios, a hipotecas más altas y otras medidas antiobreras. Los banqueros son recompensados por el Estado por sus actividades viles, que les compra todas sus pérdidas, después gasta enormes cantidades del dinero de los contribuyentes para hacerlos rentables, y cuando lo han conseguido, los devuelven de nuevo a los banqueros, que cometerán un doble delito a costa de la sociedad. Pueden reanudar su especulación y robo una vez más.

Es necesario arrebatar los puestos de mando de la economía de las manos privadas, nacionalizar los bancos, las empresas aseguradoras y las grandes empresas con la compensación mínima basada en la necesidad comprobada. Sólo cuando las fuerzas productivas estén en manos de la sociedad, será posible establecer un plan socialista racional de producción, donde las decisiones se tomen en interés de la sociedad, no de un puñado de ricos parásitos y especuladores.

Ese es el objetivo fundamental del socialismo. Es una idea que ahora será comprendida y bienvenida por millones de personas que anteriormente la consideraban como algo extraña y ajena. La gente que se manifestó en las calles de Nuevo York contra el plan Bush no eran socialistas. Hace doce meses probablemente aún eran defensores del libre mercado. Nunca han leído a Marx y sin duda parecen patriotas norteamericanos. Pero la vida enseña y en situaciones como ésta, la gente aprende más en pocos días que en toda una vida. La clase obrera de EEUU está aprendiendo rápido. Y como decía Víctor Hugo: "Ningún ejército es tan poderoso como la idea cuya hora ha llegado".

Londres, 26 de septiembre de 2008.

"Me gustan los ladrones. Algunos de mis mejores amigos son ladrones. ¿Por qué?, la semana pasada tuve al presidente del banco cenando en casa". W. C. Fields El sistema capitalista está agoniza en una de las peores crisis financieras desde la Gran Depresión. Así piensa no sólo el multimillonario George Soros, sino también el Fondo Monetario Internacional, el custodio del sistema capitalista, y todos los comentaristas capitalistas serios. La semana pasada el huracán arrasó los mercados crediticios, las bolsas y el sistema bancarios, fue una consecuencia de todas las contradicciones acumuladas en los cimientos del capitalismo durante los veinte años anteriores. No es una irregularidad económica temporal, sino el precursor de una inminente recesión mundial. El titular del Financial Times lo decía todo: "El capitalismo en estado de convulsión". La tormenta está lejos de haber terminado, a pesar del anuncio de una inyección económica sin precedentes por parte del Tesoro norteamericano, de la Reserva Federal y del establishment de Washington. Como dice la popular rima infantil: Humpty Dumpty se sentó en un muro. Humpty Dumpty cayó y pegó duro. Todos los caballos y hombres del rey No pudieron unir a Humpty otra vez. Los hombres del Rey en la Fed se dieron prisa para intentar unir de nuevo el sistema crediticio, en la mayor inyección de la historia del capitalismo mundial. Pero como en el caso de Humpty Dumpty, la fragmentación provocada por la crisis financiera será difícil de unir, y la crisis reverberará por todo el mundo durante los próximos meses o más. Así es como el Financial Times describía los acontecimientos: "Las condiciones de los mercados financieros han descendido a su punto más bajo desde la crisis bancaria de 1932. En un período de 96 horas, vimos tres acontecimientos difíciles de imaginar. Lehman Brothers, la cuarta empresa de valores más grande de EEUU, entró en bancarrota. Merrill Lynch, la empresa más conocida, fue vendida de la noche a la mañana al Banco de América. Y el mercado empujó a la Reserva Federal a adquirir 85.000 millones de dólares de AIG, nuestra mayor aseguradora, para evitar su bancarrota". Además está la nacionalización de Freddie Mac y Fannie Mae, las gigantescas empresas hipotecarias de EEUU. (Financial Times. 18/9/08). El artículo concluía así: "Durante el largo período que se avecina saldremos gateando de este agujero financiero". El gurú capitalista, Alan Greenspan, anterior presidente de la Reserva Federal, llegó a Londres en 2002 para recoger su título como "el hombre que salvó al mundo". Su forma de manejar la burbuja de internet fue considerada milagrosa, sobre todo por su mayor fan, Gordon Brown, entonces ministro de economía. Mientras estuvo allí, Greenspan visitó al comité de política monetaria del Banco de Inglaterra. De una manera optimista típica, les dijo que la economía norteamericana quedó fuerte después del estallido de la burbuja de internet. El valor de las acciones se había reducido a la mitad y después se incumplió el plazo de pago de los bonos, pero ningún gran banco colapsó. ¿La razón? Según Greenspan el riesgo se había extendido de una manera inteligente a través del uso de instrumentos derivados complejos. La "estabilidad económica" de Greenspan se consiguió envenenando el sistema capitalista mediante la inyección de miles de millones de dólares en derivados poco fiables, descritos adecuadamente por Warren Buffet como "armas de destrucción masiva financieras". Estos derivados, que en palabras de Marx son capital ficticio, son parte del casino moderno del mercado capitalista. Como ocurre con todas las formas de crédito, consiguen impulsar el capitalismo más allá de sus límites. Sin embargo, en tiempos de recortes de gastos, proporcionan una mezcla tóxica. Por cada banco que anunció enormes beneficios en derivados, finalmente hay pérdidas en otra parte. Por ejemplo, el colapso de AIG sucedió porque el libro mayor del gigante asegurador contaba con 60.000 millones de dólares en derivados que se basaban en malas hipotecas. Greenspan no había solucionado la crisis, simplemente la pospuso con una dosis extra de capital ficticio en el sistema. La consecuencia inevitable sería una futura crisis de proporciones mucho más profundas. Eso es lo que hoy está ocurriendo ante nuestros ojos. AIG, el conglomerado asegurador colapsado, se metió hasta el cuello en CDS (Credit Default Swaps), que son una forma de derivado que permite a una entidad financiera pasar el riesgo de un incumplimiento de obligaciones a otra entidad. Se las vendieron a los bancos para protegerse contra los impagos de las hipotecas subprime. Pocas personas fuera o dentro de la industria financiera han comprendido cómo funcionan los nuevos derivados complejos. Equipos de prodigios financieros en AIG no han podido calcular cuanto valen realmente sus CDS, las estimaciones ¡varían entre los 20.000 y los 85.000 millones de dólares! El valor teórico de estos derivados en los mercados globales pasó de 15 billones de dólares en 2005 a 60 billones a finales del año pasado. Inyectaron una inestabilidad colosal al sistema capitalista, con consecuencias terribles. Todo iba bien mientras el tiovivo funcionaba. Como el juego de niños, pasa la pelota, todo iba bien ¡hasta que la música dejó de sonar! Otro tipo de derivados son los "derivados del mercado extrabursátil", que se han añadido a la atracción pero no que están regulados. Su desregulación fue impuesta por Greenspan, el gran adalid de estos pedazos de papel. Los capitalistas ya no están interesados en hacer dinero a través de la producción, la única fuente real de riqueza, sino mediante el juego y la especulación. Esto demuestra lo degenerada que se ha vuelto la clase capitalista, se ha convertido en algo totalmente parasitario en su época de decadencia senil. Pero no se preocuparon por las consecuencias. Estaban consiguiendo miles de millones, no se preocupaban de las contradicciones que iban acumulando, las burbujas inmobiliaria, crediticia, acciones, derivados y otros valores. Estaban montados en un tiovivo de riqueza. Todo lo que pedían eran mercados libres y ninguna regulación que estorbara a sus hazañas. En este carnaval de hacer dinero, los bancos prestaron grandes sumas de dinero como si no existiera el mañana. Se les permitió extender sus préstamos a un nivel 30 a 1, sobre todo en el mercado inmobiliario. Pero el boom finalmente estalló amenazando con derribar todo a su paso. Aunque este comportamiento de los bancos se aleja mucho de sus actividades, tampoco es un caso único. En un libro publicado en 1974 llamado: Los banqueros, escrito por Martin Mayer, el autor criticaba a los bancos por sobre-extenderse. "En el sistema hay miles de millones de dólares potencialmente perdidos en préstamos; estamos cada más y más cerca de la explosión. La actual estructura bancaria puede colapsar. Y cuando más la permita crecer el aparato regulador, más catastrófico será el colapso". ¡Qué melodía tan familiar! Pero en cualquier boom capitalista es inherente la especulación endémica. Los bancos, como ocurre con el resto del capital financiero, buscan cada vez inversiones lucrativas más especulativas, incluida la propiedad. Para ellos, los precios inmobiliarios nunca podrían caer, por eso seguían prestando dinero a personas con pocas esperanzas de poder devolverlo. La gente compraba porque los precios subían. Era una burbuja típica. El crédito permitió al sistema capitalista ir más allá de sus límites. Hoy, el crédito juega un papel mucho más importante que en 1929. Ahora, el sentimiento de pánico es muy real en los escalones del capitalismo mundial. "En este momento estamos, de manera incuestionable, en la peor crisis financiera desde 1929. No sabemos cuántos bancos e instituciones caerán, Washington Mutual, el homólogo norteamericano de HBOS, sufre una dura presión, pero Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman y AIG son demasiados". (Financial Times. 19/9/08). Emma Jacobs en el Financial Times hacía un comentario interesante sobre cómo habían cambiado los tiempos: "Sólo hace unas semanas todos me hablaban de la espiral inflacionaria, la subida de los precios del petróleo y de las huelgas que significaba revivir los años setenta. Ahora estamos en los años treinta". La editorial del Financial Times (19/9/08) mostraban su desesperación por que los bancos centrales y gobiernos intervinieran para salvar al sistema capitalista: "No es el momento de delicadezas.... Hoy se trata de la supervivencia". Se vieron obligados a reconocer el fracaso del capitalismo. No fue el fracaso, como dicen algunos apologistas, de la regulación, sino que es un fracaso del propio sistema. La economía de mercado ya no puede recuperar el equilibrio necesario. Los bancos e instituciones crediticias se quedaron paralizados, el boom ha comenzado a pincharse. Sin embargo, cuando estos precios del papel pierdan todo su valor, habrá consecuencias para el resto de la economía. El ejemplo de Japón es ilustrativo. Los bancos japoneses compraron estos paquetes de propiedad en la burbuja de los años ochenta, cuando la burbuja colapsó, los bandos se encontraron repletos de deudas incobrables. Esto provocó una recesión en la segunda economía más grande del mundo y duró más de una década. La clase dominante está aterrorizada ante la perspectiva de que se pueda repetir en EEUU y en el resto del mundo. La crisis actual es una acusación irrefutable del capitalismo. Aquellos que alabaron las virtudes del libre mercado tuvieron que tragarse sus palabras y recurrieron al Estado, es decir, al dinero de los contribuyentes, para el rescate. Todos los apologistas del capitalismo que decían que los beneficios era una recompensa por el riesgo, ahora guardan silencio mientras el Estado sale al restado del colapso del sistema. No tenía dinero para el estado del bienestar o la sanidad, pero cuando lo necesitaron, sí tenían mucho dinero para salvar a Wall Street. "Ha comenzado [el gobierno de EEUU] un programa de intervencionismo económico más típico de gobiernos socialistas en momentos de entusiasmo utópico", esto es lo que decía un artículo del Financial Times. Estamos ante la intervención gubernamental la economía más cara en tiempos de paz desde la Gran Depresión, lo que demuestra lo peligrosa que puede convertirse la crisis para el capitalismo. Las instituciones empresariales occidentales el año pasado vieron como en sus libros aparecían 500.000 millones de dólares raros en valores crediticios. Han tenido perdido miles de millones de riqueza en papel. También consiguieron entre 200.000 y 360.000 millones de dólares en nuevo capital para tapar sus valores depreciados. Pero están atrapados en un círculo vicioso, son incapaces de calcular sus pérdidas reales, en un momento en que cada vez se desahucian más casas y los precios de la propiedad continúan cayendo. La medida propuesta por el gobierno de EEUU dicen que estaría aproximadamente en 700.000 millones de dólares. Hablan de comprar las deudas malas para eliminarlas de los libros de cuentas de las empresas. Algo similar se hizo en la crisis de los Savings and Loans [Ahorros y Préstamos] de hace dos décadas. No obstante, en esta ocasión, las sumas son realmente desorbitadas, y todo correrá a cuenta del contribuyente estadounidense. El plan es crear un "banco malo" que se haga cargo de todos los activos tóxicos que hay en el sistema financiero. Sin embargo, poner en la práctica las deudas malas en un congelador supondrá una carga inmensa para la economía norteamericana para los próximos años. En realidad, el gobierno de EEUU encabezado por George Bush está prometiendo nacionalizar todas las deudas malas. El fracaso de la política de combatir el fuego individualmente en aquellas empresas fracasadas ha dado paso a "una aproximación comprensiva para aliviar el estrés existente en nuestras instituciones financieras y mercados", por citar a Paulson. ¿Pero qué sucederá si esta medida fracasa? Las contradicciones son inmensas. El caos en el sector financiero está afectado a otros sectores de la economía. La industria automovilística con base en Detroit, por ejemplo, ha presionado al gobierno para conseguir 25.000 millones de dólares en préstamos y avales que permitan su funcionamiento. La industria de la construcción ya está en crisis. En EEUU y en otras partes el desempleo está subiendo. Estamos en el comienzo de una recesión mundial que puede ser la más profunda del período de la posguerra. Esta perspectiva aterroriza a los estrategas del capital. Una nueva recesión significará recortes drásticos de los niveles de vida y agitación política en todo el mundo. Como comentaba un veterano banquero de Wall Street: "La crisis está lejos de haber terminado, la acción del gobierno comprará bancos durante algún tiempo pero tendrán que actuar de otra forma si no se quieren encontrar en una situación peor dentro de unos meses". Tiene razón, arrojar miles de millones de dólares a los mercados crediticios no resolverá los problemas subyacentes. En realidad, el exceso del crédito fue lo que estimuló el boom artificial y todos los excesos que le han acompañado, provocando la crisis actual, la mayor burbuja crediticia de la historia. La gente empieza a revisar sus ideas sobre el capitalismo. En todas partes se ha producido un cambio en la opinión público, una consciencia de que algo va muy mal. Hay rabia contra los banqueros. El cuestionamiento es cada vez mayor. Como comentaba un periódico: "Los historiadores sociales esta semana registrarán cómo los tenderos infelices comienzan a discutir el colapso potencial del capitalismo occidental con la misma naturalidad que los precios de la mantequilla". En el aparcamiento del supermercado Waitrose en Harborne, Birmingham, Kate Organ, una tratante de arte, describía su sentimiento como "desdichado y desfavorecido". Esperaba que sus ingresos, actualmente 30.000 libras anuales, menguaran. Y decía: "Cuando estaba en la universidad, el Partido Revolucionario de los Trabajadores me arengaba con que el capitalismo colapsaría. Ahora sé qué querían decir con eso". 23 de septiembre de 2008
En el momento de escribir este artículo, los mercados financieros en Wall Street (Nueva York), en la City londinense y en todo el mundo son presas del caos. En sólo 24 horas dos de los cuatro bancos de inversión más grandes de EEUU han desaparecido. Lehman Brothers, con unos 158 años de antigüedad, se ha declarado en bancarrota y han perdido sus empleos 25.000 trabajadores de todo el mundo. Merrill Lynch, el banco de inversión más grande del mundo, ha sido adquirido por el banco con mayor cantidad de oficinas de EEUU, el Banco de América. Las autoridades financieras prácticamente ordenaron al Banco de América hacerse cargo de Merrill Lynch, pagando 50.000 millones de dólares. De no haber sido así, ese banco también habría caído dejando a miles de trabajadores sin empleo. Mucho peor para el capitalismo habría supuesto que Lehman y Merrill Lynch hubiesen incumplido sus contratos y obligaciones, eso habría significado la caída de otros muchos bancos (se rumore que 15 están en problemas). Junto con Bear Stearns (desaparecido el pasado mes de marzo), tres de los cinco principales bancos de inversión de EEUU han desaparecido en una columna de humo financiera. Y finalmente, la mayor aseguradora de EEUU, AIG, anunció que necesitaba conseguir 40.000 millones de dólares en pocas horas, de no ser así, tendría que dejar de hacer frente a sus obligaciones y recurrió a la Reserva Federal para conseguir un préstamo ¡antes de que fuese demasiado tarde! Todo esto tiene lugar sólo una semana después de que los mayores prestamistas semi-gubernamentales, Fannie Mae y Freddie Mac, fueran nacionalizados para proteger a los propietarios estadounidenses y evitar un crack de la industria hipotecaria. Estos dos prestamistas tenían más del 40 por ciento de todas las hipotecas de EEUU y el 85 por ciento de las recientes nuevas hipotecas. Habría significado el colapso total del mercado inmobiliario, así que a la administración Bush no le quedó más remedio que nacionalizarlos. ¿Cómo ha sucedido este terrible caos para el capitalismo? Los capitalistas no tienen una idea real. Algunos dicen que es consecuencia de la avaricia desmedida de los grandes ejecutivos de los bancos que han invertido de modo imprudente y prestado demasiado dinero a personas que no podían devolverlo. Otros dicen que es un fallo de la Reserva Federal y otros bancos centrales que han mantenido demasiado bajos los tipos de interés y eso ha animado a muchas personas a pedir excesivos préstamos y muchos bancos han prestado en exceso. Otros dicen que el fracaso de los bancos centrales a la hora de "regular" los bancos e inversoras, y garantizar que éstas tenían dinero suficiente para hacer sus negocios normales en lugar de prestar dinero, etc., Pero quizás la historia de la agencia de viajes británica XL, que también colapsó esta semana, dejando a cientos sin empleos y decenas de miles de personas sin vacaciones, nos da muchas pistas interesantes de por qué este tsunami global está afectando a tantas grandes instituciones financieras. El ejecutivo jefe de XL explicaba con lágrimas en los ojos a la prensa que esta empresa había caído debido a dos razones: el aumento del precio del petróleo que había incrementado dramáticamente los costes de combustible para la empresa y que cuando intentó conseguir más dinero para cubrir estos costes fue incapaz de lograr que los bancos le proporcionaran dinero a unos tipos e intereses que les permitiesen continuar funcionando. Y ahí lo tenemos. En esta crisis global del crédito significa que los bancos ya no estén dispuestos a prestar dinero a tipos de interés o en unas condiciones razonables a las empresas. Y aquellas más presionadas no les queda otro camino que la bancarrota, como mucho este año o el próximo. ¿Por qué los bancos no pueden prestar? Porque han perdido demasiado dinero con la depreciación de aquellos activos comprados durante los últimos cinco o seis años. Ahora deben reducir y dejar de prestar. Tienen que encontrar nuevo capital e inversores antes de poder volver a prestar dinero. Mientras tanto, están demasiado asustados o son reacios a prestar, incluso a otros bancos (por esa razón Bear Stearns, Lehma, Northern Rock y otros quebraron, nadie estaba dispuesto a prestarles dinero). ¿Cuáles son estos activos que han perdido tanto valor? Fundamentalmente son los llamados valores con respaldo hipotecario. Antes el mercado inmobiliario, los bancos o las sociedades inmobiliarias atraían depósitos en efectivo de ahorradores como tú y como yo, después utilizaban estos depósitos para prestar dinero a la gente que quería comprarse una casa. Del depósito a la hipoteca, muy sencillo. Sin embargo, algunos banqueros comenzaron a ser más "innovadores" y así obtener más beneficios. Empezaron a pedir prestados fondos a otros bancos y después prestaban hipotecas. Este "financiación al por mayor" se popularizó particularmente entre los bancos norteamericanos y británicos, como Northern Rock, que hasta mediados de los años noventa había sido una sociedad inmobiliaria adormilada, después se convirtió en un "banco" con accionistas y una administración agresiva destinada a generar dinero para sus inversores (no para los ahorradores). Pero ahí no termina todo. Muchos bancos recurrieron a otro tipo de trucos. Cogieron sus hipotecas, las amontonaron en una cesta con hipotecas de distinta calidad y después las vendieron como bonos o activos a otros bancos o inversores financieros. Mediante la creación de estos valores y su venta "diversificaron" sus riesgos. También crearon empresas separadas que eliminaron de sus libros estos valores, eso significaba que podían ir y pedir más dinero prestado a empresas hipotecarias. Pronto muchos bancos que antes solían tener suficiente efectivo y acciones para cubrir por lo menos el 10 por ciento de los préstamos, ahora veían reducir esa cantidad al 5 por ciento o en el caso de los grandes bancos norteamericanos y prestamistas hipotecarios a sólo el 2 por ciento. El apalancamiento ahora era cincuenta veces mayor, realmente los bancos no tenían dinero para hacer frente a las pérdidas. Pero no había problema, el mercado inmobiliario estadounidense seguía subiendo. Cuanto más rápidamente prestaban dinero los bancos, más influían en la subida de los precios inmobiliarios. Los propietarios de casas podían pagarlas y después pedir préstamos aún mayores. Los bancos podían prestar dinero a personas que no tenían suficientes ingresos porque contaban con que el valor de las viviendas seguiría subiendo para cubrir el valor de los préstamos. Pero después todo empezó a ir terriblemente mal. Desde aproximadamente el año 2006, los precios inmobiliarios comenzaron a desacelerarse y después a caer. Cuando los precios iniciaron su espiral descendente, también lo hizo la capacidad de los propietarios de hipotecas para pagar sus préstamos. El mercado inmobiliario colapsó. Pronto los prestamistas hipotecarios empezaron a perder dinero y detrás de ellos los propietarios de todas las sociedades inmobiliarias hipotecarias que de repente vieron como sus "activos" no valían ya lo que pagaron por ellos. Y como eran muchos en el mundo financiero los que tenían este tipo de valores entonces el riesgo se diversificó. ¿Por qué cayó el mercado inmobiliario? ¿Por qué no siguió una línea recta ascendente como ha ocurrido durante casi 18 años? Me arriesgaré a responder. Primero, el capitalismo moderno tiene sus ciclos de movimiento. La ley más importante del movimiento bajo el capitalismo es la rentabilidad. Como demostró Marx, la tasa de beneficio es clave para la inversión y el crecimiento en un sistema capitalista: sin beneficio no hay inversión, ingresos ni empleos. Pero la rentabilidad se mueve a través de ciclos, durante un período subirá y después comenzará a caer. En artículos anteriores ya intenté explicar este proceso. Pero el ciclo de beneficio no es el único ciclo que existe bajo el capitalismo. También está el ciclo de los precios inmobiliarios y de la construcción. El ciclo inmobiliario parece que ha durado 18 años. Se nos presenta como un ciclo de aproximadamente 18 años basado en el movimiento de los precios inmobiliarios. El economista norteamericano Simon Kruznets estableció la existencia de este ciclo en los años treinta. Podemos medir el ciclo en EEUU mirando los precios inmobiliarios. El primer pico después de 1945 fue en 1951. Los precios cayeron hasta el año 1958. Después subieron hasta alcanzar un nuevo pico en 1969 antes de una nueva caída que duró hasta 1971. El siguiente pico fue en 1979-80 y una nueva depresión en 1991. El espacio entre cada uno de los picos varía considerablemente. Puede ser once o veintiséis años. Pero si nos remontamos al siglo XIX veremos que el ciclo medio es de aproximadamente 18 años. El último pico de los precios inmobiliarios norteamericanos fue en 1988. Asumiendo un ciclo medio de 18 años, entonces los precios inmobiliarios tendrían que haber alcanzado su pico en 2006. La última depresión fue en 1991, así que si el ciclo es de 18 años la siguiente depresión deberían haber sido en 2009-2010. El ciclo inmobiliario no sigue la misma línea que el ciclo de beneficios marxista. Este último es producto de las leyes de movimiento de la acumulación capitalista, funciona en el sector productivo de la economía ("productivo" en el sentido marxista es que contribuye a la producción de valor). En cambio, el ciclo inmobiliario funciona en el sector improductivo de la economía capitalista. El nuevo valor creado y la plusvalía apropiada por los sectores productivos de la economía capitalista son desviados hacia los sectores improductivos cuando los propietarios de capital gastan sus beneficios y los trabajadores sus salarios. La vivienda es un gran receptor de ingresos al consumo. Así el ciclo de los precios inmobiliarios refleja el comportamiento del gasto de los capitalistas y los trabajadores, no la rentabilidad del capital. Por estas razones, el ciclo inmobiliario tiene tempos diferentes en a los del ciclo de beneficio. Como he explicado antes, el ciclo de beneficios alcanzó una depresión en 1982 antes de que aumentara durante un período de 15-16 años hasta su pico de 1997. En cambio, el ciclo inmobiliario norteamericano estuvo deprimido unos nueve años hasta finales de 1991 y alcanzó su pico en 2006-2007. La siguiente depresión no debía llegar hasta 2009-2010. Este gran aumento de los precios inmobiliarios, que se ha podido ver en muchas zonas del mundo además de en EEUU, representó una masiva desviación de recursos del capitalismo hacia los sectores no productivos que no generaban nuevo beneficio mediante la inversión en tecnología y trabajo productivo. Como resultado de esta situación, se redujo realmente la capacidad del capitalismo de invertir en nueva tecnología e impulsar el crecimiento económico. Fue un proceso de creación de capital ficticio. Eso se puede demostrar fácilmente. Se puede medir el movimiento de los precios inmobiliarios desde 1991 a 2006. En 1991 el índice de precios inmobiliarios norteamericano era de 100; en 2006 había alcanzado los 200 puntos, es decir, el precio se había doblado. Pero los costes de construcción de una casa incluida la compra del terreno no habían subido. Los precios inmobiliarios no acompañaron a la línea del valor de la producción real de una casa. El mercado inmobiliario cada vez era más una enorme especulación financiera. Cuando los precios inmobiliarios suben más que los ingresos de los que compraron las casas el mercado finalmente se derrumba. El capitalismo no funciona ni avanza de una manera suave y continua. Su funcionamiento es violento, desequilibrado, en ciclos de boom y recesión. El camino del caos y la anarquía se aplica al ciclo de beneficios y también al ciclo de la construcción inmobiliaria. ¿Y ahora qué? Más bancos caerán. Habrá más miseria en los mercados financieros. El punto más importante es la clase obrera y no si los ricos inversores perderán dinero, lo principal son los empleos que desaparecerán a través de toda la industria de servicios financieros. Por supuesto no hablaremos de los causantes de este caos, ellos tendrán sus indemnizaciones y pensiones intactas. Hablamos de los decenas de miles de pusieron todos sus ahorros en las acciones de los bancos y que ahora no valen nada. Más aún, el colapso del sector financiero provocará una seria recesión económica. Ya sucede en EEUU, Gran Bretaña, Europa y Japón que se encaminan hacia una recesión, donde la producción no crecerá, las empresas quebrarán y el desempleo y la inflación subirá abruptamente. En todo esto los políticos andan perdidos. Ya sea la administración de derechas republicana o el nuevo laborismo, ninguno sabe qué hacer. En realidad, en muchos sentidos el nuevo laborista ha estado muy atado al modelo de capitalismo norteamericano con su "libertad de elección" y la "apertura de mercados desregulados", incluso más que los republicanos. En EEUU, han nacionalizado las casas hipotecarias. Gran Bretaña está sufriendo la "peor crisis en sesenta años". Finalmente, el capitalismo se recuperará, a menos que lleguen al poder gobiernos con el mandato de poner fin al dominio del capital. Pero se recuperarán sólo cuando recuperen la rentabilidad. Para conseguirlo, deben desaparecer muchos empleos y los más ricos tragarán muchas empresas. Ese proceso ha comenzado en el sector financiero, continuará a través de toda la economía. 22 de septiembre de 2008

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